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Con la primavera vuelve el 'sun kissed blush': trucos para elegir tu tono y para aplicarlo de mano de los expertos
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Con la primavera vuelve el 'sun kissed blush': trucos para elegir tu tono y para aplicarlo de mano de los expertos

Una de las tendencias que lleva temporadas funcionando en maquillaje, resurge esta primavera para porporcionarnos ese efecto buena cara

Foto: Hay tendencias que permanecen de temporada en temporada (Launchmetrics Spotlight)
Hay tendencias que permanecen de temporada en temporada (Launchmetrics Spotlight)

Hay algo que pasa todos los años cuando cambia el tiempo: no es tanto que queramos maquillarnos más, sino que queremos vernos mejor con menos. La piel pide aire, la luz cambia y, casi sin darnos cuenta, empezamos a buscar ese efecto de “buena cara” que no parece maquillaje. Esta primavera, ese gesto tiene nombre propio: sun-kissed blush.

No es exactamente nuevo, pero sí está en uno de esos momentos en los que todo encaja. Después de meses de lluvia escondiendo nuetra piel debajo de bases más cubrientes, tonos apagados y cierta pereza generalizada, vuelve una idea muy concreta: parecer que te ha dado el sol, aunque no hayas salido a la calle. Es un rubor que imita el efecto de calor en la piel, ese punto en el que las mejillas se enrojecen ligeramente y el puente de la nariz también se tiñe. Como si acabaras de volver de la playa o de dar un paseo largo al aire libre.

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La diferencia respecto a otras formas de aplicar el colorete está, sobre todo, en la colocación. Si hace unas temporadas hablábamos del boy blush, más bajo, casi invadiendo la zona central de la mejilla para un efecto más deportivo, ahora el gesto sube. El color se coloca en la parte alta del pómulo y se extiende ligeramente hacia la nariz. No es casualidad: es exactamente donde el sol incide primero.

El resultado, bien hecho, no parece un truco. Parece piel.

placeholder Es una técnica perfecta para cualquier piel (Launchmetrics spotlight)
Es una técnica perfecta para cualquier piel (Launchmetrics spotlight)

Aquí hay una clave importante: el tono

No todos nos ponemos rojos igual. Hay quien vira hacia el rosa frío, quien tira a coral, quien se vuelve más anaranjado o incluso rojizo. Los expertos en maquillaje de Clarins nos recomiendan: "observar cómo reacciona tu piel al calor y partir de ahí... Si tu rubor natural es suave, puedes intensificarlo; si es más marcado, puedes rebajarlo. Pero siempre tiene que parecer natural".

Para no complicarse demasiado, hay una referencia fácil: los colores del atardecer. Corales cálidos, naranjas suaves, rojos manzana, rosas anaranjados o melocotón subido. Son tonos que, además, funcionan bien en distintos tipos de piel porque se pueden modular. En pieles más claras quedan más frescos; en pieles medias y oscuras aportan ese punto de luminosidad que a veces se pierde con fórmulas demasiado mates.

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La textura también juega su papel

Los productos en crema o en formato líquido son los que mejor replican ese efecto de “piel que viene de dentro”. "Se funden más fácilmente, no dejan bordes evidentes y aportan un brillo natural. Son especialmente útiles si buscas un acabado jugoso o si tu piel tiende a estar más seca", nos explica Eva Villar, maquilladora y peluquera propia.

Los polvos, en cambio, siguen teniendo su sitio. Funcionan bien para fijar el color, sobre todo en pieles mixtas o grasas, o en días de calor donde todo tiende a moverse más. La clave aquí es que no sean demasiado mates ni demasiado pesados: cuanto más finos, mejor se integran.

placeholder De hecho esta temporada el blush extiende su radio de acción (Launchmetrics Spotlight)
De hecho esta temporada el blush extiende su radio de acción (Launchmetrics Spotlight)

En cuanto a la técnica, menos es más

Aunque suene a tópico, aquí es literal. Es mejor empezar con muy poca cantidad e ir construyendo. El error más común es pasarse en la primera aplicación y acabar con un efecto poco natural. Si ocurre, hay un truco sencillo: usar la misma brocha con la que aplicaste la base (sin añadir más producto) para difuminar y rebajar intensidad.

Otro detalle que suma, pero no es obligatorio, son las pecas. "No hablamos de dibujar lunares evidentes, sino de añadir pequeños puntos muy sutiles que refuercen la idea de piel al sol", nos recomienda Roberto Siguero, national Make Up Artist de Lancôme. Se pueden hacer con un lápiz de cejas de punta fina, en un tono ligeramente frío, y siempre sobre una base ligera o incluso sobre piel casi desnuda. Es un gesto pequeño, pero ayuda a que todo el conjunto tenga más sentido.

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Este tipo de rubor también cambia cómo se combina el resto del maquillaje. Puedes llevarlo hacia un terreno más sofisticado, "con un labio potente que contraste", explica Sam Visser de YSL. O quedarte en la versión más sencilla: tinte de labios, máscara de pestañas marrón y poco más. De hecho, cuanto más limpio esté el resto, más funciona el efecto.

En el fondo, el éxito del sun-kissed blush tiene bastante que ver con el momento actual. No se trata de cubrir, sino de acompañar. De trabajar con la piel, y, sobre todo, de simplificar. Elige un buen tono, lo colocas donde toca y, en cuestión de segundos, la cara cambia. Sin filtros, sin capas innecesarias y sin necesidad de haber pisado la playa. Aunque lo parezca.

Hay algo que pasa todos los años cuando cambia el tiempo: no es tanto que queramos maquillarnos más, sino que queremos vernos mejor con menos. La piel pide aire, la luz cambia y, casi sin darnos cuenta, empezamos a buscar ese efecto de “buena cara” que no parece maquillaje. Esta primavera, ese gesto tiene nombre propio: sun-kissed blush.

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