Qué pasó realmente en el accidente de John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette: las últimas horas del vuelo que acabó en tragedia
Una reconstrucción de los hechos desmonta algunas escenas de 'Love Story', la serie sobre JFK Jr. y Carolyn Bessette, y detalla, minuto a minuto, cómo fue el trayecto final de la pareja hasta el siniestro aéreo de 1999
La historia de amor entre John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette vuelve a ocupar titulares décadas después de su muerte. El renovado interés por la pareja, impulsado ahora por una ficción televisiva sobre sus vidas, ha reabierto una de las tragedias más recordadas de la crónica social estadounidense: el accidente aéreo en el que murieron ambos, junto a Lauren Bessette, la hermana de Carolyn, el 16 de julio de 1999.
Sin embargo, varias de las escenas dramatizadas en pantalla no coinciden con lo que sostienen los testigos, los expertos en aviación y la investigación oficial. La reconstrucción de aquel día apunta a una realidad más cruda, una concatenación de factores que acabó siendo letal.
Aquel viernes, JFK Jr., hijo del expresidente John F. Kennedy y uno de los grandes iconos de la jet set de los noventa, tenía previsto volar desde Nueva Jersey hasta Hyannis Port, donde iba a asistir a la boda de su prima Rory Kennedy. El plan incluía una escala en Martha’s Vineyard para dejar allí a su cuñada Lauren. Le acompañaba su esposa, Carolyn Bessette, convertida ya entonces en un referente de estilo y en una de las mujeres más fotografiadas de Estados Unidos.
El vuelo iba a realizarse en el Piper Saratoga que Kennedy pilotaba desde hacía poco tiempo. Aunque tenía licencia y experiencia previa, el aparato era más complejo que el avión que había volado antes con regularidad. A eso se sumaba otro elemento importante: apenas unas semanas antes había sufrido una fractura en el tobillo izquierdo en un accidente de parapente y todavía se estaba recuperando.
Según el relato de quienes estuvieron allí, Kennedy llegó al aeródromo con bastante retraso respecto al horario previsto. El tráfico desde Manhattan había complicado la jornada y el despegue, que en principio debía producirse con más margen, acabó haciéndose cuando ya anochecía. Carolyn Bessette llegó poco después. Quienes presenciaron la escena han negado que hubiera una pelea entre ellos, como se narra en la serie. Querían salir cuanto antes y estaban centrados en los preparativos.
El aparato despegó pasadas las ocho y media de la tarde. A partir de ahí, la información disponible procede sobre todo del radar y del informe posterior de la National Transportation Safety Board, el organismo estadounidense que investigó el accidente. El avión no estaba obligado a llevar caja negra, ni tampoco a mantener comunicación constante con el control aéreo durante ese trayecto.
En los primeros minutos, el vuelo siguió una ruta aparentemente normal. Pero las condiciones no eran las más favorables para un piloto con una formación instrumental incompleta. Había caído la noche, existía bruma en varios puntos del recorrido y, una vez sobre el agua, las referencias visuales se reducían de forma drástica. Kennedy no había completado toda la instrucción necesaria para guiarse exclusivamente por sus instrumentos de vuelo en circunstancias de baja visibilidad nocturna.
Ahí es donde los expertos sitúan el origen del problema. Al quedarse sin referencias claras del horizonte y del terreno, el piloto pudo sufrir una desorientación espacial, uno de los fenómenos más peligrosos en aviación. En esas situaciones, el cuerpo transmite sensaciones engañosas y puede hacer creer al piloto que el avión va estable cuando en realidad está entrando en una maniobra de riesgo.
Eso es, precisamente, lo que se desprende de los últimos registros del vuelo. A unos 55 kilómetros al oeste de Martha’s Vineyard, el avión comenzó a descender. Poco después efectuó varios giros que, en cuestión de segundos, se volvieron cada vez más pronunciados. La aeronave pasó de una trayectoria controlada a una espiral descendente muy agresiva. Los especialistas describen esa maniobra como una "graveyard spiral", una espiral mortal en la que el piloto, desorientado, cree corregir el rumbo cuando en realidad agrava la pérdida de control.
En la cabina, todo debió de precipitarse muy deprisa. El motor estaba funcionando a gran potencia y el aparato aceleró mientras caía. Ya no había margen real para recuperar el control. Tampoco para que una eventual comunicación con la torre de control sirviera de ayuda. El avión impactó contra el agua poco antes de las 21.41 horas.
Ni alcohol ni drogas
La investigación concluyó que la causa probable del accidente fue la incapacidad del piloto para mantener el control de la aeronave durante el descenso nocturno sobre el mar, como consecuencia de esa desorientación espacial. La bruma y la oscuridad fueron factores determinantes. Los análisis posteriores no hallaron restos de alcohol ni drogas en los ocupantes.
La tragedia conmocionó a Estados Unidos y alimentó aún más el mito de una pareja que ya concentraba una atención mediática extraordinaria. Él, heredero del apellido político más legendario del país. Ella, musa de la moda noventera. Su muerte temprana, a los 38 y 33 años respectivamente, congeló para siempre esa imagen de glamour, poder y destino trágico que todavía hoy fascina al público.
La historia de amor entre John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette vuelve a ocupar titulares décadas después de su muerte. El renovado interés por la pareja, impulsado ahora por una ficción televisiva sobre sus vidas, ha reabierto una de las tragedias más recordadas de la crónica social estadounidense: el accidente aéreo en el que murieron ambos, junto a Lauren Bessette, la hermana de Carolyn, el 16 de julio de 1999.