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FIGURA SIMBÓLICA

El desconocido rey de Nueva Zelanda y su relación con su 'rival', Isabel II

Representante de la población maori, lucha por los derechos de la población en esta antigua colonia del Reino Unido, miembro de la Commonwealth

Foto: El rey de Nueva Zelanda. (Getty)
El rey de Nueva Zelanda. (Getty)

Nueva Zelanda es miembro de la Commonwealth y, por lo tanto, la jefatura de Estado la ocupa la reina Isabel II, que está representada en el país por el Goberandor General, cargo que ocupa en la actualidad Lady Patsy Reddy, pero en paralelo hay otro rey, que no representa ningún papel constitucional en el país. Hablamos de Tūheitia Potatau Te Wherowhero VII, quien encabeza el movimiento monárquico maorí y que ostenta este cargo desde 2006.

El mayor de los siete hijos del anterior monarca llegó al trono después de los ritos funerarios para despedir a su progenitor, y tiene cinco hermanos y una hermana. Casado con Makau Ariki Atawhai, son padres de tres hijos. De naturaleza discreta, suele hablar en público año con motivo del aniversario de su ascenso al trono y su viaje internacional más señalado se produjo en mayo de 2019 cuando fue recibido en audiencia por el Papa Francisco.

Muy implicado en la defensa de los intereses de la población maorí, es miembro de distintas organizaciones humanitarias y también desarrolla una intensa actividad diplomática. Esto evidencia la cada vez mayor relevancia a nivel social y político de este monarca, que es esencial para dar visibilidad y respuesta a los problemas y necesidades de esta población en un país que estuvo regido por las leyes británicas desde 1840, aunque tenían su propio rey desde 1858, y a cuya dinastía pertenece el actual monarca. El país consiguió el autogobierno en 1907, paso crucial hacia la independencia definitiva, pero siempre ha mantenido unas excelentes relaciones con el Reino Unido.

Tradicional saludo maorí del rey con el exjugador de rugby Conrad Smith. (Getty)
Tradicional saludo maorí del rey con el exjugador de rugby Conrad Smith. (Getty)

Tenemos que echar la vista atrás, hasta el siglo XIX, para entender la importancia de este movimiento monárquico en torno a la población maorí. Una vez se retomaron las grandes reuniones tribales y se tomó conciencia de que debían tener una voz única fue cobrando forma. Fue el primer monarca, Pōtatau Te Wherowhero, coronado en 1858, el que sentaría las bases de esta dinastía que no ha dejado el trono desde entonces, pese a no ser hereditaria. Los siete reyes que ha habido hasta el momento, sin embargo, han pertenecido a la misma familia, lo que evidencia su importancia y valor simbólico en la comunidad.

Inicialmente, la figura del rey maorí fue cuestionada por el Gobernador de Nueva Zelanda, por lo que se invadieron tierras de la población maorí, que en su mayor parte acabó en el exilio. Sin embargo, el monarca fue un revulsivo para aglutinar a su pueblo e incluso creó su propio parlamento y un banco. Aun así, la dinastía perdió su pujanza por las enormes dificultades que atravesaba la población, económicas y de integración. En las últimas décadas, sin embargo, ha ido incrementando su reconocimiento, incluso por parte de la soberana británica, Isabel II, y la familia real británica, a la que el rey ha recibido en su residencia oficial, poniendo así sobre la mesa el hecho de que ambas figuras conviven en el imaginario colectivo de manera pacífica.

La reina Isabel y el duque de Edimburgo en los jardines de Windsor. (Buckingham Palace)
La reina Isabel y el duque de Edimburgo en los jardines de Windsor. (Buckingham Palace)

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