Carlos Carnicero, reconocido periodista, falleció el martes en su domicilio de Madrid, donde vivía junto a su esposa, Niurka. Su hijo, que se encontraba trabajando en Bruselas, viajó a la capital para despedirlo. El velatorio se celebrará el miércoles en el tanatorio de la M-30. Asimismo, quienes le conocían desde hace años eran conscientes de su frágil estado de salud. “Se cuidaba poco, pero en los últimos años se había tomado en serio conservarse. Le costaba mucho perder peso, aunque lo intentaba. Era un gourmet y le encantaba comer”, recordaron compañeros de la revista Tiempo.
Llegó al semanario procedente de San Sebastián, donde residía junto a Carmen, madre de su único hijo, Carlos. En aquella etapa trabajaba como corresponsal político para la incipiente revista dirigida por Julián Lago. Sin embargo, la creciente inseguridad le obligó a replantearse su permanencia en el País Vasco, ya que el riesgo de ser secuestrado o tiroteado era real. Eran tiempos en los que ETA asesinaba casi a diario, y su labor periodística comenzó a resultar incómoda para muchos. A ello se sumaba su vínculo familiar con el político socialista José María ‘Txiki’ Benegas —ministro en el gobierno de Felipe González—, quien también tuvo que abandonar la región por razones de seguridad.
Portada del libro de Carlos Carnicero. (VA)
Carlos apareció un día en la redacción de Tiempo y rápidamente se ganó el cariño de sus compañeros. Grandote y bonachón, siempre encontraba un momento entre exclusiva y exclusiva para invitar a desayunar en la cafetería Helen o en un restaurante vasco cercano al paseo de la Castellana, donde se ubicaba la redacción. Del primero decía que servían la mejor tarta de zanahoria, y del segundo, que preparaban el changurro como en el norte. Uno de sus rasgos más característicos era su habilidad para hacer divertidas las reuniones de contenido. “Era capaz de contar historias y chascarrillos que le habían sucedido, aunque creemos que algunas las recreaba”, recuerdan compañeros de aquellos primeros años en Tiempo y en la SER, donde también colaboró durante mucho tiempo.
Un viaje a Nueva York junto a Marisa Perales y Roseta Campos, colegas suyas, se convirtió durante meses en fuente inagotable de anécdotas compartidas por los tres. A pesar del tiempo pasado, la noticia de su fallecimiento hizo que sus amigas recordaran con cariño aquellos días en la ciudad. “Era un hombre muy culto, pero nunca alardeaba de sus conocimientos; los compartía con naturalidad y siempre resultaba ameno”, destacan. Otro de los rasgos que más le definía era su generosidad. “Carlos, tienes un agujero en el bolsillo”, solían decirle en tono de broma, y él respondía con una sonrisa.
El diputado socialista Txiki Benegas. (EFE)
Profesionalmente, Carlos Carnicero era un periodista excepcional, meticuloso hasta el extremo. No permitía que sus textos o investigaciones se publicaran sin haber confirmado la información a través de, al menos, cuatro fuentes distintas. Esta exigencia lo llevaba, en ocasiones, a chocar con los tiempos de cierre. Cuando el director le decía: “Carlos, ya lo tenemos asegurado también por nuestra parte”, él respondía con firmeza: “Pues entonces lo firmáis vosotros”, manteniéndose fiel a sus principios. Esa integridad le granjeó siempre un profundo respeto entre sus compañeros. Sus reportajes, muchas veces duros con los poderosos, pero no temía sus represalias.
El empresario José María Ruiz-Mateos. (EFE)
Carlos vivió varios episodios periodísticos complejos, y uno de los más recordados tuvo como protagonista a José María Ruiz-Mateos. Tras la expropiación de RUMASA, el empresario huyó de España, primero a Londres y luego a Frankfurt. Hasta esta última ciudad viajó Carnicero acompañado de la fotógrafa Queca Campillo, con el objetivo de traerlo de vuelta a Madrid sin que se supiera. Sin embargo, al abordar el avión, las autoridades alemanas intentaron bajarle alegando irregularidades en su pasaporte. En ese momento, el periodista reaccionó con rapidez: organizó un motín a bordo para que el empresario y el resto de los pasajeros pudieran iniciar el vuelo. No existían móviles entonces, pero sí llevaba consigo un magnetofón, que activó para dejar constancia de lo ocurrido. La operación resultó un éxito, y Ruiz-Mateos terminó siendo portada de Tiempo.
En otra ocasión, el destino no estuvo de su lado. Durante el secuestro del empresario Emiliano Revilla a manos de ETA, Carlos Carnicero acudía cada tarde-noche al domicilio familiar en la plaza de Cristo Rey. Allí se reunía con su amigo y colega Jesús Álvarez, esposo de Margarita Revilla, y con otros familiares, sin faltar un solo día, brindando apoyo y ánimo en momentos tan difíciles. Sin embargo, la casualidad quiso que la noche en que Revilla fue liberado, Carnicero no pudiera acudir. Ese detalle lo marcaría profundamente y siempre lo recordaría, hasta el punto de incluirlo en su último libro, ‘Exprimiendo la vida. Itinerarios vitales de un periodista de izquierdas’. Para dar forma a esas memorias, que también son parte del legado emocional de quienes compartimos con él tantas horas de redacción y camaradería, contó con la ayuda de dos grandes amigos: Luis Díaz Güell y Luis Sánchez Bardón. Adiós, amigo.
Carlos Carnicero, reconocido periodista, falleció el martes en su domicilio de Madrid, donde vivía junto a su esposa, Niurka. Su hijo, que se encontraba trabajando en Bruselas, viajó a la capital para despedirlo. El velatorio se celebrará el miércoles en el tanatorio de la M-30. Asimismo, quienes le conocían desde hace años eran conscientes de su frágil estado de salud. “Se cuidaba poco, pero en los últimos años se había tomado en serio conservarse. Le costaba mucho perder peso, aunque lo intentaba. Era un gourmet y le encantaba comer”, recordaron compañeros de la revista Tiempo.