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VIAJES

Un fin de semana en La Valetta, la capital de Malta levantada (casi) con tiralíneas

En el corazón del Mediterráneo, Malta recibe el embate del mar. Su capital, La Valletta, parece levantada a escuadra y cartabón. Hemos mirado por el ojo de su cerradura. Estos son sus rincones secretos

Foto: Un fin de semana en La Valetta, la capital de Malta levantada (casi) con tiralíneas
En el corazón del Mediterráneo, en el canal que separa la costa africana de Sicilia, Malta recibe el embate del mar. Su capital, La Valletta, levantada de una sola vez, a escuadra y cartabón, casi con tiralíneas, se asoma como un espolón a una de las bahías más bellas del mundo. Aquí, el arquitecto y Premio Pritzker Renzo Piano está rediseñando la historia, reformando la vieja puerta de acceso, símbolo de la ciudad, la Real Ópera, y un nuevo y moderno Parlamento.

VIERNES

Si  acabas de aterrizar, y ya es viernes por la tarde, aprovecha para pasear. La Valletta es monumental, medieval, de cúpulas y torres, y de imponentes fachadas de piedra tostada de color miel. Mezcla y funde la historia de cruzados, otomanos e ingleses, con la severidad de sus murallas y sus inexpugnables fortificaciones. Frente al mar, las terrazas, restaurantes y bares inundan el paseo. Sus calles y escalinatas empinadas la recorren. Su paisaje fortificado, dorado por el sol, delata la historia de la villa fundada por los Caballeros Cruzados de Jerusalén. Hasta un ascensor perfora el cielo, y une la parte alta y baja de la ciudad.

Antes de cenar, toma una copa de champán en Casa Rocca Picolla, un palacio del siglo XVI. C/ Republic.

Cena en Rampila, un magnífico restaurante con una terraza que da a la muralla y unos comedores con mucho encanto. Sirve buenos pescados, aunque su especialidad es el conejo. C/ St. Johns Cavallier.

Para dormir, el Hotel Phoenicia, junto a la muralla, con jardines y piscina climatizada mirando al mar.

SÁBADO

Desayuna en el elegante Café Cordina, el más antiguo de la isla. Su decoración es impactante: bóveda y paredes con maravillosos frescos. Date un festín de deliciosos, café, zumos, tortillas y pasteles.  C/ Republic.

Recorre sus calles estrechas, con balcones y miradores de colores, sus plazas de iglesias barrocas. Y disfruta de los populares mercados callejeros, teatros, jardines y palacios. Todo en apenas un kilómetro cuadrado.

Visita el Palacio del Inquisidor, el Museo Marítimo y el Fuerte de San Telmo. En la plaza de la República, frente a la Biblioteca Nacional, se alza la estatua de la Reina Isabel, huella del dominio inglés sobre la isla. El Palacio Ducal, residencia del Gran Maestre, con sus patios interiores, la sala del trono, la de los tapices y la armería. El fabuloso Teatro Manoel, tercero más antiguo de Europa, que sigue funcionando. Bajo los imponentes arcos de los jardines altos de la Barraca, existen unas vistas excelentes de la bahía y del puerto.

Para comer, Ramona y Roberta, dos guapas y simpáticas hermanas, ofrecen muy buenos menús en el elegante Pallazo Preca. C/ Strato.

Para tus compras, sigue esta ruta:

  • Aquilina, una magnifica librería donde encontrar todo tipo de literatura acerca de la isla, su historia y los lugares para visitar. C/ Republic.
  • Samantha Gatt selecciona la mejor moda vintage en Blush & Panic. C/ Melita.
  • Il Bottegin Ta San Martin, un taller de preciosas esculturas de madera policromada que merecen la pena. C/ Old Bakery.
  • Galea’s Art Studio, tienda, galería y escuela de acuarelas. Puedes adquirir alguna obra a buen precio. C/ Strait.

Coge el ferry a Silema (billete: 3€). De vuelta, tendrás las mejores vistas de la ciudad, cuando el sol dora las fachadas de piedra y adquieren una tonalidad de oro matizado impactante.

Para cenar, disfruta de una gran experiencia: Tarragon. El joven chef Marvin Gauch, innovador y creativo, ha revolucionado la cocina maltesa con la mejor materia prima de su propia granja. Dispone de un buen menú vegetariano. Y de las mejores vistas a la bahía. C/ Church.

DOMINGO

Levántate temprano. Tiene recompensa. Los domingos, a las 9, cantan gregoriano en la Catedral de San Juan, austera por fuera y de un barroco excesivo por dentro. Oros, suelos que cubren los enterramientos de los Caballeros con 400 grandes lápidas de mármol; la impresionante bóveda con frescos que deslumbran, y cómo no, “La decapitación de San Juan”, pintada por Caravaggio. En las esquinas de las fachadas de algunas casas, hay nichos dedicados a santos, ante los que la gente se persigna al pasar.

Almuerza en Legligin. Chris regenta una taberna con excelente vino, buenas tapas y ricos quesos. Tenuemente iluminada, de paredes decoloradas, la pizarra con el menú, y una atmósfera que huele a viejo. ¡Tiene encanto! C/ Lucía.

 

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