" target="_blank">conviene abrirla al salón. Sin embargo, hay errores menos evidentes que, según los profesionales, pueden condicionar por completo el uso diario del espacio. El arquitecto Máximo Caballero señala uno de los más frecuentes: instalar una isla sin tener en cuenta el espacio real que necesita alrededor.
La isla se ha convertido en uno de los elementos más deseados en las cocinas actuales. Aparece en planos, en revistas y en redes sociales como sinónimo de modernidad y funcionalidad. Pero no siempre es una buena idea. Caballero lo plantea de forma directa: “Una isla mal puesta puede arruinar tu cocina”. El problema, explica, no está en la pieza en sí, sino en cómo se integra dentro del espacio disponible.
En muchos proyectos se tiende a incorporar una isla sin medir bien las distancias. Sobre plano, todo parece encajar, pero en el uso diario aparecen las dificultades. El paso se reduce, los movimientos se vuelven incómodos y la cocina deja de ser práctica. Según el arquitecto, este es uno de los fallos más repetidos: diseñar pensando en la estética antes que en la funcionalidad.
La clave está en algo mucho más básico de lo que suele parecer: los centímetros. Una isla no es solo una superficie de trabajo, también implica electrodomésticos, almacenamiento y circulación alrededor. En muchos casos, además, incorpora el lavavajillas o la zona de agua, lo que condiciona aún más su uso.
Por eso, Caballero insiste en una medida concreta: dejar al menos 1,20 metros de paso alrededor de la isla. Esta distancia permite abrir puertas, moverse con comodidad y evitar golpes o roces constantes. Cuando ese margen no existe, el resultado es una cocina que, aunque visualmente atractiva, se vuelve incómoda en el día a día.
“El diseño de una buena cocina no empieza en los materiales, empieza en los centímetros que nadie mira”, señala. Es una forma de recordar que, antes de pensar en acabados o tendencias, conviene resolver la distribución. Una cocina bien planteada no es la que más elementos tiene, sino la que funciona sin esfuerzo.
Este enfoque también conecta con otro de los debates habituales: las cocinas abiertas. Caballero defiende que no son un error si se ejecutan correctamente. La clave, una vez más, está en los detalles técnicos, como una buena campana extractora o una distribución bien resuelta, que permiten que el espacio sea cómodo y práctico, no solo atractivo.
Una isla de cocina (iStock)
En ese contexto, la isla deja de ser un elemento imprescindible y pasa a ser una opción más dentro del diseño. Puede funcionar muy bien, pero solo cuando el espacio lo permite. Si no, forzarla puede acabar siendo un error difícil de corregir.