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De piel problemática a marca de culto: así ha convertido Rocío López su historia en un fenómeno viral
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De piel problemática a marca de culto: así ha convertido Rocío López su historia en un fenómeno viral

Una aventura empresarial en el mundo de la belleza que nació de un problema. Una historia llena de matices que nos ha contado su protagonista

Foto: Yinger (Cortesía)
Yinger (Cortesía)

En un momento en el que el cuidado de la piel vive saturado de lanzamientos, activos de moda y promesas rápidas, Rocío López ha conseguido destacar con un discurso alejado de las prisas y los filtros. Modelo, creadora de contenido y fundadora de Yinger Beauty, su historia no parte de una piel perfecta, sino justo de lo contrario: acné tratado con Roaccutane, rosácea, hipersensibilidad y años de maquillaje constante por su trabajo frente a las cámaras.

Mientras estudiaba Derecho y trabajaba como modelo, empezó a interesarse de verdad por la dermocosmética para entender qué le ocurría a su piel. Lo que comenzó como una búsqueda personal acabó conectando con miles de personas en redes, atraídas por una forma de hablar de belleza menos idealizada y mucho más útil.

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De ahí nace Yinger, la marca que ha convertido el llamado “pearl skin” en su seña de identidad: una piel luminosa, sí, pero sobre todo equilibrada, calmada e hidratada. Fundada junto a Gonzalo Zaragoza, su pareja y socio, la firma surgió con una idea clara: crear productos que funcionaran, simplificaran la rutina y aportaran algo real en un mercado ya bastante saturado. Hemos hablado con ella y nos ha contado todas las claves de su proyecto:

Pregunta: De Derecho a fundadora de una marca de culto: ¿en qué momento sentiste que la belleza dejaba de ser un interés para convertirse en un proyecto serio?

Respuesta: Creo que fue cuando dejé de buscar soluciones para mí y empecé a entender que lo que estaba viviendo le pasaba a muchísima gente, y yo quería ayudarles.

placeholder Yinger (Cortesía)
Yinger (Cortesía)

Durante años, la belleza fue algo casi “de supervivencia”: probar, fallar, volver a empezar… Pero hubo un momento en el que todo ese caos empezó a tener sentido. Empecé a entender patrones de la piel, a entender ingredientes, a escuchar mi piel de verdad.

Ahí fue cuando hice el click. Ya no era curiosidad, era criterio. Y cuando tienes criterio, puedes construir algo con intención. Ahí fue cuando empecé a compartir tips de beauty en redes.

P: Has hablado abiertamente de tu acné, rosácea e hipersensibilidad… ¿qué fue lo que más te frustraba de tu piel en esa etapa y qué cambió tu forma de entenderla?

R: Lo que más me frustraba era la sensación de no tener control. Hacía todo “bien” y aun así mi piel reaccionaba mal.

Además, en mi caso, siendo pelirroja, la piel es especialmente sensible y propensa a desequilibrios, y eso lo complica todo aún más. Te genera mucha inseguridad, porque sientes que tu piel va por libre y que nunca sabes cómo va a reaccionar.

El cambio vino cuando dejé de intentar corregirla constantemente y empecé a respetarla. Entender que una piel sensible no necesita más activos, necesita más equilibrio.

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Pasé de luchar contra mi piel a trabajar con ella. Y eso lo cambia absolutamente todo.

A día de hoy, incluso cuando me sale un pequeño grano, entiendo el porqué. Y no hay nada más potente que eso: conocerte y saber escuchar tu piel.

P: Vienes del mundo del modelaje, donde el maquillaje es constante: ¿dirías que ese ritmo fue el detonante definitivo para “tomarte en serio” la dermocosmética?

R: Totalmente. Cuando empecé a modelar con 17 años, estaba en mi peor momento a nivel de piel. Tenía acné, zonas muy secas y otras muy grasas al mismo tiempo, y me generaba muchísima inseguridad. Ahí fue cuando, junto con mi madre, empezamos a visitar dermatólogos para entender qué estaba pasando y cómo podíamos solucionarlo.

El maquillaje constante que conllevó mi trabajo como modelo fue un punto de inflexión, porque es un test brutal para la piel. No es solo maquillarte, es todo lo que viene alrededor: desmaquillar, reaplicar, cambiar productos cada día… Ahí entendí algo muy importante: el maquillaje no tapa nada si la piel no está bien. Puedes tener el mejor producto del mundo, que si la base —la piel— está alterada, se ve.

placeholder Rocío López fundadora de Yinger (Cortesía)
Rocío López fundadora de Yinger (Cortesía)

Aun así, la realidad es que yo ya venía de tomármelo en serio desde antes. En mi casa, “las cremas” siempre han sido fundamentales. Con 13 años, mi madre ya me había enseñado una rutina muy básica de limpieza, hidratación y, sobre todo, protección solar. Me repetía constantemente que yo no podía quemarme, y es algo que tengo completamente interiorizado desde pequeña.

Así que, más que un detonante, el modelaje fue una confirmación: cuidar la piel no era opcional, era imprescindible.

P: Hoy presumes de una piel impecable y, además, sin filtros: ¿qué hay realmente detrás de ese famoso “pearl skin” del que todo el mundo habla?

R: Hay mucha más rutina emocional de lo que la gente piensa. “Pearl skin” no es solo brillo. Es equilibrio. Es una piel que refleja la luz porque está sana, hidratada y calmada.

Me repetía constantemente que yo no podía quemarme, y es algo que tengo completamente interiorizado desde pequeña.

Detrás hay constancia, entender qué necesita tu piel en cada momento y, sobre todo, no sobreestimularla. Menos pasos, pero que sí funcionan.

P: Cuando decides crear Yinger Beauty, descartas hacer “una crema más”: ¿qué viste en el mercado que te hizo pensar que no necesitaba otro producto igual?

R: El sector de la belleza es, probablemente, uno de los más masificados que existen, y es algo que, sinceramente, nunca me ha gustado. Sentía que había muchísimos productos, pero muy pocos realmente diferenciales.

Yo tenía muy claro qué tenía que hacer para crear algo distinto, sobre todo porque venía de vivirlo desde dentro. Recuerdo perfectamente que en shootings los maquilladores utilizaban tres o cuatro productos distintos solo para conseguir una piel hidratada y luminosa. Ahí entendí que había una necesidad real: simplificar sin perder eficacia.

placeholder La búsqueda de una pearl skin (Cortesía)
La búsqueda de una pearl skin (Cortesía)

Por eso creamos Pearl Skin CreamySerum. Una textura que no deja indiferente —eso seguro— y una fórmula pensada para reforzar la barrera de la piel de forma progresiva, que al final es la base de todo.

Pero también había algo que sentía que muchas marcas habían olvidado: cómo se siente usar un producto.

Yo no quería hacer una crema más, quería crear un momento. Algo que funcionase, pero que también te hiciera parar, disfrutar y reconectar con tu piel.

Porque al final, lo que te fideliza no es solo que funcione, es cómo te hace sentir

P: Apostaste por un sérum con textura crema-gel, algo bastante específico: ¿qué buscabas exactamente a nivel de sensorialidad y resultado?

R: No es un sérum con textura crema-gel, es un creamyserum. Es decir, un sérum con una textura transformativa a crema. Un híbrido real entre sérum y crema.

Desde el principio buscaba eliminar la necesidad de elegir. Siempre sentía que tenía que decidir entre hidratación o ligereza, entre tratamiento o confort… y no tenía sentido. ¿Por qué no podía existir todo en uno?

Los maquilladores utilizaban tres o cuatro productos distintos solo para conseguir una piel hidratada y luminosa. Ahí entendí que había una necesidad real: simplificar sin perder eficacia.

El creamyserum nace exactamente de ahí: de crear una fórmula que se funda como un sérum, pero que sea cremoso e hidratante como una textura crema. Que sea eficaz, pero también profundamente sensorial.

Y hay algo que me parece muy interesante: mucha gente lo describe como “adictivo”, y para mí eso es un logro. Porque no es una adicción superficial, es el resultado de una experiencia que te apetece repetir.

Al final, cuando algo se siente bien en la piel, quieres volver a usarlo. Y ahí es donde empieza la constancia, que es lo que realmente transforma la piel.

P: Has construido tu comunidad desde la experiencia personal, no desde la teoría pura: ¿crees que eso es lo que ha marcado la diferencia frente a otras marcas?

R: Sin duda. Yo hablo desde lo que he vivido, y eso la gente lo nota. No hay distancia, no hay discurso perfecto. Hay verdad en todo esto.

Creo que hoy la gente está muy cansada de marcas que hablan “bien” pero no dicen nada. Y al final conectas con quien te cuenta algo que tú también has sentido.

placeholder Un plano de la piel de Rocío (Cortesía)
Un plano de la piel de Rocío (Cortesía)

P: Tu crecimiento en redes fue muy rápido, hasta el punto de que tu pareja dejó su trabajo para unirse al proyecto: ¿cómo se gestiona ese salto tan radical a nivel personal y profesional?

R: En realidad, no fue así. Gonzalo no dejó su trabajo por mí como tal, fue algo mucho más natural.

Yo venía de una experiencia complicada con mi anterior representación y le pedí que me ayudara él. Confiaba muchísimo en su criterio y en su capacidad —aunque esté feo decirlo siendo mi novio, no hay nada que se le dé mal— y tenía clarísimo que lo iba a hacer increíble. Y así fue.

Empezó a llevar mi representación como un trabajo más, mientras seguía con su empresa, y desde ese momento todo cambió a mejor. Llevamos ya más de tres años así y, sinceramente, estoy muy feliz con todo lo que ha construido a nivel profesional conmigo.

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A partir de ahí, dar el paso de emprender juntos fue bastante orgánico. Los dos compartimos esa ambición y el amor por el mundo de la empresa, y además él ya tenía mucha experiencia en ese terreno.

Creo que hacemos un equipo muy sólido porque cada uno aporta algo muy claro: yo toda la parte creativa, de producto y de visión beauty, y él toda la estructura empresarial, estrategia y gestión.

Y luego hay algo que no se puede forzar: la conexión. Gonzalo y yo muchas veces nos miramos y ya sabemos lo que está pensando el otro, y eso, a nivel de trabajo, facilita muchísimo las cosas.

Al final, más que un salto radical, fue una evolución muy natural hacia algo que tenía todo el sentido construir juntos.

P: Ahora que Yinger ya cuenta con varias referencias, ¿cómo decides qué producto lanzar y cuál no? ¿Sigue siendo el criterio tan exigente como al principio?

Más que nunca. Ahora tenemos algo que antes no teníamos: la confianza de la gente. Y eso te obliga a ser todavía más exigente.

No lanzamos por lanzar. Si un producto no tiene sentido dentro de la rutina o no aporta algo diferente, no sale. Prefiero ir más despacio y que cada lanzamiento tenga peso, que saturar sin criterio. Eso es ser fiel a mi misma y mis creencias.

En un momento en el que todo el mundo habla de “piel bonita”, “glow” y “efecto buena cara”, ¿qué significa para ti, de verdad, tener una piel sana?

Una piel sana no es una piel perfecta. Es una piel estable. Es una piel que no te condiciona, que no te duele, que no reacciona constantemente. Para mí, tener la piel bien es no tener que pensar en ella todo el rato. Que te mires al espejo y te sientas cómoda y bien contigo misma.

 

En un momento en el que el cuidado de la piel vive saturado de lanzamientos, activos de moda y promesas rápidas, Rocío López ha conseguido destacar con un discurso alejado de las prisas y los filtros. Modelo, creadora de contenido y fundadora de Yinger Beauty, su historia no parte de una piel perfecta, sino justo de lo contrario: acné tratado con Roaccutane, rosácea, hipersensibilidad y años de maquillaje constante por su trabajo frente a las cámaras.

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