Dr. Simon Dray: "Las mujeres del Golfo y del Magreb no esperan a que el rostro se caiga: actúan desde jóvenes con una disciplina estética admirable
El doctor Simon Dray lleva más de treinta años dedicado a la medicina estética. Comenzó como médico gerontólogo en 1983 en Francia. Se dio cuenta de
El doctor Simon Dray lleva más de treinta años dedicado a la medicina estética. Comenzó como médico gerontólogo en 1983 en Francia. Se dio cuenta de que esa especialidad se ocupaba del interior, pero no del exterior. “Era importante la salud del organismo, pero también la de la piel y el aspecto físico, que son clave para la autoestima. Entonces comencé a tratar la piel, y las mejorías de los pacientes eran mucho más rápidas”.
En 1990, el doctor Dray pasó a especializarse en medicina estética, con un amplio abanico de pacientes en Francia, Italia (Lucia Magnani Health Clinic) y países árabes. En España pasa consulta en Madrid, Ibiza, Bilbao, Barcelona y Zaragoza. Le apasiona su profesión y marca las pautas de lo que, para él, debe ser la naturalidad. Por discreción, no se sabe quiénes son sus pacientes, salvo Norma Duval, que además de amiga es el ejemplo más gráfico de sus cuidados estéticos, los cuales llevan su sello.
La artista y empresaria tiene 69 años y, como ella misma dice: “Aparte de una genética heredada, siempre he seguido los consejos del doctor. A él no le puedes decir: ‘quiero esto o lo otro’. Te mira, te analiza y actúa en consecuencia”. Marta Sánchez y Vicky Martín Berrocal también han apoyado a Dray en sus presentaciones públicas.
“Todas confían en mi profesionalidad y no hay problema cuando planteo lo que mejor les va a ir. Lo aceptan. Tengo pacientes fieles desde que empecé. Mi tratamiento estrella es la Técnica de la Corona, que nunca falla. Para entendernos: un lifting sin cirugía. Voy esculpiendo la cara. Se trata de inyectar principios activos tensores mediante microinyecciones, siguiendo la supuesta línea que marcaría una corona, con el fin de reafirmar los tejidos. El secreto está en pinchar en los vectores tensores, tanto del músculo como del tejido, y, por lo tanto, generar vectores positivos para asegurar así la tensión buscada”.
No da información sobre a quiénes trata, pero sí se han publicado nombres de mujeres y hombres conocidos de varios sectores profesionales como el cine, la música, la empresa o la alta sociedad. En el apartado internacional, varias de las mujeres más influyentes —como Salma Hayek, Carla Bruni o Cate Blanchett— han sido vinculadas a estos tratamientos. En el caso de esta última, hubo una polémica cuando apareció en unas imágenes con la cara deformada. Días después, fue la propia actriz quien volvió a aparecer con su rostro real: todo había sido producto de un maquillaje específico para un rodaje.
Junto a la Técnica de la Corona, están los polinucleótidos, que Dray ya utilizaba hace tiempo. Actúan a nivel celular, estimulando la regeneración y reparación de los tejidos. Al inyectarse en la piel, promueven la proliferación de fibroblastos, las células responsables de la producción de colágeno y elastina, esenciales para mantener la piel firme y elástica. “Es un tratamiento indoloro, basado en esperma de ADN de salmón, y funciona muy bien, siempre que no se sea alérgico al pescado o al marisco”.
Su máxima a la hora de actuar con sus pacientes es que “las caras tienen que ser simétricas, naturales y, como digo, armoniosas. Los años agreden, pero hay que intentar mejorar y ofrecer elegancia. No hay mujeres feas, y a veces lo que quieren suprimir es precisamente lo que las hace atractivas”.
El análisis que hace el especialista en referencia a las preferencias estéticas de las mujeres que trata varía mucho de una cultura a otra. Las mujeres del Golfo y del Magreb —de lugares como Emiratos, Arabia Saudí, Catar o Marruecos— no esperan a que el rostro se caiga: actúan desde muy jóvenes con una disciplina estética admirable. Tienen como ideal una piel de porcelana, sin manchas, luminosa y clara. Peelings químicos, láseres blanqueadores y cosmética de alto nivel forman parte de su rutina básica. La cirugía estética no es un tabú: es una herramienta habitual, utilizada con criterio.
“Buscan un rostro estructurado y fuerte, que transmita elegancia y autoridad. Rellenos densos, hilos tensores y lifting líquido están completamente integrados en su lenguaje estético. El perfume, los aceites corporales, la henna… todo se entrelaza en un cuidado multisensorial”, explica el profesional.
Según su experiencia, en Europa la belleza se vive desde otro ángulo. La mujer francesa, española, italiana o alemana no quiere que se note lo que se ha hecho. “Quiere parecer descansada, cuidada, elegante. Prefieren técnicas sutiles: bótox en dosis mínimas, skinboosters, radiofrecuencia o dermocosmética de lujo. La cirugía estética es menos común: se prefiere prevenir que corregir. El resultado ideal es aquel que no se adivina, pero se percibe. Esa ‘buena cara’ sin explicación”.
El doctor Simon Dray lleva más de treinta años dedicado a la medicina estética. Comenzó como médico gerontólogo en 1983 en Francia. Se dio cuenta de que esa especialidad se ocupaba del interior, pero no del exterior. “Era importante la salud del organismo, pero también la de la piel y el aspecto físico, que son clave para la autoestima. Entonces comencé a tratar la piel, y las mejorías de los pacientes eran mucho más rápidas”.