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De Milán a Barcelona: cafés de etiqueta para peregrinos del shopping

Tómate este 'trago amargo' junto a la ropa de DSquared2, las piedras de Felipe González, la bella arruga de Adolfo Domínguez o el Fiat 600 del Merci.

Foto: De Milán a Barcelona: cafés de etiqueta para peregrinos del shopping

Su sabor amargo no es el mismo en un café literario, un café philo (la filosofía también tiene su sobremesa y su sitio, sobre todo en París), un café de barrio o un café de moda. Pero cuando decimos ‘moda’ no nos referimos a un establecimiento cafetero con inclinaciones más o menos hipsters ni decoración hermanada con el edredón, o sea nórdica, ni impronta industrial de viejo almacén reconvertido.

Hablamos de cafés con aroma a colección sin temporada y a eterna pasarela sobre alfombras de todos los colores, no solo roja. Justo ahora que las tiendas llevan el apellido ‘insignia’ para ser reconocidas como galerías de autor y el nombre de buques, para navegar por las procelosas aguas del comercio en la era de la multiproducción. Ya no son solo sitios donde comprar, porque lo que se vende son experiencias. Entre burros, de donde ‘se apea’ la ropa (no confundir con el animal solípedo, aunque estos son también de carga), catálogos enteros fuera de papel diciendo ‘mírame’ (la compra puede esperar) y showrooms, workshops y otros engranajes creativos de la industria de la moda, puedes tomarte un café a la salud del diseñador. De Adolfo Domínguez, de los gemelos de DSquared2 (los inefables Dan y Dean Caten) y de todos cuantos aúpan a este universo a dos espacios inspirados por demás: Merci en París y el recién abierto Passage BCN donde dicen sus siglas, Barcelona.

PASSAGE BCN

Tal vez no llegues nunca al jardín de la parte de atrás donde te espera el coqueto café con voluntad de trastienda. Todo lo que te encontrarás por el camino (y todo es cada una de las cosas) te invitará a parar. Sí, serás un Ulises tratando de llegar a tu propia Ítaca. Y no solo por los objetos en sí, haciéndose pérfidamente deseables a tus incautos ojos, sino por cómo están expuestos: arañando las paredes, colgados del techo, desafiando las leyes físicas y también las del orden de cualquier store.

Estamos hablando de que hay un bolso de cocodrilo encerrado en un jaula para pájaros, latas de conserva vacías llenas de tierra que son maceteros de pared, cuadros pequeños con grandes mensajes y un techo fabricado con las cajas de la fruta. Cuando te creas que lo has visto todo, que el piano customizado ha cubierto tus ansias insaciables de cosas nuevas, querrás ir al baño y entonces te toparás con un mural tropical poblado de monos con bolsas de la compra (sí, shopping bags), firmado por La Colorería, el taller sevillano de Paco (Hernández Cano) y Pepe (Fernández Casado), que te recordará a los bosques húmedos del aduanero Rousseau (el pintor poético y naif francés).

Recordarás de repente que venías a tomar un café. Pero cómo no volver a las piedras del ex presidente Felipe González, a las joyas-escultura de Adolfo Barnatán y las pieles de Elena Benarroch y su hija Yael. A los diseños de Cortana, Juanjo Oliva o Vanessa Lorenzo (sí, la modelo emparejada con Puyol), los sombreros de Philip Treacy&Reyes Hellín (el genio inglés de la 'chistera' y su amiga sevillana), la lencería de Hanky Panky, las extravagancias de Karl Lagerfeld y los libros de IvoryPress (Elena Ochoa, lady Foster). En esta casa restaurada del noble barrio de Sarrià, Eva de Villalonga y sus hijas, Elena y Sofía Soldevila, ejercen de ‘ariadnas’ en su laberinto. El mismo hilo te llevará hasta el cartel de una conferencia a cargo de Fernando Romero: “Damien Hirst,  héroe o villano del arte contemporáneo”. El cartel de uno de sus 'talks' que finalmente te hará comprender dónde estás. Y tu café aún caliente. C/Abat Samsó, 7.

CERESIO 7 (EN MILÁN)

Como Dean fuma, hay un rincón que se llama The Cigar Room y como Dan ama el sol y los chapuzones, hay no una sino dos piscinas que son la tentación de la meca de la moda que es Milán. Pero no el Milán periférico ni de extrarradio, sino la ciudad urbana y bulliciosa del centro. Ceresio 7, que está en la calle del mismo nombre y número, es la azotea del edificio de DSquared2, la firma de moda de los gemelos canadienses, que se suman a la nómina de modistos con restaurante en la capital de la Lombardía (el Gold de Dolce&Gabanna o el Just Cavalli Cafe). Lo llaman Pools&Restaurant y tiene unas vistas más de águila que de pájaro bajo el cielo de Milán. La panorámica es de 360º: todo horizonte. A estas alturas no hay obstáculos y sí memorables puestas de sol. Esta escenografía acuática que completan hamacas de diseño en azul rodea al restaurante que comanda el chef Elio Sironi, que aterrizó aquí desde el hotel Bulgari, de lujo, cómo no, y a la barra de la vieja escuela americana con bartender de excepción.

Puedes llegar antes o después de pasarte por la tienda de DSquared2. Para el día de piscina mañanero, el almuerzo o aperitivo en la terraza o la cena en el comedor. El menú degustación te abrirá las puertas al universo gastronómico de 'los gemelos' (80€). Pero si no quieres que te lo den todo hecho, diseña tu menú a partir de la carta. Es como Sofía Loren, italiana 100%. Te decimos algunos platos sin traducir (por eso de la música). Pasta: ravioli, salvia e tartufo nero di Norcia (24 euros). Pescado: pescato del giorno alla brace (39€). Carne: scaloppa di vitello, carciofi e fegato d’oca (34 euros). Y de postre: tarta sbrisolona, rose e pere (12€).

FLAGSHIP STORE ADOLFO DOMÍNGUEZ (EN MADRID)

Ni en el Soho castizo (Chueca y alrededores) ni en el triángulo bautizado como Triball (el triángulo de Ballesta), la tienda insignia del diseñador que hizo bella a la bestia (la arruga) y puso y quitó ropa a los actores de Miami Vice está en la calle que no se pasa de moda, la clásica, 'pija' y recién remozada Serrano. En el número cinco se alza este edificio histórico de cinco pisos donde caben todos los argumentos del autor gallego e hijas. Empezando la casa por el tejado, en el quinto se halla la Fundación AD y el café o Coffee Lounge, donde el ‘futuro verde’ de Adolfo Domínguez se vuelve gastro: espíritu vegetariano, productos ecológicos y recetas saludables sobre mesas de madera. Y más aún, pet friendlybienvenidas tus mascotas a la república del fashion.

Si en los pisos de abajo has podido conocer el cuerpo (AD Mujer, Hombre y Niños, U by Adolfo Domínguez, AD+), aquí te sorprenderá el alma. Más allá de la venta del producto, esto es 'estilo de vida'. El universo AD para el consumidor cansado de consumir que busca experiencias en una suerte de círculo cuadrado que es comprar y sentir. Se acabó la compra a secas. Así, la fidelización, palabra casi mágica, es mayor. Esto es, se crean lazos emocionales difíciles de romper, frente a la fragilidad de los mercantiles.

Te tomarás un café (¿con leche de soja y ágave como edulcorante natural?) o un menú que nunca es el mismo (cambia a diario) en un cruce de caminos entre el Dover Street Market de Londres, vanguardia pura, y el Merci de París, con corazón intelectual y solidario. Aquí también hay happenings, está el showroom para atender a estilistas y celebrities, y la Exit Gallery (donde hizo su primera exposición fotográfica, No Blink, la emparentada con la Casa de Alba Genoveva Casanova).

MERCI (EN PARÍS)

Las gracias en francés las tendría que dar el merodeador-visitante-cliente-comprador de este viejo almacén de telas y papel pintado por tanta genialidad con ramalazo casi museístico. No se había visto un coche tan bien puesto como el Fiat 600 rojo del Merci desde el Cadillac ('el taxi lluvioso') que Dalí regaló a Gala, aparcado en el antiguo patio de butacas del hoy Teatro-Museo de Figueras. El Merci, con permiso de Colette, es toda una institución en el moderneo de París. Y en el barrio de la margen derecha del Sena, el alto Le Marais.

Esta vez son tres plantas y tres bares. Es decir, que a la hora del café puedes elegir entre tomártelo en La Cantina, que presume de productos frescos de temporada (para no desentonar), junto al jardín poblado que asoma por los cristales. En el Cinema Café, rodeado de carteles, fotos antiguas con encanto retro y una pared que convierte al conjunto de vez en cuando en filmoteca (proyecciones de viejas películas). O en el Café de los Libros Usados, que no es un cuento de Cortázar ni de Borges, sino un pasillo que corre paralelo a una librería larguísima con 10.000 libros que se pueden comprar.

Por lo demás, el Merci está lleno de la luz natural que entra por sus amplios ventanales, de artículos de Isabel Marant, de perfumes de Annick Goutal, de objetos sencillos y extraordinarios, de exposiciones e intervenciones artísticas, de muebles y ropa de hogar, y de la ferretería más sofisticada. Todo lo que le gusta a Marie-France Cohen. El espacio que abrieron ella y Bernard, su marido, después de vender su empresa de moda infantil, Bonpoint, para dar las “gracias” por su suerte (sus fondos van destinados a mejorar la educación en Madagascar, donde están los talleres de costura de su vieja firma), es rústico, es design, es high-tech y es vintage. Pero no es snob. El agua se toma en frasca y con ramita de hierbabuena. Le habría gustado a Truffaut. 111 Boulevard Beaumarchais.

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