Es un bol decorativo de gres porcelánico, con un característico borde ondulado y una base elevada que lo convierte en una pieza con presencia. Ese pedestal es precisamente lo que hace que no parezca un simple cuenco, sino un pequeño objeto decorativo capaz de vestir una consola, una cómoda o una mesa auxiliar.
Colocado en el recibidor, puede servir para dejar las llaves nada más entrar en casa; en el dormitorio, para guardar anillos o pendientes; y en el salón, como centro de mesa con fruta, flores secas o pequeños adornos.
Otro punto a favor es que no solo es bonito. Según Jysk, también es “apto para lavavajillas”, algo especialmente útil si se utiliza para servir aperitivos o alimentos durante una comida informal.
Por 20 euros, el bol Bjork de Jysk es una de esas piezas versátiles que solucionan un problema cotidiano —el desorden de las cosas pequeñas— mientras suman estilo a la decoración de casa.