Han pasado varias semanas desde el funeral de la princesa Irene de Grecia, quien falleció el 15 de enero en Madrid a los 83 años, y su lugar de descanso definitivo empieza a tomar forma en el cementerio real de Tatoi, en Atenas. En los próximos días se completará el monumento funerario, pero este lunes se dio un paso especialmente simbólico: la instalación de la placa de mármol que presidirá su tumba, tal como ha mostrado el experto Andreas Megos.
La lápida recoge su nombre, sus títulos y las fechas que marcaron su vida: Irene, princesa de Grecia y princesa de Dinamarca, nacida en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, el 11 de mayo de 1942 y fallecida en Madrid, España, el 15 de enero de 2026. La inscripción es sobria, fiel a la tradición de la familia real griega, que suele optar por epitafios de gran carga espiritual.
Siguiendo esa costumbre, la placa incluye un pasaje del Libro del Apocalipsis de San Juan (22:5), que evoca la luz eterna y la vida más allá de la muerte: “No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos".
La elección de este versículo refleja la profunda fe de la princesa Irene y el carácter discreto y espiritual que marcó su vida. Alejada del protagonismo público durante años, Irene encontró en la religión, la vida familiar y la sencillez su refugio personal.
El funeral de la princesa Irene se celebró el pasado 19 de enero en la catedral metropolitana de Atenas, con la práctica totalidad de la familia real griega y española. Los Reyes acudieron acompañados por la princesa Leonor y la infanta Sofía, que mostraron especial cercanía con su abuela, la reina Sofía, profundamente afectada por la pérdida de su hermana. También estuvieron presentes las infantas Elena y Cristina con algunos de sus hijos —Pablo, Miguel e Irene Urdangarin—, así como Victoria Federica Marichalar.
De la familia real griega únicamente faltaron Marie-Chantal, que se encontraba en Nueva York cuidando de su madre recién operada, y sus hijos Olympia y Odysseas. Asistieron también miembros de otras familias reales no reinantes, como Alejandro y Katherine de Serbia; Simeón Múñoz, hijo de la princesa Kalina de Bulgaria y ahijado de Irene; Christian de Hannover; Sofía de Rumanía; Sofía Elisabeth de Baviera, esposa del príncipe heredero Ludwig, y la duquesa Elisabeth de Baviera, hermana de Sofía de Liechtenstein.
La desolación de la reina Sofía en el último adiós a la princesa Irene. (Casa de SM el Rey)
Tras la ceremonia religiosa, la familia se trasladó a Tatoi, donde tuvo lugar el entierro de la princesa, que nos dejó con unas imágenes desgarradores de la reina Sofía, llorando la pérdida de su hermana pequeña. Desde entonces, la emérita ha permanecido fuera del foco, pero ya tiene fecha para su regreso a la vida pública: el próximo martes visitará el Banco de Alimentos de Bizkaia, como adelantó 'Hola'.
Con la instalación de la placa, Tatoi no solo consolida su papel como panteón histórico de la familia real griega, sino que también ofrece un espacio de recogimiento y memoria donde queda reflejada la discreción, la fe y la vida familiar de la princesa Irene.
Han pasado varias semanas desde el funeral de la princesa Irene de Grecia, quien falleció el 15 de enero en Madrid a los 83 años, y su lugar de descanso definitivo empieza a tomar forma en el cementerio real de Tatoi, en Atenas. En los próximos días se completará el monumento funerario, pero este lunes se dio un paso especialmente simbólico: la instalación de la placa de mármol que presidirá su tumba, tal como ha mostrado el experto Andreas Megos.