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Máximo Caballero, arquitecto: "No cometas el error de esperar a que se termine la obra para darle vida a tu hogar"
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Máximo Caballero, arquitecto: "No cometas el error de esperar a que se termine la obra para darle vida a tu hogar"

Pensar en la decoración como el último paso de una reforma es uno de los errores más extendidos al diseñar una vivienda

Foto: Máximo Caballero, arquitecto, sobre las reformas en casa. (TikTok/@maximocaballero.arq)
Máximo Caballero, arquitecto, sobre las reformas en casa. (TikTok/@maximocaballero.arq)

Una reforma no termina cuando se coloca el último suelo, se pinta la pared definitiva o se montan los muebles. Mucho antes de ese momento, ya debería estar pensada la forma en la que se va a habitar la casa. Esa es la idea que defiende el arquitecto Máximo Caballero, que pone el foco en un fallo muy común: dejar para el final todo lo relacionado con la personalidad, la funcionalidad y la vida real del hogar.

Con una visión muy crítica hacia los interiores recargados, Caballero lanza una advertencia clara: “No cometas el error de esperar a que se termine la obra para darle vida a tu hogar”. Su mensaje va más allá de una cuestión estética. Habla, sobre todo, de diseñar bien desde el principio para no tener que corregir después, con objetos y muebles, lo que el espacio no ha resuelto por sí solo.

En su reflexión, el arquitecto cuestiona una idea bastante extendida: pensar que una casa será más acogedora cuantas más cosas tenga. Frente a esa lógica, propone justo lo contrario. Para él, una vivienda bonita no es la que acumula piezas decorativas, sino la que necesita menos para funcionar y transmitir bienestar. No se trata de renunciar a la calidez, sino de evitar que la decoración actúe como parche.

Por eso insiste en que no todo se arregla con cojines, jarrones o cuadros. Según plantea, cuando un espacio necesita llenarse en exceso para resultar agradable, lo que está fallando es la base. La distribución, el aprovechamiento, la integración de los elementos o la falta de intención en el diseño pueden estar detrás de esa sensación de vacío que luego se intenta compensar con más y más objetos.

Caballero reivindica así un interiorismo con sentido, en el que cada pieza tenga una función real. Habla de “muebles que no solo decoren, sino que sirvan”, de almacenaje oculto, de integración con la arquitectura y de elementos que sumen sin entorpecer. Su propuesta encaja con una manera de entender la casa mucho más práctica, en la que el orden visual y la utilidad van de la mano.

También hay en su discurso una crítica directa a cierta decoración puramente efectista, pensada más para la imagen que para el día a día. El arquitecto reconoce haber trabajado con grandes profesionales del interiorismo, pero también con otros perfiles que, a su juicio, se limitan a llenar las estancias de muebles. El resultado, advierte, no siempre es una casa mejor pensada, sino una casa más saturada y con más cosas que mantener.

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Ese enfoque conecta además con una preocupación cotidiana: el cansancio visual que generan los espacios sobrecargados. Más volumen, más adornos y más mobiliario no siempre equivalen a más confort. A menudo sucede lo contrario: aumentan el ruido visual, reducen la sensación de amplitud y complican la limpieza y el uso diario de la vivienda.

La idea de fondo que plantea Máximo Caballero es sencilla, pero muy útil para cualquiera que esté reformando o amueblando su casa: antes de pensar cómo decorar, conviene pensar cómo vivir. Qué se necesita de verdad, qué sobra, qué debe quedar integrado y qué papel tiene cada rincón dentro del conjunto. Porque, como resume el propio arquitecto, “un espacio bien hecho funciona con poco”.

Una reforma no termina cuando se coloca el último suelo, se pinta la pared definitiva o se montan los muebles. Mucho antes de ese momento, ya debería estar pensada la forma en la que se va a habitar la casa. Esa es la idea que defiende el arquitecto Máximo Caballero, que pone el foco en un fallo muy común: dejar para el final todo lo relacionado con la personalidad, la funcionalidad y la vida real del hogar.

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