Noche clave para los seguidores de la realeza monegasca. Este sábado, se ha celebrado el Baile de la Rosa, una de las citas principales del calendario del Principado de Mónaco. Es más, junto a la Gala de la Cruz Roja, es de los pocos eventos que marcan su agenda social. De ahí, su importancia. Además, no son muchas las ocasiones en las que gran parte de la familia coincide en público, y este acto ha servido durante décadas como reflejo de lo que ocurre en privado: desde la falta de sintonía que en su día mostraron Carolina y Estefanía con Charlène a lo que se podía leer del lenguaje corporal del príncipe Alberto cuando se hablaba de crisis matrimonial.
El evento ha vuelto a celebrarse en la Salle des Étoiles del Sporting de Montecarlo, reuniendo a invitados de todo tipo en una de esas noches que ya son fijas dentro del calendario más exclusivo. Eso sí, no es una cita accesible para cualquiera: quienes no forman parte de la lista y quieren asistir tienen que pagar 1.800 euros. Un importe que no es casual, porque detrás hay algo más que una velada. Con los años, el Baile de la Rosa se ha consolidado como uno de los encuentros más relevantes por su finalidad, recaudar fondos para la Fundación Princesa Grace y dar apoyo a personas y niños necesitados a través de distintos proyectos.
Como decíamos, este encuentro es ya una tradición con décadas de historia. Sus orígenes se remontan a 1954, cuando Grace Kelly impulsó un baile con un objetivo muy claro: recaudar fondos. Con el tiempo, también se ha interpretado como una forma de situar a Mónaco en el mapa de las grandes élites internacionales, algo que no resulta difícil de entender teniendo en cuenta el círculo cercano de la princesa, lleno de nombres clave de Hollywood que respaldaron la iniciativa desde el principio. Tras su fallecimiento, fue su hija, Carolina de Mónaco, quien tomó el relevo y ha mantenido el evento como una de las citas más reconocibles del Principado.
Carolina de Mónaco, en el Baile de la Rosa. (Gtres)
Cada edición tiene su propio universo y eso es parte de su atractivo. Si el año pasado giró en torno al ‘baile del atardecer’, en esta ocasión la inspiración ha sido la 'galaxia', con una puesta en escena pensada al detalle para acompañar esa idea y que ha quedado perfectamente reflejada en cada uno de los rincones del salón. Cabe apuntar detrás de esta decoración está Christian Louboutin, encargado de los decorados desde el deceso de Karl Lagerfeld, que durante años fue el responsable de sorprender a los asistentes con cada nueva edición.
Por tercer año consecutivo, el príncipe Alberto y Charlène de Mónaco han acudido juntos —y cogidos de brazo— al Baile de la Rosa. Una estampa de complicidad que no ha pasado inadvertida entre los asitentes. La princesa ha apostado por un vestido de un solo hombro en tono gris perla, trabajado con un juego de drapeados que estiliza la silueta y una capa fluida que cae desde el hombro aportando movimiento. Además, el cuerpo, un poco más estructurado y cubierto de microaplicaciones brillantes, introduce textura y luz. En el beuaty, ha optado por ese bob corto ondulado, pulido pero con movimiento, y un maquillaje luminoso y bien equilibrado.
Charlène de Mónaco, Alberto II y Christian Louboutin, en el Baile de la Rosa. (Gtres)
Carolina de Mónaco ha cuelto a demostrar por qué sigue siendo una de las mujeres con más criterio de la realeza europea. Y lo ha hecho con un look que no necesita imponerse para funcionar: un vestido negro de silueta sencilla, salpicado de discretos destellos que, lejos de buscar protagonismo sirve de base a una americana de lentejuelas plateadas. Esta es la que realmente contruye el estilismo y le da luz. Además, es muy acorde con la tématica de esta edición. Lo ha acompañado con sandalias metalizadas, bolso negro estructurado y ha optado por portar el pelo suelto y maquillaje fresco.
Por su parte, Alexandra de Hannover, que ha acudido con Ben Sylvester Strautmann, ha optado por una propuesta delicada y en la línea del estilo que tanto le caracteriza. La joven ha acaparado todas las miradas con un vestido en tono grisáceo, de silueta fluida, que combina un cuerpo satinado con una sobrecapa ligera trabajada con aplicaciones brillantes que aportan textura. Además, la cintura aperece marcada con lazada de estructura de forma suave la figura y el bolso metalizado introduce un punto más actual. En lo que concierne al beuaty, ha optado por pelo recogido y un maquillaje natural.
Alexandra de Hannover, en el Baile de la Rosa. (Gtres)
Beatrice Borromeo ha brillado con una de las propuestas más sofisticadas de la noche. La joven ha aparecido con un vestido negro de gran volumen y construcción escultórica, marcado por un escote asimétrico y un trabajo de tejido con relieve que aporta profundidad sin necesidad de brillo evidente. Además, el detalle floral bordado en la falda introduce un contrapunto delicado que rompe con la sobriedad del conjunto. Lo ha acompañado de joyas de la firma española Suarez que aportan luz de forma sutil, y un beauty impecable con recogido pulido y maquillaje luminoso.
El look de Beatrice Borromeo en el Baile de la Rosa 2026. (Cortesía)
Akiko de Mikasa aporta uno de los looks más singulares de la noche con una propuesta que, sin ser literal, sí remite a la estética de la corte japonesa. Lo ha hecho un conjunto de dos piezas que combina un top satinado en tono coral con una falda larga de tejido estructurado decorada con motivos florales. Además, la composición recuerda sutilmente al kimono por la construcción. El uso del fajín que marca la cintura; los accesorios —guantes blancos, collar de perlas y bolso discreto— refuerzan ese aire clásico y ceremonial.
Akika de Mikasa, en el Baile de la Rosa. (Gtres)
Tras la llegada de los invitados, la velada ha seguido el guion habitual: cena, baile y subasta. Tres momentos clave dentro de una noche muy medida. Porque, aunque todo gire en torno al despliegue de estilo y a una puesta en escena muy cuidada, no podemos de vista el objeto real de este encuentro tan exclusivo e importante en Mónaco: recaudar fondos para ayudar a quienes más lo necesitan. Esta edición, además, no es una más, ya que marca la número setenta, una cifra redonda que refuerza el peso de una cita que, lejos de perder fuerza, sigue consolidándose año tras año dentro del calendario.
Noche clave para los seguidores de la realeza monegasca. Este sábado, se ha celebrado el Baile de la Rosa, una de las citas principales del calendario del Principado de Mónaco. Es más, junto a la Gala de la Cruz Roja, es de los pocos eventos que marcan su agenda social. De ahí, su importancia. Además, no son muchas las ocasiones en las que gran parte de la familia coincide en público, y este acto ha servido durante décadas como reflejo de lo que ocurre en privado: desde la falta de sintonía que en su día mostraron Carolina y Estefanía con Charlène a lo que se podía leer del lenguaje corporal del príncipe Alberto cuando se hablaba de crisis matrimonial.