Reinvención laboral a los 50: siete mujeres que cambiaron de vida y triunfaron
Siete mujeres de bandera nos cuentan cómo, cerca de los 50, decidieron romper con sus carreras y reinventarse: del mundo corporativo al emprendimiento. Siete historias de valentía que demuestran que nunca es tarde
Chelo Gámez, de profesora de macroeconomía y catedrática a fundadora de Dehesa Monteros, o cómo produir en Ronda jamón de bellota 100% ibérico. (Cortesía)
Empezaremos con una declaración de lo más esclarecedora perteneciente a una de las ejecutivas más influyentes de la televisión en nuestro país. “Respecto a la edad, España tiene un problema gravísimo: se considera que a partir de los 50 te has quedado obsoleto. Yo tengo la inmensa suerte de trabajar en una compañía americana donde la experiencia es un valor irrenunciable. Cuando nos compraron, yo tenía 52 años y, lejos de despedirme para sustituirme por alguien más joven, me dieron el mercado latinoamericano. Ellos entienden que la sabiduría y la seguridad que te dan los años no se aprenden en un máster”. Quien esto afirma es Mandi Ciriza (Madrid, 1961), vicepresidenta senior de canales lifestyle de España y Latinoamérica de AMC Networks.
¿Qué ocurre en torno a los 50 años, esa edad en la que o tomas definitivamente las riendas de tu vida —personal y laboral— o claudicas para siempre? ¿Lo tienen más difícil las mujeres? ¿En verdad los sueños pueden alcanzarse?
Para dar respuesta a todas estas cuestiones, hemos hablado con siete mujeres de bandera que sí se atrevieron a dar el paso y pelearon por un futuro, el suyo, soberano e inalienable.
Si tú, querida lectora, ya estás dándole vueltas a tu más que necesario cambio de rumbo, lee con calma estos testimonios porque son lo que necesitas para que todo cambie.
Zdenka Lara
Zdenka Lara (Bilbao, 1968) es interiorista y empresaria, fundadora del estudio Zdenka Lara Interiorismo y cofundadora de Eco-One, una plataforma especializada en sostenibilidad para hoteles. Licenciada en Derecho, dio un giro a su carrera a los 33 años para dedicarse al diseño de interiores, su gran pasión, y ha construido una trayectoria sólida en proyectos residenciales y, sobre todo, hoteleros. Tras la crisis de 2008 y, más tarde, la pandemia, volvió a reinventarse: hoy combina creatividad, estrategia y enfoque ambiental para ayudar al sector turístico a ser más sostenible.
Zdenka Lara. (Cortesía)
“Estudié Derecho…
…y durante años trabajé en el ámbito empresarial, especializada en la gestión de ayudas de fondos europeos para compañías que invertían en I+D. Fue una etapa intensa y muy formativa: aprendí cómo funcionan las empresas por dentro, a ordenar procesos, a negociar y a gestionar con rigor. Ejercí hasta los 33 años. Mirándolo con perspectiva, fue una base muy valiosa para todo lo que vino después, aunque en aquel momento todavía no sabía que acabaría dando un giro tan grande hacia un mundo completamente distinto.
El cambio llegó como una necesidad vital. Sentía que mi etapa como abogada había terminado: ya no disfrutaba y yo no sé quedarme donde no siento que debo estar. Había aprendido muchísimo, sí, pero necesitaba hacer algo diferente, algo que me apasionara de verdad. Fue un impulso muy instintivo: decidí apostar por ello casi a ciegas, con el vértigo lógico, pero con la certeza interna de que me esperaba algo mejor. Cuando una decisión te devuelve ilusión, es difícil ignorarla.
El principal desafío fue romper con mi mundo y empezar de cero en el interiorismo, un sector desconocido profesionalmente, aunque era mi pasión desde siempre. Además, mi situación personal era delicada: tenía una niña pequeña y acababa de separarme. Lejos de frenarme, me empujó. Empecé reformando casas de amigos, luego de amigos de amigos, y así fui consolidando mi empresa poco a poco, rodeándome de buenos equipos. La clave fue aprender rápido, trabajar muchísimo y confiar en mi intuición.
Después llegó la crisis y, con 40 años, vi que el mercado residencial se frenaba: las casas ya no se reformaban como antes. Así que di otro salto: hoteles. Otro mundo, otro reto. Tras muchos “no”, llegó el primer “sí”, y después el segundo y el tercero. Años más tarde apareció el covid y volvió a tocar adaptarse. Con 51 años, junto a mi socio Carlos Fluixà, creamos Eco-One, una startup para hacer hoteles sostenibles en energía, formación, interiorismo y economía circular, además de una plataforma de productos sostenibles para el sector.
Todo ha merecido la pena por muchísimas razones. Es reconfortante sentir que he ido eligiendo cada pieza de mi puzzle, aunque eso haya implicado asumir riesgos y noches sin dormir. Hoy me siento en paz conmigo misma: hago lo que me gusta, he llegado a proyectos que jamás habría imaginado y he conocido a gente estupenda por el camino, muchas mujeres que también se lanzaron y están felices. Trabajamos muchas horas a la semana: hacerlo con entusiasmo es un lujo. Y te das cuenta de lo capaz que eres cuando confías.
El mejor consejo me lo dio mi padre cuando le dije que dejaba Derecho para apostar por el interiorismo: “Si crees en ello y te va a hacer feliz, da el salto. Tendrás que pelear, trabajar y resolver mil problemas, pero confía”. Tener ese apoyo te cambia la mirada. Así que diría: ve a por ello con máxima entrega, rodéate de buenos profesionales, aprende sin parar y no dejes que el miedo decida por ti. Si confías y peleas, la vida suele devolverlo con creces”.
Marta Huerva
Marta Huerva (Madrid, 1975) es emprendedora y creadora de Jabón y Papel, un proyecto cuidado al detalle que une estética, producto y una forma distinta de entender el consumo cotidiano. Tras una larga trayectoria en consultoría informática —un entorno técnico y estructurado— decidió dar el salto a un trabajo más personal y creativo. Hoy lidera su propia tienda, combinando organización y sensibilidad, y defiende la reinvención profesional como una oportunidad real a partir de los 50.
Marta Huerva. (Cortesía)
“He trabajado en distintos sectores…
…aunque la mayor parte de mi carrera la desarrollé en consultoría informática. Era un entorno técnico, exigente y muy estructurado, donde aprendí muchísimo: organización, análisis, responsabilidad y método. Fue una etapa positiva, con proyectos interesantes y grandes profesionales alrededor, pero con el paso del tiempo empecé a sentir que me faltaba algo más personal. Necesitaba incorporar una parte creativa y propia, algo que conectara más con lo que quería construir y con cómo quería vivir mi día a día.
No hubo un gran clic, sino una evolución. Sentía que esa etapa profesional se había cerrado y que, si quería probar algo propio, tenía que dejar de posponerlo. También, a nivel familiar, buscaba un ritmo distinto, más coherente con la forma en la que quería organizar mi vida. Fue una decisión meditada, nada impulsiva: reflexioné, valoré opciones y llegué a la conclusión de que ese era el momento. A veces el cambio no llega como un golpe, sino como una certeza que se va asentando.
El principal desafío fue asumir la incertidumbre. Pasar de un entorno estable a emprender implica aprender muchas cosas nuevas: comercio, marketing digital, redes sociales, gestión de tienda… y, además, convivir con la falta de certezas económicas. Dejas atrás un ingreso previsible y empiezas a vivir con la pregunta de “¿cómo irá este mes?”. La experiencia previa te da criterio, capacidad de organización y estructura mental para decidir, pero también aparecen situaciones nuevas que exigen respuestas rápidas, imaginación y una tolerancia al riesgo que se entrena sobre la marcha.
Ha merecido la pena porque hoy trabajo en algo que he construido yo. Me hace feliz y me permite organizar mi vida mucho mejor. Jabón y Papel es un proyecto muy cuidado, donde cada detalle tiene sentido, y eso me da una satisfacción enorme: poder tomar decisiones, ajustar el rumbo y ver cómo crece algo propio compensa el esfuerzo. Además, reinventarse te demuestra que la edad no es un límite, sino una etapa distinta desde la que empezar con más claridad y más recursos.
Mi consejo es: sé realista y planifica bien. Emprender no es fácil ni inmediato, pero tampoco es una locura si se hace con cabeza. La experiencia profesional suma mucho, aunque cambies de sector: te da disciplina, perspectiva y capacidad para sostener el proyecto. Y, sobre todo, que nadie se autodescarte por la edad. La edad no resta; suma. A veces lo único que hace falta es poner una fecha y decidir que ese es el momento de empezar”.
Silvia Delgado de Torres
Silvia Delgado de Torres (Madrid, 1970) es cofundadora de Iloema, un proyecto dedicado a recuperar y dar visibilidad a la artesanía textil española, conectándola con el arte contemporáneo. Junto a Teresa Muñoz-Rojas, Silvia impulsa colaboraciones entre artistas y talleres tradicionales de bordado de toda España, actuando como editora y comisaria de piezas textiles únicas. Su trabajo busca preservar técnicas históricas, apoyar a los artesanos y reconocer un patrimonio cultural que durante décadas permaneció en segundo plano.
Silvia Delgado de Torres. (Cortesía)
“Durante años desarrollé mi carrera profesional…
…en el sector audiovisual, después de haber tenido también una etapa vinculada al ámbito financiero. Tras vivir un tiempo en Estados Unidos, regresé a España y me incorporé a Paramount, donde trabajé con marcas como Paramount Comedy y MTV Networks. Más adelante pasé por RTVE y finalmente por Telefónica, siempre en áreas relacionadas con la estrategia y la gestión de contenidos televisivos. Fue un recorrido profesional muy enriquecedor que me permitió conocer el funcionamiento de grandes organizaciones y trabajar en proyectos muy diversos.
Con el tiempo empecé a sentir la necesidad de reenfocar mi vida profesional. Esa reflexión coincidió con una baja maternal que me dio el espacio necesario para pensar con calma qué quería hacer. En ese momento fueron decisivos dos apoyos: el de mi marido, que me animó a emprender, y el de Teresa, mi socia, con quien comparto una misma visión sobre lo que queríamos construir con Iloema. Tener a mi lado a alguien con quien compartir valores, sensibilidad y ambición fue clave para dar ese clic definitivo.
Los comienzos fueron bastante inciertos. Veníamos de experiencias profesionales muy distintas y el principal desafío fue encontrar el nicho que nos permitiera cumplir el objetivo que nos habíamos marcado: evitar que la tradición histórica y cultural del bordado en España se perdiera. Decidimos posicionar a Iloema como una editora de piezas de arte textil que surgen de la colaboración entre artistas contemporáneos y bordadores tradicionales. Encontrar bordadoras fue un proceso largo que nos obligó a viajar mucho e insistir.
Con el tiempo empezaron a llegar los pequeños momentos que te confirman que el esfuerzo merece la pena. Recuerdo especialmente una exposición en la que participábamos: una de las bordadoras con las que trabajamos enseñó a su hija uno de los manteles que había bordado. Su hija, que es cirujana en un hospital importante, le dijo que la admiraba profundamente. Ese día sentí que todo el trabajo tenía sentido. Hoy vivimos un momento de reconocimiento del arte textil, de lo hecho a mano y de la artesanía con diseño, y es emocionante pensar que Iloema ha podido contribuir, aunque sea con un pequeño grano de arena.
A cualquier mujer que esté pensando en emprender le diría que se lance. Habrá momentos difíciles y otros profundamente gratificantes, y ambos forman parte del camino. Es fundamental rodearse de las personas adecuadas, construir un buen equipo y compartir la visión con quienes pueden ayudarte a hacerla realidad. Contrastar ideas, aprender de otros y apoyarse mutuamente hace que el proceso sea mucho más sólido y enriquecedor”.
Teresa Aguirre
Teresa Aguirre (San Sebastián, 1973) es experta en comunicación y marketing audiovisual y fundadora de Aguirre, la neotaberna en Pozuelo de Alarcón inspirada en la tradición gastronómica vasca. Tras más de dos décadas en grandes grupos de televisión —donde trabajó en el posicionamiento de canales como Nickelodeon, Paramount Comedy, Canal Cocina o Decasa y fue directora de marketing en AMC Networks— decidió dejar el mundo corporativo para emprender un proyecto propio que conecta con sus raíces donostiarras y con la cultura de la buena mesa que marcó su infancia.
Teresa Aguirre. (Cortesía)
“Durante más de veinte años desarrollé...
…mi carrera en el sector audiovisual, concretamente en la televisión de pago. Comencé en el Grupo Viacom, en el departamento de marketing, y, años después, me incorporé a AMC Networks, donde terminé dirigiendo el marketing de varios canales, entre ellos Canal Cocina. Mi trabajo consistía en gestionar las marcas, definir su posicionamiento estratégico y liderar la promoción de sus contenidos para maximizar audiencia y valor. Era un entorno muy exigente y competitivo, pero también tremendamente estimulante, en el que aprendí a trabajar con objetivos ambiciosos, grandes presupuestos y equipos multidisciplinares.
La idea de montar un negocio de hostelería me acompañaba prácticamente desde que terminé la universidad. Siempre estuvo ahí, como una intuición latente. Pero mi carrera profesional me apasionaba y, además, tenía dos niños pequeños, así que emprender no parecía la decisión más prudente. Durante años convivieron esas dos realidades: una trayectoria sólida y una inquietud que no desaparecía. Tras la pandemia surgió la oportunidad de acceder al local que hoy es Aguirre y sentí que todas las piezas encajaban. Necesitaba un reto nuevo y, sobre todo, no quería pasar el resto de mi vida pensando que no lo había intentado por miedo.
El principal desafío fue, sin duda, la fase inicial: diseñar el espacio y desarrollar la obra. Tenía que decidir la distribución de la barra, los flujos de trabajo, la ubicación de la maquinaria o el tipo de cocina sin haber vivido antes la operativa diaria de un restaurante. Fue un proceso de aprendizaje acelerado, de escuchar mucho y observar. Curiosamente, la parte estratégica —el plan de negocio, el desarrollo de marca o la propuesta de valor— me resultaba mucho más natural. Lo realmente complejo fue aterrizar la idea en metros cuadrados, enchufes, cámaras frigoríficas y turnos de personal.
Ha merecido la pena porque este proyecto conecta directamente con mis raíces. Soy donostiarra y nieta de un cocinero muy reconocido, y todo aquello que mamé —la cultura de la buena mesa, el respeto por el producto y la excelencia en el servicio— hoy se materializa en Aguirre. Siento que mi aitona (abuelo) está presente en mi manera de trabajar y entender la hospitalidad. Además, he cambiado un estilo de vida marcado por agendas imposibles y correos infinitos por otro más auténtico, centrado en crear, construir y formar un equipo del que me siento profundamente orgullosa.
A cualquier mujer que esté pensando en emprender a partir de los 50 le diría que reflexione bien y que haga muchos números. Soñar es necesario, pero emprender exige rigor: entender costes, márgenes, inversión y posibles escenarios. También recomendaría formarse todo lo posible y cultivar una curiosidad real por el sector en el que se quiere entrar. Y, sobre todo, hablar con quienes ya han recorrido ese camino. Yo pregunté mucho y recibí el apoyo generoso de grandes profesionales de la hostelería, algo por lo que siempre estaré agradecida”.
Chelo Gámez
Chelo Gámez (Málaga, 1945) es economista, catedrática de la Universidad de Málaga y fundadora de Dehesa Monteros. Tras más de cuatro décadas dedicadas a la docencia y la investigación en macroeconomía, decidió reinventarse al jubilarse y emprender un proyecto singular en la Serranía de Ronda: producir jamón ibérico de bellota cien por cien ibérico con un enfoque que combina tradición, conocimiento científico y profundo vínculo con el territorio. Hoy es todo un referente del sector.
Chelo Gámez. (Cortesía)
“Desde que terminé la carrera de Económicas, con 22 años…
…toda mi vida profesional estuvo ligada a la universidad. Entré como profesora ayudante en la Universidad de Málaga y durante más de cuarenta años me dediqué a estudiar, investigar y enseñar macroeconomía. Mi día a día transcurría entre aulas, alumnos y congresos: escribía artículos, participaba en coloquios, dirigía tesis doctorales y asistía a encuentros académicos. Era un mundo muy estimulante intelectualmente y me permitió desarrollarme plenamente como profesora e investigadora hasta alcanzar la cátedra.
Mi cambio de rumbo llegó por una suma de circunstancias personales. Me jubilé anticipadamente con 60 años y, poco después, enviudé. En ese momento supe que no quería una vida tranquila sin más: necesitaba seguir siendo productiva y sentir que aportaba algo. Fue entonces cuando apareció un sueño. Siempre he estado enamorada de la Serranía de Ronda y pensé que sus ibéricos, prácticamente desconocidos, podían competir en calidad con los mejores del mundo. Aquella idea me llevó a lanzarme al mundo empresarial para crear un jamón excelente y diferente que resaltara ese territorio.
El mayor desafío fue empezar desde cero en un sector que desconocía. Venía del mundo académico y tenía claro que la clave estaba en la diferenciación. La Serranía de Ronda tiene unas condiciones únicas: no son dehesas planas, sino montes adehesados con una orografía exigente que obliga al cerdo a moverse más, lo que favorece la infiltración de grasa y mejora la calidad de la carne. A eso se suma una alimentación muy cuidada y una premontanera de castañas antes de la montanera de bellota, algo poco habitual. La castaña aporta un matiz más dulce y un alto contenido oleico que convierte el producto en algo verdaderamente singular.
A lo largo de mi carrera universitaria ya había roto muchas barreras, llegando a ser catedrática en una época en la que no era habitual para una mujer. Pero emprender a los 61 años supuso otra forma de realización personal. Antes era “Chelo Macro”, la profe de macroeconomía; ahora muchos me conocen como “Chelo la de los jamones”. Y, sinceramente, esta segunda etapa ha sido fundamental en mi vida. Me ha demostrado que una mujer puede seguir creando, aportando y siendo útil a la sociedad a cualquier edad. Cuando tienes un sueño claro y trabajas con empeño, es posible hacerlo realidad.
A cualquier mujer que a los 50 años se plantee empezar algo nuevo, le diría que primero piense bien qué le gustaría conseguir. Que lo estudie, que lo planifique y que analice si es viable. Y, si realmente lo ve claro, que se lance, aunque no sepa nadar. Que ponga todo su esfuerzo, que busque asesoramiento si lo necesita y que no se rinda ante las dificultades. Innovar y reinventarme me ha dado una vida más completa. Ha supuesto mucho trabajo y también mucho cansancio, pero sobre todo una enorme satisfacción. Hoy soy más feliz gracias a este proyecto, que además me permite trabajar junto a mi familia y disfrutar del campo que siempre me ha apasionado”.
Gabriela Alcorta
Gabriela Alcorta (Vitoria, 1963) es interiorista y empresaria. Fundadora de Berria, el sofisticado wine bar situado frente a la Puerta de Alcalá de Madrid, ha trasladado a su proyecto una visión del lujo basada en el detalle, el diseño y el servicio. Con años de experiencia en Loewe y una fuerte sensibilidad artística, en Berria combina interiorismo y cultura del vino con una ambiciosa carta de miles de referencias y un equipo de sumilleres dirigido por el gran Mario Ayllón. Su objetivo: convertir el vino en una experiencia completa.
Gabriela Alcorta. (Cortesía)
“Estudié Diseño de Interiores en Bilbao…
…y desde muy joven trabajé en Vitoria en todo lo que tuviera que ver con la creatividad. Hacía pendientes, pasaba planos para tasaciones, daba clases de proyectos, asesoraba en decoración o montaba escaparates. No era fácil encontrar un trabajo fijo, así que aprendí pronto a reinventarme y a aprovechar cada oportunidad. Más tarde me trasladé a Madrid para incorporarme a Loewe como decoradora escaparatista en la tienda de Gran Vía. Allí tuve la suerte de formar parte de un equipo con gran experiencia, del que aprendí la importancia de la excelencia en el trabajo bien hecho. También superé mi timidez y aprendí a relacionarme con seguridad. De aquella etapa me quedó grabada una idea que siempre me ha acompañado: ofrecer al cliente un trato diferente.
Por motivos personales pedí una excedencia y dediqué varios años al cuidado de mis hijos. Fue un tiempo distinto, más íntimo, en el que la pintura —que siempre ha formado parte de mi vida— volvió a ocupar un lugar central. También tuve la oportunidad de seguir formándome gracias a una beca que me permitió profundizar en mi faceta creativa y continuar creciendo en ese terreno.
Hace cinco años nació Berria como un proyecto familiar en el que nos implicamos al cien por cien. Partíamos de cero y, sin venir del mundo de la hostelería, abrimos un local en un lugar tan emblemático como la Puerta de Alcalá. En apenas mes y medio se desarrolló todo el proyecto: fueron semanas intensas, llenas de trabajo, decisiones y muchísima ilusión. Aquellos comienzos marcaron el espíritu de esfuerzo y dedicación que hoy sigue definiendo lo que somos.
Esta vez era diferente, porque trabajábamos junto a un equipo joven, preparado y entusiasta que también aportaba su experiencia y su energía. Ese intercambio entre generaciones ha sido clave para que el proyecto crezca y se consolide. Crear algo especial, ver que es reconocido y mantener intacta la ilusión del primer día ha sido una experiencia extraordinaria. Además, me ha permitido descubrir un mundo nuevo, lleno de aprendizajes.
Si algo define mi trayectoria es la capacidad de adaptarme a cada etapa de la vida, trabajar con constancia y transmitir que hago aquello que realmente me gusta. Intento ser práctica y no mirar atrás: cada momento tiene su sentido y hay que vivirlo con intensidad. Las oportunidades aparecen cuando menos lo esperas, y lo importante es estar preparada para reconocerlas y aprovecharlas.
Empezaremos con una declaración de lo más esclarecedora perteneciente a una de las ejecutivas más influyentes de la televisión en nuestro país. “Respecto a la edad, España tiene un problema gravísimo: se considera que a partir de los 50 te has quedado obsoleto. Yo tengo la inmensa suerte de trabajar en una compañía americana donde la experiencia es un valor irrenunciable. Cuando nos compraron, yo tenía 52 años y, lejos de despedirme para sustituirme por alguien más joven, me dieron el mercado latinoamericano. Ellos entienden que la sabiduría y la seguridad que te dan los años no se aprenden en un máster”. Quien esto afirma es Mandi Ciriza (Madrid, 1961), vicepresidenta senior de canales lifestyle de España y Latinoamérica de AMC Networks.