Pepa Flores: “Audrey Hepburn me enseñó a maquillarme”
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LA ENTREVISTA

Pepa Flores: “Audrey Hepburn me enseñó a maquillarme”

El escritor y periodista José Aguilar presenta el próximo 9 de abril, en el Festival de Málaga, el libro Marisol, de la editorial T&B. Este libro

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Pepa Flores: “Audrey Hepburn me enseñó a maquillarme”

El escritor y periodista José Aguilar presenta el próximo 9 de abril, en el Festival de Málaga, el libro Marisol, de la editorial T&B. Este libro recorre la trayectoria cinematográfica y musical de la estrella desde sus comienzos a finales de los 50 hasta sus últimas intervenciones en la década de los 80. Esta publicación, que cuenta con un material fotográfico extraordinario y en muchos de los casos inédito, es el segundo volumen de la colección ‘Portfolio’, cuyo primer número estuvo dedicado a Sara Montiel y que José Aguilar realizó también con el crítico de cine Miguel Losada. Una de las cosas más extraordinarias es la colaboración de Pepa Flores, tan reacia a las entrevistas y apariciones públicas y que ha recorrido con el autor su periplo cinematográfico hablando de sus impresiones sobre los directores, compañeros y viajes que realizó durante aquellos años. Éste es un pequeño extracto de esa entrevista.

J.A.: Bueno, pues muchísimas gracias… de verdad. Entonces ¿cómo fue lo de aquel contrato que te propuso la Columbia?

M. Bueno, aquello fue una historia que sucedió cuando yo era muy chica. Ya había hecho Ha llegado un ángel y fui a una reunión con los productores de la Columbia, en un despacho impresionante y le dijeron a Manuel Goyanes que querían comprarme el contrato y este señor dijo que de ninguna manera. Ellos me propusieron que querían llevarme a vivir allí para aprender inglés y darme clases y todas esas cosas, pero Goyanes se negó en rotundo afortunadamente para mí porque sino imagina lo que hubiera sido mi vida.

J.A: Tú estuviste en uno de los programas de televisión más importantes del mundo, el de Míster Sullivan ¿qué recuerdos guardas?

M.: ¿Sabes qué pasa? Que era muy chica y entonces todo me parecía normal, porque, yo qué sé, no era consciente de la importancia de las cosas. Llegué a Nueva York y me preguntaron si me gustaba más Málaga o Nueva York y dije que Málaga y me llevé la bronca más grande del siglo (risas).

J.A.: En la película Cabriola que rodaste con Mel Ferrer ¿llegaste a conocer a Audrey Hepburn?

M.: La conocí muchísimo. Además ella me enseñó a maquillarme los ojos para el cine. Era una mujer encantadora e incluso me llevó a cortarme el pelo a su peluquero Alexandre. Era una tía cercana, sensible, muy humana.

J.A.: Con Mel Ferrer tuviste dos ocasiones de trabajar, una como director y otra como actor. ¿Cómo era su personalidad?

M.: Como director, la verdad, tuvimos una relación bastante rara porque exigía lo que él no podía hacer. Yo tenía que estar con toros bravos, a caballo, pero claro, luego había planos en los que no era necesario que estuviera yo y él se empeñaba en que yo estuviera. Y luego como compañero, bueno, pues era un actor más con el que tampoco mantenía demasiada intimidad porque él siempre guardaba las distancias, cosa que su mujer era todo lo contrario y, en fin, tampoco fue algo especial para mí. No sé cómo decirte.

J.A.: Tus películas se estrenaban en medio mundo, pero todo lo que hemos recuperado de tu etapa en Japón es increíble e incluso insólito.

M.: En Japón estuve dos meses promocionando La nueva Cenicienta, aunque había pasado ya un tiempo desde el estreno de la película. Además, hice un anuncio de chocolate para todo el año, en japonés. Tuve la suerte de poder grabar un disco también en japonés con todas las orquestas japonesas, que no puedes imaginarte como son, porque son absolutamente maravillosas. También hice sesiones fotográficas, pases de modelos en un desierto al que me llevaron y, la verdad, es que aprovecharon bien la estancia porque no paré. Lo que sí puedo decirte es que fue un viaje muy interesante. Recuerdo que me querían comprar los vestidos porque entonces yo llevaba muchos trajes de flamenca para los viajes. Me veían rubita con apenas quince años y querían comprarlo todo, la guitarra, los vestidos, lo que fuera. Se formó una especie de alboroto grande.

J.A.: ¿Luis Lucía era muy duro como director?

M.: Era un señor… Yo imagino que era un producto de la época de entonces. Todo era muy duro y crudo. Era un hombre con el que a la hora de trabajar era imposible. Me acuerdo que cuando empecé a trabajar en esto y rodaba mi primera película, recitaba como si estuviera en el colegio y él decía “Niña, me cago en tu padre” y al tercer día le dije “Mire usted, yo creo que ya sé como creo que lo tengo que hacer” y me respondió “a ver niña cómo es como lo tienes que hacer“., a lo que yo dije “pues mire, a mí me parece que lo tengo que decir como si estuviera en mi casa“. Y él dijo “joder, pues eso es. Y yo dije, pues ya está, ya está. Y así seguí como pude”.

J.A.: O sea que te viste metida en el mundo del cine por otro tipo de circunstancias.

M.: Sí, básicamente por la necesidad que teníamos todos los niños de antes. Veníamos de familias muy humildes. Uno quería ser torero, otro quería ser ciclista, todos con el mismo objetivo, ayudar a nuestras familias a salir adelante. No es como ahora que mis hijas han podido dedicarse a lo que les gusta porque nosotros hemos podido ayudarlas, pero en mi época no. Todo era por una necesidad familiar.

J.A.: En toda esta época has conocido a grandes artistas internacionales y has tenido la suerte de codearte y tratarte con Leslie Caron, John Wayne y un largo etcétera. ¿Quién te impresionó más?

M.: Te voy a decir una cosa, yo no sé lo que nos pasaba a mi madre y a mí, te digo mi madre y yo porque éramos una sola persona. Yo nunca me he deslumbrado por nada. A lo mejor porque viene implícito en nuestra cultura o venimos de los árabes que aceptan todas las cosas porque son así. Pero seguramente quien más me impresionó fue Alain Delon porque cuando ya era Marisol, dormía con una foto suya debajo de la almohada. Y, más tarde, cuando hicimos Cabriola en los estudios Roma estaba Alain Delon con Claudia Cardinale haciendo una película. Yo estaba doblando y Mel Ferrer me dijo “Ven que te voy a presentar a un amigo” y, cuando lo vi de frente, me quería morir. Era mi ídolo y lo tenía allí enfrente. Me quería morir. Los demás, tampoco creas que mucho. Bueno, el mudito de los hermanos Marx, sí. Ahora le doy la importancia que tiene a todo aquello, pero entonces eran más mis padres los que se daban más cuenta de esas cosas.

J.A.: En toda aquella primera etapa ¿eras consciente de que eras una de las actrices más importantes del mundo?

M.: No, para nada. Envidiaba a todas las niñas normales que hacían una vida sencilla. Poder estar con tus padres, jugar, es decir, todo lo que yo hacía antes de irme de mi casa para dedicarme al cine.

J.A.: Es decir que la proyección de tu trabajo no significaba nada para ti...

M.: En absoluto, sobre todo porque yo estaba aislada y no tenía acceso a tocar la calle.