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Miguel Peiró, físico: "Estamos educados en que un 'no lo sé' es una debilidad, en vez de ser una promesa de aprendizaje"
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Miguel Peiró, físico: "Estamos educados en que un 'no lo sé' es una debilidad, en vez de ser una promesa de aprendizaje"

A veces es mejor aceptar la duda, la curiosidad y la posibilidad de seguir aprendiendo constantemente que tener la necesidad de tener respuestas para todo

Foto: Miguel Peiró en su charla de BBVA (Youtube)
Miguel Peiró en su charla de BBVA (Youtube)

Decir “no lo sé” parece sencillo, pero muchas veces cuesta más de lo que debería. Desde pequeños aprendemos a responder, acertar y demostrar que sabemos, incluso cuando no tenemos una respuesta clara. El físico Miguel Peiró reflexiona precisamente sobre esa incomodidad y sobre cómo aceptar el desconocimiento puede ser una forma mucho más honesta de aprender.

Peiró parte de una escena muy reconocible: esos exámenes en los que, al no saber una respuesta, muchas personas prefieren inventar algo antes que admitirlo. Para él, ese gesto revela una educación en la que el error o la duda se perciben como fallos personales. Por eso defiende que deberíamos mirar el “no lo sé” de otra manera: no como una debilidad, sino como el primer paso para comprender mejor.

El físico lo resume con una frase clara: “No saber es el primer paso para saber”. Desde esa perspectiva, reconocer una laguna no cierra una puerta, sino que la abre. Permite preguntar, investigar, escuchar y abandonar la necesidad de tener siempre una respuesta inmediata.

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Su reflexión conecta también con una idea menos habitual: el asombro. Peiró diferencia entre sorpresa y asombro. La sorpresa aparece y desaparece rápido; el asombro, en cambio, transforma la forma de mirar el mundo. Es esa sensación que nos empuja a querer entender más, a observar con atención y a no darlo todo por sabido.

Según explica, para que exista asombro tiene que haber también una zona de sombra, algo que todavía no comprendemos. Por eso el desconocimiento no debería vivirse con vergüenza, sino como el terreno desde el que puede nacer una nueva mirada.

Esta idea tiene mucho que ver con el bienestar psicológico y con la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos. Fingir que sabemos todo puede generar presión, miedo al juicio y una sensación constante de tener que demostrar valor. Aceptar que no se sabe, en cambio, puede aliviar esa exigencia y favorecer una actitud más curiosa, flexible y abierta.

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También cambia la manera de aprender. Cuando una persona se permite preguntar sin sentirse inferior, el conocimiento deja de ser una competición y se convierte en un proceso. No se trata de acumular respuestas perfectas, sino de desarrollar la capacidad de mirar, dudar y seguir buscando.

Peiró defiende que no deberíamos perder esa capacidad de asombrarnos. Reconocer que no sabemos algo puede parecer incómodo, pero también puede ser una forma de recuperar profundidad. Porque aprender empieza muchas veces justo ahí: en el momento en que dejamos de fingir que ya lo entendemos todo.

Decir “no lo sé” parece sencillo, pero muchas veces cuesta más de lo que debería. Desde pequeños aprendemos a responder, acertar y demostrar que sabemos, incluso cuando no tenemos una respuesta clara. El físico Miguel Peiró reflexiona precisamente sobre esa incomodidad y sobre cómo aceptar el desconocimiento puede ser una forma mucho más honesta de aprender.

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