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¿Quién dijo miedo? El zepelín vuelve convertido en hotel flotante de lujo
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¿Quién dijo miedo? El zepelín vuelve convertido en hotel flotante de lujo

Un paseo por las nubes a bordo de una de ellas, un crucero por el aire para descubrir con pausa la belleza del recorrido que separa

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¿Quién dijo miedo? El zepelín vuelve convertido en hotel flotante de lujo

Un paseo por las nubes a bordo de una de ellas, un crucero por el aire para descubrir con pausa la belleza del recorrido que separa el parisino Campo de Marte de la isla africana meridional de Madagascar. Ésa es la idea que ha llevado al diseñador francés Jean-Marie Massaud a desarrollar, en colaboración con la Onera –la agencia espacial francesa–, una novísima generación de dirigibles bajo el nombre de Manned Cloud. Inspirado en formas naturales y con una estética y aerodinámica envidiables, el proyecto galo cuenta con todas las papeletas para convertirse en el próximo 'it' de los viajes de lujo.

Concebido como un hotel de lujo con capacidad para 40 pasajeros y una tripulación de 15 personas, el Manned Cloud pretende en realidad introducir un concepto radicalmente nuevo en el campo del turismo: “Permitirá experimentar lugares exóticos y espectaculares sin ser intrusivos o explotadores”, afirma su creador, que ve en este proyecto “una forma de pensar que está anclada en el futuro”. En él será posible disfrutar de un gimnasio e incluso del solarium más cercano al astro Sol, en la parte superior de la nave, mientras se observan con calma los paisajes que, con la perspectiva que aporta la altura, se antojan como miniaturas de la Tierra.

Es imposible mirar una imagen de esta aeronave con la forma de una descomunal ballena blanca y no pensar en la fatal historia de la aviación con dirigibles y en el eterno mito del arquitecto Dédalo, autor del laberinto de Creta, que intentó escapar de la cárcel en la que el rey Minos le había encerrado construyendo unas alas con forma de pájaro sujetas con cera para él y para su hijo Ícaro. Lo que ocurrió es de sobra conocido: el joven ascendió demasiado y el calor del sol ablandó la cera que mantenía unidas las plumas, provocando su caída sin remedio al mar.

Con la historia de los zepelines ocurre algo parecido: cuando surgió el diseño del conde Ferdinand von Zeppelin a finales del XIX fueron vistos como la solución que el hombre llevaba milenios buscando para conquistar los cielos, pero el alto número de accidentes con los que se vieron relacionados (y su escasa utilidad en otras funciones como, por ejemplo, en tiempos de guerra) provocó su paulatino abandono como medio para la aviación comercial.

El desastre del dirigible alemán Hindenburg, que se incendió en 1937 junto a Nueva Jersey provocando la muerte de un tercio del pasaje (ver vídeo de la tragedia), acabó por sentenciar la historia de este medio de transporte: los aeroplanos, más baratos en su construcción pero más caros en su propulsión, ganaron la batalla y se convirtieron en el sistema de referencia para trasladar pasajeros por el aire.

Tras la catástrofe, los dirigibles quedaron relegados al transporte de carga y a la publicidad. Más de seis décadas después de la Segunda Guerra Mundial, la compañía Zeppelin ha diversificado sus objetivos y ahora también se dedica a la fabricación de maquinaria para la construcción, distribuyendo en exclusiva para Alemania los productos de la firma Caterpillar. Aun así, en la última década han vuelto a potenciar su división de dirigibles gracias al desarrollo del Zeppelin NT, un dirigible de última generación con el que realiza vuelos comerciales dentro de Alemania y entre Calais (Francia) y Londres (cruzar el canal de la Mancha supone unas cuatro horas de travesía).

Las diferencias entre los modernos Zeppelin NT y el Manned Cloud de Massaud son notables. Mientras el primero tiene una autonomía de vuelo de 24 horas y unos 900 kilómetros, el diseño del francés puede llegar a los 5.000 kilómetros de distancia sin escalas. La velocidad también los distingue: mientras los alemanes sólo se pueden desplazar a unos 60/70 kilómetros por hora en los vuelos comerciales (con 12 pasajeros), el diseño francés permite alcanzar los 170 kilómetros por hora, aunque la velocidad de crucero calculada es de 130, y tiene capacidad para 55 personas.

Un paseo por las nubes a bordo de una de ellas, un crucero por el aire para descubrir con pausa la belleza del recorrido que separa el parisino Campo de Marte de la isla africana meridional de Madagascar. Ésa es la idea que ha llevado al diseñador francés Jean-Marie Massaud a desarrollar, en colaboración con la Onera –la agencia espacial francesa–, una novísima generación de dirigibles bajo el nombre de Manned Cloud. Inspirado en formas naturales y con una estética y aerodinámica envidiables, el proyecto galo cuenta con todas las papeletas para convertirse en el próximo 'it' de los viajes de lujo.