Nerea Barros vuelve con ‘La Nena’: “Antes de la serie, no conocía a Carmen Mola porque soy rara con la lectura”
La actriz gallega, que ganó un Goya gracias a 'La Isla Mínima', ya un clásico moderno de nuestro cine, vuelve a meterse en la piel de la inspectora Elena Blanco y nos cuenta los entresijos de esta adaptación dirigida por el andaluz Paco Cabezas
‘La Nena’ nos devuelve este domingo, gracias a Atresplayer y a Disney+, el universo de los libros de Carmen Mola, llevados al mundo de las series por parte de un Paco Cabezas en estado de gracia. El director ha sabido respetar y potenciar los aspectos más simbólicos de la obra literaria y trasladarlos al audiovisual.
Nerea Barros retoma el personaje de la inspectora Elena Blanco en una tercera entrega en la que “la trama se divide y el papel de Lucía también es brutal: ella recoge esa revancha que tenía que llevar a cabo Elena. Hay una especie de división entre las dos, como dos caras de la misma moneda”, según nos cuenta la propia actriz.
La ganadora de un Goya por ‘La Isla Mínima’ se ha convertido en una de las actrices más destacadas de nuestro audiovisual y la trilogía que completan ‘La novia gitana’ y ‘La red púrpura’ la ha convertido en una verdadera estrella.
De sus inicios, de su acento gallego o de las diferencias entre el cine y la televisión nos habla en esta extensa entrevista.
Pregunta. ¿Tú eras fan de Carmen Mola antes de esta serie?
Respuesta. Pues no la conocía, la verdad, pero también es porque soy un poco rara con la lectura. Desde muy pequeña, o quizá desde los 18 o 20 años, pasé de leer novelas, o incluso clásicos, a decantarme hacia los ensayos y los libros de pensamiento, de cine y de teatro.
Tengo la mala costumbre de que las novelas me llegan porque me las regalan. Me dicen: “Ay, que es muy bueno, léetelo”. Pero, si no, de repente tengo a Bertolt Brecht, obras inacabadas, o a Tarkovski, o a Fellini, o a Robert Bresson, John Berger… Ese tipo de lecturas. Por eso no conocía a Carmen Mola.
P. Tú has vivido de primera mano la manera de trabajar de Paco Cabezas y, además, él viene de una trayectoria muy marcada por el género. ¿Qué crees que ha aportado a esta tercera entrega?
R. Creo que Paco tiene una mezcla de dos cosas muy interesantes. Una es que, cuando viene a España, viene a hacer lo que le gusta. Entonces siempre pone muchísima pasión en su trabajo. Aquí se siente él, siente que está haciendo algo en su casa, y le pone muchísimo corazón y todas las horas posibles. No escatima nada.
Y luego trae esa factura que ha ido generando, aprendiendo y trabajando fuera: esa belleza del horror, esa belleza de lo oscuro, esa forma de encontrar una cinematografía muy concreta.
Pero, al mismo tiempo, tiene una base muy auténtica. Es un niño de un barrio muy obrero de Sevilla y eso está ahí. Es muy verdadero. Muy auténtico.
P. Da la sensación de que en esta tercera temporada ha habido una apuesta muy fuerte.
R. Muy fuerte por parte de Atresmedia, Diagonal y Buendía Studios. Normalmente, cuando una serie tiene varias temporadas, suele pasar que todo va bajando: baja el coste, baja el presupuesto, se abaratan cosas. En la primera se pone todo, pero en la segunda y la tercera ya no suele ser igual.
Y aquí no ha pasado eso. Hemos tenido el privilegio de rodar con ese nivel en la primera, la segunda y la tercera. Sientes que vas a hacer algo como un tren que va a toda máquina. Eso hace que la tercera se convierta en la mejor de todas.
P. Tu primera película, si no me equivoco, también se titulaba 'Nena'. ¿Te hace gracia esa coincidencia con ‘La nena’?
R. Sí, claro. ‘Nena’ fue la película que me dio el valor para decirle a todo el mundo que quería ser actriz, algo que había ocultado durante muchos años, por vergüenza, por no saber muy bien qué era esa vocación ni por qué la tenía. Me sentía muy pequeña, porque no tenía a nadie en mi familia que fuera actor o actriz, y al final lo único que tenía era que alguien me encontrara.
Entonces mi ‘Nena’ fue ese detonante. Y esta ‘Nena’ siento que es como un lugar grande, algo que abre otra etapa en una carrera actoral y profesional.
P. Hace años, parecía que los actores de cine miraban por encima del hombro a los de televisión. ¿Tú te quedas con algún medio de los dos?
R. No, claro. Es como si me preguntas por el teatro. Para mí ya es impensable dividir entre cine y series, porque las series hace tiempo que pegaron un salto tremendo a nivel de factura. Tú ves los capítulos de ‘La nena’ y cada capítulo es una película en sí misma, por muchos factores. Ahora mismo estoy rodando otra cosa y es lo mismo. Es una maravilla poder rodar a ese nivel.
Las películas tienen algo muy de todo o nada. Desde el momento en que te dicen que tienes ese papel, tienes que ponerte a trabajar en ese personaje durante meses de preproducción. Y luego llega ese mes de grabación en el que hay que darlo todo.
En la serie, lo maravilloso es que el personaje vive, evoluciona con tiempo.
P. El teatro también es muy exigente.
R. Sí, muchísimo. Son muchas funciones, muy desgastantes, porque te dejas toda la energía que tienes en ese momento. Pero a la vez eso es adrenalina. Yo creo que, en general, actuar es adrenalina, porque en cuanto dan acción es adrenalina pura. Pero el teatro es la adrenalina en su estado más positivo.
P. Hablando de interpretación, nos acordamos mucho de tus primeros planos en ‘La isla mínima’. No hacía falta ni diálogo. ¿Ha cambiado mucho la Nerea Barros que ganó un Goya en 2015 respecto a la de 2026?
R. Uf, muchísimo. Yo creo que en cualquier artista la evolución creativa y artística está totalmente relacionada con la evolución personal. Hay una simbiosis ahí. A medida que evolucionas personalmente, también maduras a nivel artístico.
Es una profesión que te exige eso: si no evolucionas, te paras, te bloqueas o te acomodas.
P. ¿Y hasta qué punto algunos personajes se quedan contigo?
R. Sí, claro. Pero también es precisamente eso lo que nos gusta. Es maravilloso poder construir una persona; de hecho, a veces me gusta dejar de llamarlos personajes y empezar a llamarlos personas, porque son personas que tú creas dentro de ti. A lo mejor se mueven distinto a ti, miran distinto a ti, sienten distinto a ti, pero con tus sentimientos. Los sentimientos son los mismos, pero de repente afrontan las cosas de una manera diferente a como las afrontas tú.
P. Tú eres gallega, vienes de fuera de los grandes centros de la industria. ¿Crees que sigue costando más hacerse hueco cuando vienes de fuera o eso ya no está tan centralizado?
R. Ahora ya no está tan centralizado. Hay provincias muy potentes a nivel de industria cinematográfica. Galicia es una de ellas, País Vasco es otra, incluso Aragón se está sumando, y Barcelona ya lo era. También Valencia y, por supuesto, Andalucía.
Andalucía, por ejemplo, me recuerda mucho a Galicia en ese aspecto: hay un gran germen de cineastas, de actores y de técnicos. Galicia tiene unos técnicos increíbles.
Creo que ahora todo está un poco más mezclado gracias a que la industria se ha diversificado.
P. ¿Y con el acento? ¿A ti alguna vez te han dicho que tenías que cambiarlo?
R. A mí directamente no me lo han dicho, pero por desgracia eso sí ocurre. Y sigue ocurriendo. Justamente ayer escuché una historia parecida: un actor estaba haciendo algo y la directora le decía que lo notaba raro. Al final se dieron cuenta de que se había quitado el acento porque su representante le había dicho que, para ese trabajo, era mejor hacerlo así. Y la directora le dijo: “Yo te he pillado porque eres andaluz, y si te quitas el acento sin una razón, lo que haces es matar toda la verdad que tienes”.
Tenemos una diversidad cultural maravillosa, que suma, no resta. Y tenemos que dejar de pensar también que, si contratamos a una persona negra o a un latinoamericano, solo pueden hacer determinados papeles. La sociedad está diversificada, y con los acentos pasa lo mismo.
P. ¿Tú tienes experiencias personales con el tema?
R. A mí me pasó al principio. Sentía que, por mi acento gallego, solo me daban papeles relacionados con algo gallego o portugués. Entonces me di cuenta de que no tenía que anular mi acento, porque mi acento y mi lengua gallega los amo y están en mi sangre, son lo más telúrico y más del corazón que tengo. Pero sí entendí que, si un personaje me pide otro acento, lo haré.
En ‘La isla mínima’, por ejemplo, nadie me obligó a modificarlo. De hecho, desde el propio personaje decidieron que Antonio de la Torre había ido a pasar una temporada a Galicia, se había enamorado de Rocío y se la había llevado con él. Entonces yo entendí que esa mujer, después de veinte años viviendo allí, había adquirido por contacto y contagio parte del acento andaluz. Pero eso ya es una construcción desde el respeto.
P. Si tuvieras una máquina del tiempo y volvieras a la Nerea que empezaba, a la que rodaba 'Nena', ¿qué consejo te darías?
R. Me daría muchos, pero sobre todo uno: no tienes que hacer mucho. Relájate, siéntete, y con estar tranquila, en el aquí y el ahora, todo sale. Me diría: relájate, estate tranquila y confía. A partir de ahí ya irá llegando todo. Cuando estás delante de la cámara, lo más importante es la relajación, no la mirada externa.
P. Entonces, ¿crees que interpretar es algo innato?
R. No, es algo que tienes que trabajar muchísimo. Actuar lleva consigo mucho trabajo y mucho entrenamiento. Pero un niño, como yo cuando empecé a los 13 años, no tiene que saber nada. Si te cogen, te cogen por lo que tú eres. No tienes que hacer un personaje ni entender qué es la actuación. Solo tienes que dejarte llevar y estar.
Luego, a medida que maduras y entrenas, vas entendiendo qué es actuar y cuáles son tus responsabilidades. Y sobre todo hay que entender si tienes realmente esa vocación. Porque a veces no es vocación, sino ganas de exposición pública, o te gusta lo que ves desde fuera. Hay que ver si esa pulsión es real.
P. Y, sin embargo, en la pandemia recuperaste tu faceta sanitaria.
R. Sí. Eso viene de mi padre. Yo siempre he sabido que quería ser actriz, pero claro, existe esa idea de que ser actriz está muy bien como hobby, aunque tengas que tener algo seguro. Y lo entiendo: los padres se preocupan y quieren que sus hijos tengan estabilidad.
Mi padre quería que hiciera Medicina, pero Medicina era en realidad su vocación, la que él no pudo desarrollar por la época, por el tiempo y por las necesidades. Entonces me la transmitió a mí. Y eso es algo muy humano: dar a tu hijo lo que tú querías para ti, aunque quizá tu hijo necesite otra cosa.
Como Medicina era larguísima, acabé estudiando Enfermería. Y la Enfermería me ha dado muchísimo, porque me ha colocado en lugares tremendos del ser humano, lugares de muchísima empatía, donde observas muchísimo.
P. ¿Y qué recuerdas de aquel momento de la pandemia?
R. Durante la pandemia yo estaba rodando un documental sobre todo lo que estaba pasando en Madrid desde el minuto uno, junto con Hernán Zin. No sufrí confinamiento como tal porque estaba rodando.
Ahí entré en residencias de ancianos y me estaba reventando todo lo que estaba ocurriendo. Viendo que había muy pocos profesionales trabajando porque muchos se habían puesto enfermos, decidí entrar a una residencia, sin tener ni idea de geriatría, porque yo estaba especializada en cuidados intensivos y neonatos.
Viví momentos muy delicados, pero también muy increíbles, porque descubrí algo alucinante: las personas mayores de este país, de quienes tenemos que aprender una barbaridad.
P. Tú estuviste hace años en ‘El tiempo entre costuras’. ¿Tienes ganas de ver ‘Sira’, la secuela que ya se está rodando?
R. Sí, claro, tengo muchísimas ganas de ver ‘Sira’. Me habría encantado estar dentro de la serie y estoy deseando ver qué nos depara esta nueva etapa.
‘La Nena’ nos devuelve este domingo, gracias a Atresplayer y a Disney+, el universo de los libros de Carmen Mola, llevados al mundo de las series por parte de un Paco Cabezas en estado de gracia. El director ha sabido respetar y potenciar los aspectos más simbólicos de la obra literaria y trasladarlos al audiovisual.