Un Berlín de alfombra roja
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Un Berlín de alfombra roja

Gracias a once días del mejor cine, Berlín se convierte en el lugar más glamouroso del mundo. Vivir la Berlinale como una estrella más, créetelo, es posible

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Gracias a once días del mejor cine posible, Berlín se convierte en el lugar más glamouroso del mundo, el-lugar-donde-estar (al menos para el star system). Apetecible, ¿verdad? Pues vivir la Berlinale como una estrella más es posible… si se sabe dónde. Y nosotros lo sabemos.

Bandas de caza-autógrafos soportando cuánto frío y lluvia haga falta a la puerta del Adlon Kempinsky o el Grand Hyatt, lánguidas starlettes centroeuropeas de imposibles escotes de espalda que sonríen desde el asiento trasero de berlinas de lujo, políticos respetables a la carrera que no quieren perderse, no señor, el paseo triunfal del arrebatador Clooney y sus chicos por la alfombra roja, y copas de champán que entrechocan una vezy otra… Todo esto pasa durante la Berlinale en la en-absoluto-pobre-y-muy-muy-sexy Berlín: y si quiere ser parte de ella, nosotros le descubrimos dónde ir.

El imperio de los sentidos

Suponga que es usted un productor exultante por lo maravillosamente bien que ha recibido la durísima crítica berlinesa a su película, y quiere comenzar a celebrar su paseo triunfal por los cines de todo el mundo invitando a su casting a cenar: ¿Dónde? Pues en el mejor restaurante de la ciudad, el FACIL, en la quinta planta del Mandala Hotel (Postdamer Strasse, 3).

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Cocina ala vista y servicio impecable, cercano y sin artificio alguno -esto es Alemania- para pocas mesas en esta casa donde brillan, desde hace unos meses, dos merecidísimas estrellas Michelín gracias a Michael Kempf, un chef que se está encaramando al trono de mejor cocinero alemán a golpe de fusión de la que enriquece y desde luego –repetimos: esto es Alemania-, sacia el apetito: sushi, ojeadas en diagonal a la tradición para saber cómo guisaban y qué ponían en los platos, tapas que explotan en el paladar, carnes avant-garde y una selección de vinos casi casi perfecta. El menú degustación de cuatro platos, a partir de 92€.

El cielo sobre Berlín

Pongamos que ahora es usted ese actor/actriz de moda que acaba de recibir un adulador baño de admiración por parte de los fans berlineses, y quiere brindar por ello donde se merece, donde pertenece: desde lo más alto, lo más cerca posible de ese cielo sobre Berlín lleno de estrellas del que usted forma parte. Eso, en la Berlinale, son los ciento cinco metros de altura sobre los que se levanta el espectacular Panoramapunkt Café, un must berlinés en la azotea de uno de los edificios más altos de Alemania, la torre Kollhoff (Postdamer Platz, 1) y que en estos días de Berlinale es territorio de Glashütte Original, la empresa relojera alemana que no es solo una de las marcas de lujo más deseadas del mundo sino, también, la más glamourosa de las que patrocinan la Berlinale.

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En el café, frecuentado por los participantes del festival y los invitados de la relojera, y desde el que se tienen las que probablemente sean las mejores vistas posibles de Berlín, se exponen estos días las obras maestras de la marca, relojes como el Senator Tourbillon o el Pavonina que son, también, lo que merece una estrella como usted…

Good bye, Lenin

Y como este año, además, Berlín es tremendamente feliz porque, hace un cuarto de siglo, tiró abajo el muro de pesadilla que la dividía –y con ella, al mundo- en dos, y lo va a celebrar por todo lo alto, hay que ir al Checkpoint Charlie, al Asisi Panorama (Friedrichstraße, 205. Entradas: 10 €) donde es posible ser parte del Berlín de los ochenta gracias al talento y el minucioso trabajo del pintor iraní Yadegar Asisi, quien ha elaborado un hiperrealista retrato de la vista que del Muro de Berlín en Checkpoint Charlie tenía desde la ventana de su estudio.

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Una instalación de 900 metros cuadradosencerrado en un edificio circular acompañado de una exposición fotográfica y donde el mural, la banda sonora y los juegos de luces obran el milagro: viajar en el tiempo y sentir qué era esa cicatriz que separaba familias, vidas, universos. Y alegrarse hasta el infinito por que sea historia y porque Berlín sea, hoy, tan solo el centro glamuroso del mundo, al menos durante la Berlinale.

Berlín Lujo
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