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FAMILIA REAL MÓNACO

La filósofa Carlota Casiraghi busca pasar a primer plano en el Hay Festival de Segovia

La hija de Carolina de Mónaco, autora de 'Archipiélago de pasiones', visita la tierra española de una de sus filósofas de referencia, María Zambrano. Porque sí, tiene un lado intelectual

Foto: Carlota Casiraghi, en el pasado Festival de Cannes. (Getty)
Carlota Casiraghi, en el pasado Festival de Cannes. (Getty)

Segovia, la ciudad donde creció la filósofa María Zambrano, recibe este fin de semana a Carlota Casiraghi, décima en la línea de sucesión del Principado de Mónaco y coautora de 'Archipiélago de pasiones', un pequeño tratado de filosofía escrito junto a su profesor de bachillerato. La filósofa española, que nació en Vélez-Málaga pero vivió sus primeros veinte años en Segovia, es una de las referentes intelectuales de la hija de Stefano Casiraghi y Carolina de Mónaco. Este sábado 21 de septiembre, en el Hay Festival, Casiraghi estará acompañada de su maestro, Robert Maggiori, para presentar la obra que han escrito a cuatro manos pero con una sola voz.

El libro es solo uno de los ejemplares empeños de esta joven aristócrata, ansiosa por labrarse un camino propio. Lejos de renunciar a su cuna, Carlota María Pomelina Casiraghi (Montecarlo, 1986) usa el principado como trampolín. Allí puso en marcha hace cuatro años los Encuentros Filosóficos de Mónaco, un laboratorio de reflexión y divulgación filosóficas que incluye talleres y conferencias, un premio al mejor libro del año y un programa de fomento de la reflexión en los institutos monegascos. El año pasado, Casiraghi, por entonces embarazada de su segundo hijo, clausuró el encuentro con un homenaje a otra de sus maestras, Anne Dufourmantelle, y su idea de la hospitalidad: “El nacimiento es el primer acto de hospitalidad”, dijo citándola.

Carlota en su faceta de 'princesa' (no lo es), con Andrea Casiraghi y su esposa,  Tatiana Santo Domingo. (Getty)
Carlota en su faceta de 'princesa' (no lo es), con Andrea Casiraghi y su esposa, Tatiana Santo Domingo. (Getty)

De Dufourmantelle, los coautores de 'Archipiélago' citan una sola vez sus palabras: “La dulzura es una inteligencia que sostiene la vida, la salva y la acrecienta”. Mucho más explícita es la presencia de la filósofa española María Zambrano, que vivió su adolescencia en Segovia, donde conoció a Antonio Machado y, más tarde, a León Felipe y Federico García Lorca. De Zambrano recuperan su concepción de la piedad “como una forma de 'hospitalidad' que se ofrece a lo que era sagrado, es decir, al misterio de las cosas, a lo que no tuvo tiempo de crecer”.

Sin preguntas personales

Las entrevistas que Casiraghi ha concedido sobre el libro, al menos a medios españoles, suelen incluir un pacto. El pacto, aunque se diga entre caballeros, le incumbe sobre todo a ella: descarta cualquier pregunta sobre la persona que, antes de meterse en la piel de una filósofa, interpretó el papel cuché reservado a su linaje. Toda su infancia y su vida adulta, del noviazgo con el cómico Gad Elmaleh, padre de su primer hijo, a la boda de este verano con Dimitri Rassam, productor de cine francés y padre del segundo, la obra de Casiraghi ha sido su vida. El libro y el proyecto filosófico intentan superar ese espectáculo íntimo de la nieta de Grace Kelly y el príncipe Rainiero de Mónaco poniendo en primer plano a la amante de la filosofía.

La presentación en el Hay Festival pondrá de nuevo a prueba la resistencia de Casiraghi a responder a las preguntas, cuando se le plantean, desde su experiencia personal. En Mónaco, por ejemplo, lo dejó claro al referirse a la maternidad: “Yo creo que es un gran error pensar que solamente porque una mujer lo vive en su cuerpo está mejor preparada para afrontar esa cuestión”, dijo con voz grave, pero ligereza mediterránea, cuando se le preguntó si su doble condición de madre y filósofa había influido en el modo en que ella abordaba la cuestión de la hospitalidad. “Al contrario, es una cuestión que nos afecta a todos”, añadió justo antes de citar el nombre de su maestro.

Camille Gottlieb, Louis Ducruet, Carlota Casiraghi y Estefanía de Mónaco. (Getty)
Camille Gottlieb, Louis Ducruet, Carlota Casiraghi y Estefanía de Mónaco. (Getty)

Apasionada también del psicoanálisis y los caballos, Carlota Casiraghi dedica su libro, o la parte que le toca, a su padre, Stefano Casiraghi, fallecido en un accidente acuático cuando ella tenía solo cuatro años. En el verano de 2017, otro final trágico marcó su vida: Anne Dufourmantelle, su amiga y maestra, murió ahogada en una playa cerca de Saint Tropez tratando de salvar a dos niños que estaban hundiéndose entre las olas. Los niños sobrevivieron. “Tú nos enseñaste a decir sí a la vida”, dijo una de las hijas de Dufourmantelle, amiga también de Casiraghi, en el funeral.

"Creer en mí"

Un año después, con una chilaba de terciopelo azul profundo y sandalias de cuero, Casiraghi tomó la palabra en el Museo Oceanográfico de Mónaco para rendirle homenaje. “Ella me animó a creer en mí, a atreverme a escribir, a amar juntas todas mis pasiones: la de la filosofía y la de los caballos, la del psicoanálisis y la de la poesía, y a sentirme más libre”, dijo Casiraghi durante aquella ceremonia de clausura. En la primera fila de la Sala de Conferencias, sentados a su izquierda, la escuchaban su tío, el príncipe Alberto II de Mónaco; su madre, Carolina de Mónaco, y su hermana pequeña, Alexandra de Hannover; a su derecha, los otros fundadores del encuentro filosófico.

Frente a todos ellos, y con los barcos cargados de inmigrantes llamando a los puertos cerrados de la Europa mediterránea, Carlota Casiraghi reflexionó e invitó a reflexionar sobre quienes llaman a la puerta sin avisar. “La cuestión de la hospitalidad es esencial. Es ahí donde se puede producir el encuentro con el otro”. Casi todo aquel discurso fue una larga cita de su maestra, como si citando sus palabras quisiera rescatarla a ella; pero evitando así en parte tomar la palabra y hablar en nombre propio.

Carlota Casiraghi con su maestro, Robert Maggiori (izquierda), Joseph Cohen y Raphael Zagury-Orly. (Getty)
Carlota Casiraghi con su maestro, Robert Maggiori (izquierda), Joseph Cohen y Raphael Zagury-Orly. (Getty)

A la mañana siguiente, Carlota Casiraghi acudió a un desayuno con periodistas en la sala Homero del hotel Mêtropole. Llegó puntual, con el cuello de la amplia camisa celeste subido, el pelo medio recogido y sin pendientes, y acompañada de los tres filósofos con los que fundó los Rencontres en Montecarlo. En origen, los encuentros son también una historia de amistades, las que trabó Casiraghi con su profesor de filosofía del instituto, Robert Maggiori, y otros dos filósofos de la nueva hornada francesa: Joseph Cohen y Raphael Zagury-Orly. “Esa historia de amistades y encuentros es lo que nos decidió a hacer un proyecto para anclar la filosofía en Mónaco”, nos contó.

Amigo de Marcel Proust

“Mónaco es un lugar al que me siento unida y yo misma pertenezco también a una tradición de apoyo a la cultura y a los oficios artísticos”, dijo. Su bisabuelo, Pierre de Polignac, era amigo de Marcel Proust y creó el premio literario Príncipe-Pierre-de Mónaco, que actualmente preside Carolina de Mónaco, madre de Carlota y amante ella misma de la danza y el arte contemporáneo. Además, Polignac era el representante del principado ante la Unesco.

Además de los Encuentros, y 'Archipiélago de pasiones' (Libros del Zorzal), que presenta este sábado en Segovia, Carlota Casiraghi vincula su imagen a otros empeños culturales. En junio de 2017, amadrinó una campaña de recaudación de fondos para restaurar la escalera del palacio de Fontainebleau, residencia de reyes desde finales del siglo XII, y declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1981. En esa localidad, 60 kilómetros al sur de París, cursó ella el bachillerato y fue allí donde conoció a Maggiori, profesor y colaborador del diario 'Libération'. Los dos estarán este sábado 21 de septiembre en el Campus Santa Cruz la Real, Segovia, a las cinco en punto de la tarde.

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