Olivia Wilde es una de esas mujeres que rara vez parecen disfrazadas, puede acudir a una alfombra roja con un vestido espectacular o salir a comer por Nueva York con una combinación aparentemente sencilla y seguir transmitiendo exactamente la misma sensación: que siempre acierta ponga lo que se ponga. Su última aparición en las calles de Manhattan vuelve a demostrarlo.
La actriz fue fotografiada saliendo del mítico Bowery Hotel con uno de esos estilismos que muchas guardaríamos inmediatamente en la carpeta mental de "uniforme de verano".
La base del look eran unos pantalones blancos amplios, una de esas prendas que cada verano reaparece porque funciona prácticamente con todo, tienen algo que pocas piezas consiguen: aportan sensación de sofisticación incluso cuando el resto del conjunto es muy sencillo. Además, la amplitud de la silueta aporta movimiento y frescura, dos cualidades especialmente agradecidas cuando suben las temperaturas.
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Sobre ellos, Wilde añadió una blazer negra oversize. El contraste entre el blanco y el negro sigue siendo una de las fórmulas más fiables del armario de una trendsetter. No es novedosa ni pretende serlo, pero tiene la capacidad de parecer elegante sin esfuerzo. La americana introduce estructura, mientras que el pantalón mantiene el conjunto en un terreno mucho más relajado y fácil de llevar.
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Lo interesante es que Olivia evita convertir el look en formal. En lugar de recurrir a unos salones o unas sandalias de tacón, opta por unas sandalias planas de tiras, reforzando esa sensación de comodidad que lleva años definiendo el estilo de muchas mujeres. La moda lleva tiempo alejándose de la idea de que la elegancia exige sacrificio y este tipo de estilismos son una buena prueba de ello.
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Los accesorios terminan de construir el conjunto. La actriz llevaba un bolso de piel firmado por la diseñadora polaca Magda Butrym, una firma que se ha convertido en una de las favoritas de celebridades y editoras de moda gracias a su capacidad para mezclar feminidad y sofisticación. El bolso aporta un punto de lujo silencioso, pero sin convertirse en el protagonista.
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También llaman la atención dos elementos que podrían parecer contradictorios dentro de un look tan pulido: una gorra de béisbol de color burdeos y unas gafas de sol oscuras. Sin embargo, son precisamente esos detalles los que evitan que el conjunto resulte demasiado serio. La gorra introduce un aire deportivo que rompe con la formalidad de la blazer y acerca el estilismo a algo mucho más cotidiano.
Lo mejor de este look es que resulta increíblemente fácil de copiar. No pide prendas imposibles ni presupuestos desorbitados. Muchas veces los mejores looks no son los que acumulan tendencias, sino los que equilibran bien las proporciones y los colores.
Olivia Wilde es una de esas mujeres que rara vez parecen disfrazadas, puede acudir a una alfombra roja con un vestido espectacular o salir a comer por Nueva York con una combinación aparentemente sencilla y seguir transmitiendo exactamente la misma sensación: que siempre acierta ponga lo que se ponga. Su última aparición en las calles de Manhattan vuelve a demostrarlo.