Zidane y los Illuminati
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IMPOSIBLE NO RENDIRSE

Zidane y los Illuminati

Ni el control de la moneda, ni la capacidad de generar guerras, ni el alistamiento de personajes como Beyoncé o Donald Trump, pueden competir con el control del futbol

Foto: Zinedine Zidane. (Ilustración: Jate)
Zinedine Zidane. (Ilustración: Jate)

Persigo a cada rato teorías de la conspiración en internet. En mi defensa diré que desde hace un tiempo ellas también me persiguen a mí constantemente.

Esa inteligencia artificial que selecciona en Google mis páginas o en Youtube los vídeos que debo ver, si fuera tan inteligente, debería empezar a aflojar un poco porque una cosa es que me divierta la delirante imaginación de nuestra especie y otra que me siente mal el desayuno. Y es que me pilló desayunando esa de que los actores en Hollywood beben sangre de bebé para conservar su egocéntrica juventud.

Las cien millones de neuronas alojadas en mi estómago dijeron basta. Fue un día entero de ayuno sin querer. La verdad es que mi diversión en torno a estas teorías se basa más en la investigación colateral, en el visionado atento del vídeo cuando existe, en la detección de los matices que nutran un sesudo razonamiento para descubrir, no ya la segura falsedad de la propuesta, sino el interés oculto que pueda residir en darle difusión generalizada.

Foto:  Zidane y Veronique. (IG)

Efectivamente mi planteamiento bien podría definirse como paranoico. Adivinar la conspiración que hay detrás de una teoría de la conspiración me sitúa muy cerca de la enfermedad mental a ojos de algunos amigos. Me parece un buen precio por tan satisfactorio entretenimiento.

placeholder Zidane en una imagen de archivo. (Reuters)
Zidane en una imagen de archivo. (Reuters)

En mi pelea perdida con los algoritmos, empeñados en moldear una personalidad ya a estas alturas poco moldeable, trato de evitar la truculencia y pincho en los títulos más inocuos. La nieve es plástico, Nicolas Cage es un vampiro, la tierra es plana… Pues nada, en lo que estoy seguro bien podría catalogarse de otra conspiración, todos los servidores del planeta se han puesto de acuerdo en teñir de sangre, vísceras o muertos el noventa por ciento de las propuestas informativas que aparecen en todas y cada una de esas ventanas al meta-mundo que son hoy las pantallas que pasan la mitad del día frente a mis ojos.

De molestia he ido pasando a indignación. Ni rastro de mis conspiranoias originales. Me refiero a que tienen vetadas las mías. Las construidas sobre evidencias tan sólidas y comprobables que ni siquiera caben calificar como teorías. Añadan otra conspiración en mi contra. Tengo algunas realmente elaboradas y divertidas que suelo utilizar para poner fin a las reuniones de amigos o familiares y ajustarnos así a los horarios del toque de queda. Es empezar a contar una y generar la estampida.

Sin embargo, y aún a riesgo de provocar el abandono a medias del artículo y su onerosa consecuencia para mi recaudación de no ser computado como lectura completa, me veo en la obligación moral de señalar hoy una: el futbol actual es un invento de los Illuminati. La supuestamente efímera orden de privilegiados manifiesta su actual e influyente existencia en el elaborado plan que están llevando a cabo alrededor de un puñetero balón.

El origen del juego fue fortuito, es un hecho acreditado. Que los primeros homo sapiens encontraran regocijo en las técnicas y tácticas de robos de sandías de sus congéneres, generaran asociaciones puntuales para mejorar la eficiencia del traslado, que se intuyeran y se expresaran con monosílabos improvisaciones de las mismas, que se fueran dando cierta especialización en las funcionalidades a realizar por los miembros del equipo, fueron definiendo lo que acabó siendo un divertido juego.

placeholder Zinedine Zidane. (EFE)
Zinedine Zidane. (EFE)

Conceptos de ataque -el robo- y defensa -que no te lo roben-, la definición de un espacio físico -entre su cueva y la nuestra- y muchas más circunstancias puntuales acabaron dando forma a un entretenimiento que, habiendo empezado tremendamente sangriento, acabó solo en sangriento pero tremendamente lúdico. Un juego que fue evolucionando, tecnificando sus elementos, consolidando sus reglas pasando de juego a deporte cuando el sedentarismo de nuestra sociedad evolucionada empezó a recomendar actividad física. Nada más adictivo que perseguir una pelota, quitársela a otro y entender sin sofisticaciones si soy mejor o peor que el de enfrente. Uno cero gano yo, cero uno gana el otro.

No pretendía la comparación futbolista/cavernícola pero el fútbol siempre me había parecido un juego demasiado poco sofisticado en comparación con el resto. Y digo con todo el resto de juegos de equipo. Sí, incluido el curling. Sin embargo he de reconocer que el enfoque que llevan dándole los maquiavélicos miembros de la orden de Baviera los últimos cincuenta años me parece brillante para la consecución de su objetivo. Ni el control de la moneda, ni la capacidad de generar guerras, ni el alistamiento de personajes como Beyoncé o Donald Trump, pueden competir con el control del futbol en la eficiencia de implementar el nuevo orden mundial al que aspiran.

Datos: cinco mil millones de seguidores en el mundo, casi dos mil millones de practicantes habituales, la incorporación de los equipos femeninos, el cincuenta por ciento del espacio informativo de todos los medios y canales del mundo. La Fifa y sus organizaciones colaterales organizando calendarios, eventos y competiciones en perfecta combinación para tener presencia mediática y global los 365 días del año. Y la magistral colocación de algunos de sus miembros en puestos claves para que el plan avance rápido y sin fisuras como principal garantía de éxito.

Por ejemplo Josep Pedrerol para esos extraños días en los que no se juega al futbol y hay que pasar ocho horas seguidas en un plató explicando, normalmente a gritos, lo que se explica solo. Florentino Pérez para manejar los fondos de la organización y llevar a cabo la construcción de un estadio-nave que les lleve a Marte cuando la vida en la Tierra no sea viable. Pepe Domingo Castaño, uno de los Illuminati fundadores allá por 1700, para captar fondos y perpetuar el modelo publicitario que implementaron en los primeros años de la orden. Son solo algunos ejemplos locales pero existe una selección numerosísima de personajes involucrados en convertir a la humanidad en borregos mirando un prado. Eso sí, un prado con veintidós congéneres dentro recordando atávicas costumbres de robos y almacenamiento de elementos esféricos.

placeholder Zinedine Zidane. (EFE)
Zinedine Zidane. (EFE)

El despliegue realizado es brillante y tiene la mejor manifestación de su sutileza, imprescindible en una buena conspiración mundial, en el hecho de que el cien por cien de los niños y muy pronto de las niñas lo único que quieran ser, si no quieren ser funcionarios, es ser futbolistas. Incluso aquellos críos con cierto criterio se ven obligados por ambiciosos o frustrados padres a dar lo mejor de sí en unas competiciones infantiles que en algunos sitios empiezan a parecer mini-circos romanos. Piénsenlo. En veinte años todos estaremos avocados a no conocer ni hablar de otra cosa que no sean los logros de un equipo o los entresijos de la vida de esos supuestos héroes que los conforman y cuya principal, barra única, virtud es trasladar de sitio algo que parece una sandía. ¡Ostras, no! ¡Que eso ya pasa! Jodidos Illuminatis.

No hay nada que hacer. Me di cuenta de la perfección de su plan a medida que he ido comprobando la perfección de una de sus principales apuestas de marketing: Zidane. El cómo han logrado que un tío tan atractivo, tan convincente, tan elegante, tan envidiable, tan talentoso, tan afortunado, tan exitoso y tantos “tan” positivos como se les ocurran, se aliste en su perversa campaña de “borreguización” de la humanidad me ha hecho definitivamente rendirme. Manifiesto desde aquí mi voluntad de unirme a los, hasta ahora, enemigos por si alguno de ellos quisiera contactarme. Y si no fuera mucho pedir, por favor que sea Zidane quien me llame.

Zinédine Zidane
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