Javier Martí (Club Monteverdi): “No buscamos ruido mediático, sino reconocimiento entre quienes valoran la excelencia como criterio”
En un Madrid en plena efervescencia de propuestas culturales y de ocio, el presidente de la Fundación Excelentia y director del prestigioso Club Monteverdi reivindica el arte como el nexo definitivo entre personas y marcas, entre cultura y negocio
Javier Martí, presidente de la Fundación Excelentia y director de Club Monteverdi. (Cortesía)
En el corazón de un Madrid que se ha transformado en la capital europea del estilo de vida y el networking de élite, destaca una propuesta que rompe con el concepto convencional de club privado. Javier Martí, presidente de la Fundación Excelentia y director de Club Monteverdi, ha logrado lo que parecía un reto imposible en la era de la inmediatez: situar las artes en el epicentro de la vida social y corporativa.
Con una trayectoria de más de veinte años dedicados a la excelencia musical, Martí no solo dirige un espacio; orquesta una comunidad que comparte un lenguaje común. Bajo la batuta de nuestro protagonista, este refugio de la calle Almagro se ha consolidado como un “salón cultural” del siglo XXI, un lugar donde la creación artística y la alta empresa conviven en una armonía casi poética.
Conversar con Javier Martí es entender que el lujo, en su versión más auténtica, reside en la profundidad de la experiencia y no en el ruido mediático. Durante el encuentro, el director desgrana con lucidez cómo Monteverdi ha conseguido atraer a un perfil de socio que busca refugio en la belleza del piano bar, la intimidad de sus salones y la solvencia de una programación cultural de primer nivel.
En estos casi cuatro años de trayectoria, Javier Martí ha liderado la evolución de una membresía que hoy define el pulso intelectual de la capital, defendiendo siempre que la calidad debe imponerse a la cantidad. En esta entrevista para Vanitatis, nos desvela las claves de un modelo de éxito que aspira a la permanencia frente a la fugacidad de las tendencias, reivindicando el arte como el nexo definitivo entre personas y marcas.
Club Monteverdi. Calle Almagro, 36, Madrid. (Cortesía)
PREGUNTA. Si tuviera que explicar en una sola escena qué es Club Monteverdi, ¿cuál sería y qué estaría ocurriendo en ese momento?
RESPUESTA. En una misma escena pueden estar ocurriendo situaciones totalmente diferentes. El Club Monteverdi dispone de tantos espacios que en cada uno de ellos pueden ocurrir situaciones muy diversas. Por ejemplo, podemos estar escuchando un recital de piano de Chopin o Rajmáninov en el Auditorio del club, mientras que, en un salón privado, un consejo de administración de una empresa puede estar decidiendo sus planes estratégicos a nivel mundial u ofreciendo un cóctel a sus mejores clientes.
Más tarde, en el Piano Bar, puede haber un grupo de jazz amenizando una cena. Y, mientras tanto, se puede estar contemplando una exposición de pintura, de escultura o de fotografía en el Champagne Bar o en los espacios comunes. La pretensión es que el arrebato artístico más diverso pueda disfrutarse como un fin en sí mismo o hacerlo compatible con el ámbito empresarial o institucional. No son realidades enfrentadas y deben poder coexistir. El Club Monteverdi es un ámbito perfecto para ello.
“Mientras que unos nacen desde la estética, el 'networking' o el estilo de vida, nosotros nacemos desde la cultura”, Javier Martí
P. En este Madrid que vive una fiebre constante de aperturas de clubes para personas con alto poder adquisitivo, Monteverdi se define como ‘club privado de las artes’. ¿Qué implica en la práctica esa definición y qué límites marca frente a los otros modelos?
R. Cada club debe definir su identidad. Mientras que unos nacen desde la estética, el 'networking' o el estilo de vida, nosotros nacemos desde la cultura. Esto no implica que no realicemos multitud de eventos corporativos de alto nivel. Un club de las artes no utiliza el arte como ambientación, sino que lo sitúa en el centro. En nuestro caso, además, no hemos llegado recientemente a este ámbito de excelencia cultural y de divulgación del arte, pues contamos con la Fundación Excelentia como germen, que nos ofrece una base de más de veinte años de difusión internacional de primer nivel con orquestas sinfónicas propias, como la Orquesta Clásica Santa Cecilia.
Esa base previa hace posible que un gran artista internacional pueda estar ofreciendo un concierto de piano o violín en nuestro auditorio del club, pero también es posible que una marca de relojes o una firma de moda hagan una presentación de alguno de sus productos y organicen un evento para sus mejores clientes.
Club Monteverdi. Calle Almagro, 36, Madrid. (Cortesía)
P. ¿Qué criterios determinan la programación cultural de Monteverdi y cómo deciden el equilibrio entre música, arte, literatura y gastronomía?
R. En el club tratamos de contar con los mejores profesionales de cada ámbito. Por ejemplo, en el ámbito musical contamos con nuestra trayectoria de muchos años en la Fundación Excelentia, entidad con la que programamos más de doscientos conciertos al año en toda España y más allá de nuestras fronteras. Eso nos permite contar con un gran número de artistas de todo tipo: desde un joven talento hasta una estrella mundial. Todo ello sin contar con las conferencias, charlas y actos que se celebran sobre música con especialistas de primer orden, algunos de los cuales colaboran en nuestra revista Excelentia, especializada en música clásica. Esta publicación bimestral edita ahora su número 50.
En literatura y poesía organizamos veladas poéticas con Luis Alberto de Cuenca, galardonado recientemente con el Premio Reina Sofía, acompañado por una música de piano acorde con cada poema. E incluso programamos, a la antigua usanza, cine mudo con música en directo de piano, una experiencia que apenas puede vivirse desde la génesis del séptimo arte y que resulta incluso conmovedora. Intentamos siempre buscar la diferencia, la distinción.
Y, por supuesto, la gastronomía no puede faltar, con nuestro equipo de chefs atentos tanto a la carta diaria como a los menús realizados a medida para eventos. Una altura gastronómica ya muy celebrada y servida en la atmósfera inconfundible de nuestro club. Siempre sorprende.
Javier Martí, director de Club Monteverdi. (Cortesía)
P. En estos casi cuatro años de actividad desde su apertura en 2021, ¿cómo ha evolucionado su proceso de admisión y qué perfil de socio buscan incorporar hoy?
R. A día de hoy, el perfil de socio mayoritario es el corporativo. Afortunadamente, contamos con las marcas más relevantes de cada sector. Por otra parte, también han evolucionado las membresías individuales, profesionales y de personas no residentes en España que pasan largas temporadas en nuestro país y ansían un espacio tan especial como el Club Monteverdi como lugar de expansión y refugio.
P. Más allá de la agenda de eventos, ¿qué tipo de conversaciones o vínculos se generan entre los socios en el día a día?
R. El club está diseñado para favorecer la conversación y la cercanía. Sus espacios —auditorio, salones privados, Piano Bar, Champagne Bar, terraza…— permiten distintos niveles de intimidad: desde una visita a nuestra última exposición de pintura hasta una comida de negocios, pasando por reuniones espontáneas del día a día.
P. ¿Qué papel desempeña la filantropía dentro del club y cómo se concreta el apoyo a proyectos culturales o sociales?
R. La propia existencia del club es una apuesta cultural decidida. Más que una filantropía puntual, defendemos una responsabilidad cultural sostenida: crear un espacio donde empresa y creación dialoguen de manera estable. Por otra parte, apoyamos a grandes talentos, ya sea de música o pintura, con el fin de darles visibilidad y que así puedan llevar a cabo su actividad profesional.
P. ¿Cómo se relaciona el club con Madrid: aspira a influir en la escena cultural de la capital o prefiere mantenerse como un espacio reservado?
R. Madrid atraviesa un momento de expansión internacional. Está en plena ebullición, en una irrefrenable efervescencia creada entre todos. Nuestra aspiración es que esa expansión vaya acompañada de densidad cultural, como hicimos antes con la Fundación Excelentia y la música clásica. El Club Monteverdi conecta la ciudad con una red artística europea consolidada. No buscamos ruido mediático, sino reconocimiento entre quienes valoran la excelencia como criterio.
Por ese motivo tenemos un peso evidente en la escena cultural, pero medimos muy bien todas las acciones que llevamos a cabo. Importa antes la calidad que la mera cantidad. Como en la expresión latina, atribuida a Plinio el Joven: “Non multa sed multum (No cantidad, sino calidad)”.
“Club Monteverdi conecta Madrid con una red artística europea consolidada. No buscamos ruido mediático, sino reconocimiento entre quienes valoran la excelencia como criterio”, Javier Martí
P. ¿Qué diferencia la experiencia de asistir a un concierto o encuentro aquí frente a hacerlo en una institución cultural tradicional?
R. En una gran institución, uno asiste como público. En Monteverdi, el socio participa en un círculo; el concierto —sea de piano, ópera o jazz— no termina con el aplauso, sino que continúa en la conversación posterior. De este modo, la experiencia se acerca más a un salón cultural que a una platea anónima. No se trata solo de escuchar, sino de formar parte de algo importante; de vivir toda la experiencia artística desde dentro, desde su entramado más íntimo.
Y no solo en los conciertos: también en nuestras veladas poético-musicales el público se imbrica por completo hasta formar un conjunto único con los intervinientes mediante las preguntas, los diálogos y las peticiones. Nuestro público no es un contemplador pasivo, sino alguien con inquietudes culturales que desea vivir experiencias propias, no solo contemplar las ajenas.
Club Monteverdi. Calle Almagro, 36, Madrid. (Cortesía)
P. Cuando una firma comercial se vincula a Monteverdi, ¿qué tipo de colaboración se establece?
R. Las empresas que se vinculan al club entienden que el espacio forma parte de su narrativa estratégica. La asociación con la excelencia artística y la proyección internacional refuerza valores como visión, sensibilidad y largo plazo. Por ello, no hablamos de patrocinio convencional, sino de afinidad cultural. Así, nuestro valor es aportar experiencias únicas para la empresa y sus clientes, de tal manera que su grado de vinculación es muy alto, pues compartimos idénticos objetivos.
P. ¿Qué normas explícitas o implícitas sostienen el ambiente del club y cómo protegen esa atmósfera a lo largo del tiempo?
R. Privacidad, coherencia y cuidado. El Club Monteverdi nació como un espacio reservado, lejos de los circuitos habituales. Sin embargo, esa reserva no es ostentación, sino protección de la atmósfera. Los clubes que perduran en Europa lo hacen porque priorizan la calidad frente a la cantidad. Esa es también nuestra aspiración: permanencia antes que tendencia.
En el corazón de un Madrid que se ha transformado en la capital europea del estilo de vida y el networking de élite, destaca una propuesta que rompe con el concepto convencional de club privado. Javier Martí, presidente de la Fundación Excelentia y director de Club Monteverdi, ha logrado lo que parecía un reto imposible en la era de la inmediatez: situar las artes en el epicentro de la vida social y corporativa.