Friedrichshain, el nuevo Berlín cool
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Friedrichshain, el nuevo Berlín cool

Es lo que tiene el ser una de las ciudades más vitales y apasionantes del mundo: que todos queramos tener un trocito de ti. Berlín es apasionante hasta decir basta.

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Es lo que tiene el ser una de las ciudades más vitales y apasionantes del mundo: que todos queremos tener un trocito de ti. Berlín es apasionante hasta decir basta y cada día es el comienzo de una vida nueva para decenas de locales, propuestas y experiencias. En la capital alemana, lo nuevo se convierte en viejo y lo viejo, en rabioso futuro en menos tiempo del que tarda nuestro teléfono en cargar un mapa de Berlín que se queda obsoleto sin que nos demos cuenta. Y en este verano berlinés de sorprendente buen tiempo, y en el que todo sigue recordando que los campeones mundiales de fútbol son los alemanes, cuando te has cansado de patearte las galerías y clubes de Mitte y los mercadillos, es cuando tienes que poner rumbo al nuevo lugar-donde-estar: Friedrichsain, la parte oriental del distrito de moda, Friedrichshain-Kreuzberg.

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© Clemente Corona

Y es que ahora que Mitte ha caído ya en las garras de la gentrificación y los locales clásicos tienen que salir despavoridos ante el incremento brutal de los alquileres –el cierre de la legendaria Bierstube Alt Berlin, que daba de beber al barrio desde finales del siglo XIX y frecuentada por toda la intelectualidad, ha sido uno de los momentos más dolorosos en la intrahistoria cotidiana berlinesa de los últimos años–, todo Berlín pone la mirada, otra vez, en la parte oriental de la ciudad: en este caso, Friedrichshain, un barrio céntrico que se articula entre el río Spree y las Frankfurter y Karl-Marx Alle, y que presenta la colección de locales, bares medio ilegales, alcorques repletos de maleza y construcciones de los años del Telón de Acero que uno espera y desea de la capital alemana.

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Las calles están repletas de bares en los que echar la tarde, y casi la vida; restaurantes para todos los gustos; tiendecitas sacadas de portada de revista de decoración y, también, aquí y allí, squatters maduros que pasan la tarde al sol, parejas jóvenes rodeadas de niños, alcorques a rebosar de maleza, carteles anunciando conciertos, exposiciones y ventas benéficas, y grafittis que dejarían boquiabierto al mismísimo Banksy. Un paisaje urbano que hace bueno el adagio del alcalde de la ciudad que se ha convertido en lema: "Berlín es pobre pero sexy". Y en Friedrichshain, lo es mucho.

Los turistas se pasean por el barrio buscando las localizaciones de la película Good Bye, Lenin. La más famosa, la muy soviética, incluso hoy, plaza de Frankfurter Tor. Pero, sobre todo, el mayor y más famoso museo de arte al aire libre de mundo: la East Side Gallery. El tramo más largo –más de un kilómetro– que se conserva del Muro de Berlín, decorado con 105 obras de 118 artistas y entre las que sobresale el Bruderkiss, del artista ruso Dmitri Vrubel, ”el beso entre hermanos” de Leonard Breznev, presidente de la URSS, y Erich Honecker, el de la República Democrática Alemana.

¿Direcciones donde vivir Berlín de verdad? Abundan en Friedrichshain: la Simon Dach Strasse es el centro vital del barrio, una calle donde los restaurantes y los bares están siempre a rebosar. Más de dos mil sillas llenan sus terrazas. Y caigas donde caigas, lo harás de pie: el Mexican Street Kitchen, en el número 7, es de mis favoritos; y, desde luego, el famoso Astro Bar (en el número 40), puro plástico y glam, que sigue dando toda la guerra del mundo y más...

Una de las nuevas modas de Berlín es la de las cervezas artesanales: una auténtica eclosión de marcas y métodos que esperan casi en cualquier esquina. Normal en un país que ama la cerveza casi por encima de todas las cosas. A precios altos, así que dejarse caer por Hops & Barley (Wühlisch Str. 22-23), donde hacen sus propias cervezas y sidras, es la mejor opción a este lado del Spree. En la otra ribera, en la parte de Kreuzberg, muy recomendable es Hopfenreich (Sorauer Str. 31, abierto de martes a domingos de 16h a 2h), la mejor opción para darse al arte de la libación sin que el bolsillo sufra. El local es como debe ser: papel pintado en las paredes, mobiliario vintage y libros por todos lados. Y un pizarrón donde se escriben las marcas –14 referencias artesanales alemanas y estadounidenses– y los precios. Por ejemplo, 3,8 € por una Black IPA de Munich de tercio o 2 € por una caña.

Y, para ir de compras, date una vuelta por la Boxhagener Platz y alrededores, como la Gabriel Max Str. Para comer rico y por poco dinero, Goura Pakora (Krossener Str. 16) es la mejor opción vegana: ensaladas, dosas (unos pasteles de arroz), pakoras... Y, desde luego, es imposible -e imperdonable- estar en Alemania y no darse el capricho de comer tarta, que para algo son las mejores del mundo. Las de In Der Tarte (Schreinerstr, 61) son las más exquisitas del barrio. El local abrió en primavera y no le ha hecho falta más tiempo para convertirse en un éxito. Y es que su dueña y repostera, Franziska, sabe lo que se trae entre manos: cada mañana compra los ingredientes en el barrio. Todos son bio, vegetarianos y veganos, o sea, que no llevan mantequilla. Su tarta de manzana, el applestruddel, simplemente no es de este mundo...

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