Morante de la Puebla y Elisabeth Garrido: un discreto divorcio sin nada que repartir
El libro ‘Memoria de Morante’ revela la ruptura del torero con la madre de sus hijas mientras el diestro atravesaba uno de los momentos más delicados de su vida personal y profesional
El anuncio de que Morante de la Puebla iba a ser baja en Nimes, una de las grandes citas taurinas de la temporada francesa, recorrió con un escalofrío a los aficionados taurinos. El maestro debía haber hecho el paseíllo este fin de semana, pero finalmente fue sustituido por Juan Ortega después de que la empresa de Simón Casas anunciara su ausencia por motivos médicos. "Afectado por dolores en la caja torácica, el torero no puede actualmente respirar con normalidad, lo que le impide cumplir con su compromiso”, explicaron desde el coso francés durante una comparecencia celebrada en el Hôtel Chouleur. Era una explicación precisa con la que el entorno del diestro pretendía espantar el temor a que detrás estuvieran otra vez los problemas de salud mental que han marcado los últimos años de su vida.
La batalla de Morante contra la depresión profunda y el trastorno disociativo es sobradamente conocida en el mundo taurino. El periodista Vicente Zabala de la Serna la retrata descarnadamente en 'Memoria de Morante' (Debate), el libro en el que reconstruye el difícil equilibrio del torero entre la necesidad casi terapéutica de volver a los ruedos y el desgaste emocional que también le provoca la propia exigencia de la tauromaquia.
José Antonio Morante y Elisabeth, en la boda de Miguel Ángel Perera. (Gtres)
Zabala da la primera pista sobre esa nueva etapa personal cuando en octubre de 2025, momentos después de que Morante se quitara la coleta, se encuentra en el Hotel Wellington con Pepi Garrido, la madre del torero, quien no suele nunca acompañarle en su vida profesional. "Entre los planes inminentes del maestro se encuentra una visita al psiquiatra, el doctor Antonio Sampaio, en Lisboa, para ‘reajustar el tratamiento’ porque ‘en activo era imposible’. Antes de marchar a Portugal, en Marinha Grande, centro-norte del país luso, donde pasó el invierno entre electrochoques que afectaron a su memoria, quiere aparecer por La Puebla del Río. Quedan pendientes dolorosos asuntos personales por resolver", escribe el periodista.
Más adelante, el autor ya aborda de forma explícita la ruptura matrimonial: "Morante ha regresado a La Puebla para resolver algunos personales delicados. Una segunda separación matrimonial que, por ser parte de su estricta intimidad, no puede serlo de estas páginas. El maestro se ha divorciado de Elisabeth Garrido, con quien tiene dos niñas. La crisis de pareja ha pesado también en su ánimo".
Garrido, el día de su boda. (Gtres)
La separación ha transcurrido con el mismo hermetismo que siempre ha envuelto la vida privada del torero. Morante y Elisabeth Garrido se casaron en 2014 en una ceremonia civil celebrada en la Hacienda Los Ángeles, en Alcalá de Guadaíra (Sevilla). Poco después nació su primera hija y, más tarde, llegaría la segunda. La familia fijó su vida en La Puebla del Río, el municipio sevillano donde el diestro es toda una institución. Antes de esta relación, el torero estuvo casado con Cynthia Antúnez, madre de su hijo mayor, José Antonio Morante júnior, futbolista vinculado al Betis y muy unido a su padre, tal y como también recoge el libro.
En términos estrictamente económicos, el divorcio parece haber sido relativamente sencillo. Morante posee desde hace años una importante estructura inmobiliaria y rústica propia construida principalmente en Andalucía y Madrid. Solo compartían la propiedad de una vivienda adquirida al 50% en La Puebla del Río, una casa de dos plantas y menos de 150 metros cuadrados construidos. Más allá de eso, el grueso del patrimonio del maestro ha estado siempre en manos del torero o de sus sociedades, que controlan propiedades en La Puebla del Río, Coria del Río, Madrid y El Rocío, además de varias fincas rústicas y naves industriales.
Morante saluda desde el Hotel Wellington.
El gran símbolo de ese patrimonio es la Huerta de San Antonio, la finca cigarrera del torero a orillas del Guadalquivir. Allí, Morante ha levantado un universo muy personal: salones para celebraciones, cuadras para caballos y burros, gimnasio, varias dependencias auxiliares e incluso un campo de fútbol de césped artificial. Muchas de las tierras anexas están arrendadas para su explotación agrícola. Hace unos días alguien intentó entrar en la finca y se llevó varias escopetas de caza. Quizá buscaba alguna de las reliquias que guarda Morante dentro de la casa, como el despacho de Joselito el Gallo, comprado en una subasta, o los antiguos aparatos de gimnasia de Rafael de Paula.
Tras la cornada en la Feria de Abril y ser capaz de reaparecer en Jerez menos de un mes después, la baja en Nimes ha supuesto otro bache en el camino. La siguiente gran cita marcada en rojo es el próximo 31 de mayo en Aranjuez, en la corrida de San Fernando junto a Andrés Roca Rey y Pablo Aguado. Un cartel que muchos ya han descrito como el mejor de la temporada.
El anuncio de que Morante de la Puebla iba a ser baja en Nimes, una de las grandes citas taurinas de la temporada francesa, recorrió con un escalofrío a los aficionados taurinos. El maestro debía haber hecho el paseíllo este fin de semana, pero finalmente fue sustituido por Juan Ortega después de que la empresa de Simón Casas anunciara su ausencia por motivos médicos. "Afectado por dolores en la caja torácica, el torero no puede actualmente respirar con normalidad, lo que le impide cumplir con su compromiso”, explicaron desde el coso francés durante una comparecencia celebrada en el Hôtel Chouleur. Era una explicación precisa con la que el entorno del diestro pretendía espantar el temor a que detrás estuvieran otra vez los problemas de salud mental que han marcado los últimos años de su vida.