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Alma se escribe con hache y doble eme en este hamán prémium en el que, si lo deseas, volverás a nacer
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LUJO Y HEDONISMO

Alma se escribe con hache y doble eme en este hamán prémium en el que, si lo deseas, volverás a nacer

En el 47 de la calle Barquillo, Halmma propone una experiencia de agua y masajes que resetea el cuerpo para fluir y avanzar. Se llama ‘Manantial’ y dura 75 minutos perfectos. Por ti, querida lectora, volvemos a jugarnos la piel

Foto: Un té en la mano y una esperanza: deshacer algunos nudos del alma. (Cortesía)
Un té en la mano y una esperanza: deshacer algunos nudos del alma. (Cortesía)

En el clásico ‘2001: Una odisea del espacio’ (1968), Santaley Kubrick nos invita a reflexionar sobre la evolución humana y ese “algo” que nos hace avanzar, simbolizado en un monolito negro; la película propone que no somos la meta, sino un paso intermedio hacia algo superior. En ese camino, añadimos nosotros, en el que aprenderemos a usar mejor nuestras capacidades —las ya activas y las aún latentes—, es decisivo un diálogo fluido entre cuerpo y mente.

El hamán que visitamos —aferrada la experiencia a nuestra área tegmental ventral, la del placer— haría las delicias del mismísimo Kubrick a tenor de su iluminación, baja y tenue, y de sus preciosas y pétreas camillas-monolito: negras, cálidas, perfectas.

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Y aquí estamos, en Halmma, en el 47 de la calle Barquillo de Madrid, con un té en la mano y un par de nudos en el alma que, esperamos, hoy, nos ayuden a deshacer. Todo girará en torno a la experiencia prémium ‘Manantial’.

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¿Un hamán puede tener alma?

Halmma no es un baño árabe al uso. Pertenece al grupo Hammam Al Ándalus, pero aquí el foco está puesto en la combinación, precisa y perfecta, de agua y masaje. La arquitectura es sobria, dominada por la piedra y por una iluminación, como comentábamos, que evita el ruido visual. No hay mosaicos recargados ni teatralidad oriental descafeinada. La estética es contenida —casi diríamos que industrial— y funcional.

La experiencia ‘Manantial’ comienza con un ritual de bienvenida y un lavado corporal que prepara la piel. Después llega la inmersión en una tina individual. El agua no es un trámite, es parte del tratamiento, y ronda unos deliciosos 35–37 ºC. Sirve para relajar la musculatura y bajar el ritmo antes de que empiece el trabajo manual. En ese tránsito se utiliza un jabón arcilloso de elaboración propia, con una textura densa y un aroma discreto, que añade una capa sensorial sin invadir.

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Tras la inmersión, el recorrido continúa en cabina con un masaje personalizado de 40 minutos. No hay protocolo cerrado. El terapeuta adapta presión y maniobras según lo que encuentra: contracturas, sobrecarga lumbar, tensión cervical… La piedra caliente de las camillas mantiene la temperatura corporal estable y evita cualquier sensación de enfriamiento.

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En total, la experiencia dura 75 minutos. El precio parte de 116 euros por persona. Existe opción para dos, con promociones puntuales, pero el tratamiento está planteado como un trabajo individual, centrado en el estado físico de quien lo recibe.

placeholder Halmma. Calle Barquillo, 47, Madrid. (Cortesía)
Halmma. Calle Barquillo, 47, Madrid. (Cortesía)

Halmma se organiza en diferentes experiencias que combinan agua, espuma y masaje, pero ‘Manantial’ es la más directa. No promete nada extraordinario ni discursos sobre transformación vital. Propone algo más concreto: bajar el nivel de activación, aflojar la musculatura y salir con el cuerpo en orden. Como en el final de '2001', un nuevo ser, reiniciado, sin tensiones, acaba de nacer.

En el clásico ‘2001: Una odisea del espacio’ (1968), Santaley Kubrick nos invita a reflexionar sobre la evolución humana y ese “algo” que nos hace avanzar, simbolizado en un monolito negro; la película propone que no somos la meta, sino un paso intermedio hacia algo superior. En ese camino, añadimos nosotros, en el que aprenderemos a usar mejor nuestras capacidades —las ya activas y las aún latentes—, es decisivo un diálogo fluido entre cuerpo y mente.

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