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Jaime de los Santos y Ana Milán, desayuno para dos en Madrid
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Jaime de los Santos y Ana Milán, desayuno para dos en Madrid

El diputado del PP y la actriz son íntimos amigos. Vanitatis comparte con ellos una mañana hablando de su relación, sus desencuentros ideológicos y, sobre todo, del nuevo libro de Jaime sobre el genial Caravaggio

No ha terminado aún el mes de octubre cuando Jaime de los Santos y Ana Milán permiten a este medio entrar en uno de los rituales que mantienen como amigos: largos desayunos en los que golpean, amasan y deforman la actualidad —cada uno tirando hacia un lado— hasta conseguir sabrosos desencuentros. Al que se celebra hoy en casa de De los Santos, un piso frente en el centro de Madrid lleno de obras de arte, han invitado a Vanitatis, que atiende en silencio la conversación mientras esconde en el bolsillo trasero el guion que había preparado. No va a hacer falta. El diputado del Partido Popular y la actriz son ferozmente amigos, y las cosas las tienen ya muy habladas. La versión que ofrecen hoy es un resumen ignífugo de esa relación, al calor de la nueva novela de De los Santos, 'El evangelio según Caravaggio' (Contraluz Editorial).

“Yo no recuerdo exactamente cuándo nos conocimos, pero sí recuerdo el día que te empecé a querer”. Ana Milán, larga como un día sin pan, rotunda en su forma de estar en el mundo, comienza la conversación. “Es que es muy difícil no querer a alguien que te enseña tanto”.Se conocieron en una gala de premios, pero la primera foto de su amistad se tomó cuando De los Santos era consejero de Cultura de la Comunidad de Madrid y Ana presentó la Semana del Cortometraje. “Su labor en esa consejería fue muy importante, y los que nos sentíamos alejados de tu partido político nos dimos cuenta”, concede la intérprete alicantina.

placeholder  Jaime De los Santos y Ana Milán, en un momento del desayuno.
Jaime De los Santos y Ana Milán, en un momento del desayuno.

—Si hay algo que a ti y a mí nos une es que tenemos algunas creencias parecidas y otras nada que ver, pero nos hemos nutrido, nos hemos empapado de esas diferencias, algo que está faltando a día de hoy.

¿Cómo creces si solamente te mezclas con los que piensan como tú? Es que no lo puedo entender. ¿Y en qué momento en este país dejamos de hacerlo?.

— Desgraciadamente, he tenido que vivir en algunas ocasiones rodeado de muros, no solo los que me ponía la sociedad por ser un chaval de 13 años al que le gustaban los niños, sino también los que me ponía yo mismo. Y ahora veo que toda esta trifulca pública se está utilizando para generar dos formas de transitar por la vida irreconciliables. Me genera mucha tristeza. Mi paso por la Consejería de Cultura me permitió conocer a personas como tú, que cuando hablo de mi fe y te digo que soy católico me haces preguntas, me cuestionas, me haces crecer.

— Es que es muy importante argumentar sin que haya herida. Yo no quiero convencerte, quiero entenderte.

placeholder Un detalle de la abundante bibliografía sobre Caravaggio que hay en casa de De los Santos.
Un detalle de la abundante bibliografía sobre Caravaggio que hay en casa de De los Santos.

Ambos comparten el mismo concepto de la amistad, basado en la vieja y denostada lealtad. “Creo que el 90 % de nuestra relación se basa en la sensibilidad y el sentido del humor. Tú te has reído de mí, yo me he reído de ti. Juntos nos hemos reído del mundo, de la vida, de la cantidad de cosas que pasan, y luego hemos llorado juntos. Nos hemos contado lo que nos duele, lo que nos hiere. Hace relativamente poco recuerdo un mensaje de alguien que ponía: ‘Cuidado con ella, que es amiga de Jaime de los Santos, será de ese lado’. Creo que ese día te llamé por puritita amistad rabiosa”.

—Tú siempre me dices cuándo me equivoco.

placeholder  Ana Milán y Jaime De los Santos bajan las escaleras del Museo del Prado.
Ana Milán y Jaime De los Santos bajan las escaleras del Museo del Prado.

Ambos se enredan en esa obviedad de que se puede tener una relación auténtica con alguien que piensa diferente. En su caso, las ideas políticas o la religión son su escenario para la batalla (dialéctica). “¿Cuánto nos hemos cuestionado el uno al otro?”, se preguntan, con un deje de orgullo. “En política yo te he pedido muchas explicaciones y siempre me las has dado de una manera honesta. Eso va a hacer que siempre sea tu amiga. Me gusta estar contigo, viajar contigo, desayunar contigo, reírnos, ir a un museo. No puedo soportar que no me hayas leído una sola página de tu nuevo libro sobre Caravaggio”, lanza Milán, introduciendo el asunto que nos ha traído hasta aquí.

'El evangelio según Caravaggio' es una monumental novela basada en la biografía del genial pintor, en la que también se establece un cierto juego de espejos con la vida de Pier Paolo Pasolini, de cuya misteriosa muerte se cumplen ahora 50 años. A lo largo de más de 600 páginas, De los Santos hace un retrato al ácido de la Roma de aquellos años, de los bajos fondos, la nobleza, el clero y de cómo la mediocridad suele ser siempre más tenaz en su poder destructivo que la genialidad. A partir de ahora, Ana y Jaime hablarán de esto, como si fuera una mañana cualquiera en la que el maestro alecciona a su alumna.

— La ciudad donde hay más Caravaggios es Roma, y en su mayor parte están colgados en el lugar para el que fueron concebidos: en San Luis de los Franceses, en Santa María del Popolo, en San Agustín…

placeholder  Los amigos, comentando 'David vencedor de Goliat', de Caravaggio, en el Prado. Derecha, un detalle del cuadro
Los amigos, comentando 'David vencedor de Goliat', de Caravaggio, en el Prado. Derecha, un detalle del cuadro

—¿Por qué es tan importante que una obra esté en el sitio para el que fue concebida?

— Porque es una dramatización teatral. Piensa en ese Michelangelo Merisi que está en San Luis de los Franceses pintando 'La vocación de San Mateo', el martirio de San Mateo y al propio arcángel siendo insuflado por un ángel de Dios, en una capilla muy pequeña, con una iluminación cenital. Está en penumbra y entre olores de lo más variopinto: no solo el aroma del incienso o el de las velas, sino el de cientos de peregrinos, cada uno con su olor. Estamos hablando de una experiencia total. En medio de todas esas realidades sensoriales ves que Caravaggio ha pintado los pies de San Mateo llenos de durezas, ha ennegrecido sus uñas, porque es un hombre del pueblo, de la calle. En eso, la mirada de Caravaggio y la de Pasolini son iguales. Miran al desfavorecido sin paternalismo, simplemente presentándolo al mundo.

—Cuéntame algo de cómo fueron sus comienzos.

placeholder  Un momento del paseo hacia el Museo del Prado.
Un momento del paseo hacia el Museo del Prado.

—Sitúate: un pintor muy joven que nace en Milán y llega a la Roma de los papas, siglo XVI. Cuando llega, se queda absolutamente alucinado con esa ciudad. Tenía aproximadamente 120.000 ciudadanos, de los cuales 100.000 eran hombres y, de las 20.000 mujeres, prácticamente la mitad eran prostitutas. Era una sociedad especialmente masculinizada: curas, escribanos, embajadores, diplomáticos.

—¿Sabes cuál era el sistema de publicidad de las prostitutas? En la suela de la sandalia grababan en relieve su nombre para dejar su huella al andar por la arena y que todo el mundo supiera en qué cubículo estaban. A ti siempre te ha preocupado mucho la mujer prostituida.

—Me gusta hablar de esas mujeres a las que nadie les pregunta sus historias: de dónde han venido, qué mafia les ha destrozado la vida, qué hay detrás de esos cubículos donde ocurre lo que ocurre. Por eso, imagínate cuando mi mentora en la universidad, Beatriz Velasco Esquivias, me contó que la modelo de 'La dormición de la Virgen' era en realidad el cadáver de una mujer prostituida que había aparecido en la orilla del Tíber con el vientre inflamado por un posible embarazo. Era un sacrilegio.

—Cuando a Caravaggio le hacían un encargo para un lugar concreto, ¿iba a conocer el sitio personalmente?

—Sí, le preocupaba la iluminación. Cuando pintaba en su taller lo primero que hacía era cerrar cortinas y engrasar las ventanas para poder pintar a oscuras, entre las velas. Estaba investigando una manera distinta de mirar. En muchas ocasiones pintaba de espaldas, con la ayuda de un espejo; así lograba otra profundidad.

placeholder  Izquierda, 'Santa Catalina de Alejandría', en el Museo Thyssen. Derecha, un detalle del collar de Ikkelele lucido por Ana Milán.
Izquierda, 'Santa Catalina de Alejandría', en el Museo Thyssen. Derecha, un detalle del collar de Ikkelele lucido por Ana Milán.

De los Santos argumenta ahora por qué el retrato personal de Caravaggio que ha llegado hasta nuestros días es el de un animal herido por el malditismo, pendenciero, asesino. “Era un artista único, y además pintaba un cuadro en dos semanas sin necesidad de boceto. No hay nada tan peligroso como ser excepcional, y los mediocres que había entonces fueron a por él. Se inventaron que era homosexual, cuando no hay ni un documento que lo demuestre”, escenifica.

—Pasolini y Caravaggio usaron ambos a sus madres como modelo en su trabajo artístico. Es una de las cosas que los unen.

Los dos son artistas de la verdad, pero de la verdad auténtica. Caravaggio no quiere embellecer, y Pasolini tampoco; por eso se iba a los barrios más desfavorecidos de la Roma de los 50, atravesada por la pobreza, y convertía en actores a chavales que trapicheaban para sobrevivir. Buscaba esa verdad.

—Con tu libro, ¿uno acaba conociendo profundamente a Caravaggio?

—Sí. He pretendido dar luz a un personaje al que, a pesar de todo, hoy seguimos viendo entre sombras. Pasa exactamente igual con Pasolini. El contexto es distinto, porque Pasolini era un hombre complejo, de grandes ideas que nunca se guardaba. Han pasado 50 años de su asesinato y seguimos sin ser justos con él. Mira su última película, 'Saló': despierta rechazo cada vez que la ves, pero es eso exactamente lo que tiene que despertarte, porque es una reflexión sobre el fascismo, la maldad elevada a su máxima potencia. No se puede mirar con ojos planos.

placeholder  La actriz señala un detalle del Caravaggio que se exhibe en el Museo Thyssen.
La actriz señala un detalle del Caravaggio que se exhibe en el Museo Thyssen.

—¿Tú crees que podemos estar cerca del fascismo otra vez?

—No, porque somos una sociedad mucho más sabia y porque no lo permitiríamos ni los de izquierdas ni los de derechas. Ahí sale el historiador que soy: por suerte, y a pesar de todo, vivimos en el mejor momento de la historia de la humanidad.

—Oye, ¿cuál es el Caravaggio más importante que hay en España?

—En Madrid hay tres cuadros de él; el cuarto está en la abadía de Montserrat. En el Museo del Prado tenemos 'David vencedor de Goliat', una obra maravillosa y recién restaurada. A mí, quizá por este amor que tengo —como bien sabes— a lo femenino, me gusta también mucho la 'Santa Catalina de Alejandría', que se puede ver en el Museo Thyssen. Siempre me ha fascinado. La modelo para este cuadro fue Fillide Melandroni, una de esas mujeres prostituidas que era amiga del pintor. Sabes que Caravaggio tuvo que abandonar Roma porque mató a un hombre: era el proxeneta de esta mujer, un hombre deleznable, y, sin embargo, lo que ha llegado a nuestros días es que “el malo” fue Caravaggio.

Jaime abunda en el uso de los pinceles por parte de Michelangelo Merisi, la maestría de la luz y el cliché del tenebrismo. “Los que amamos a Caravaggio estamos muy cansados de que solo se hable de eso”, explica. “Es que no me parece un pintor tenebrista”, coincide la actriz alicantina. “Me parece que solo le da luz a lo que importa. ¿No es lo que deberíamos hacer todos?”.

placeholder  Jaime De los Santos y Ana Milán pasean por las salas del Museo del Prado.
Jaime De los Santos y Ana Milán pasean por las salas del Museo del Prado.

Ahora pasean hacia el Museo del Prado. La idea es poder contemplar en directo ese David contra Goliat que acaba de ser restaurado. Ya sentados frente al cuadro, entre los turistas que abarrotan una mañana de viernes la sala, Jaime despliega su conocimiento; Ana amarra y le hace ver los detalles que pasan por alto al gran historiador y obligan a aterrizar su erudición: el rizo que es ternura, la postura insospechada. Media hora más tarde se repetirá la escena ante la Santa Catalina del Thyssen. El tercer Caravaggio “madrileño” se encuentra en la Galería de las Colecciones Reales, pero ya no dará tiempo.

—¿Sabes una de las cosas que más me gustan de ti, Jaime?

—Dime.

—Que siempre me enseñas cosas bonitas. Siempre cosas que me quedo dentro.

—Compartir con la gente que quieres las cosas en las que crees es un privilegio, y tú sabes que yo creo en el arte. La belleza, como decía Dostoyevski, salvará al mundo.

Agradecimientos

Museo del Prado

Museo Thyssen

Joyas Ana Milán: Ikkelele

Ropa de Ana Milán: Sfera

No ha terminado aún el mes de octubre cuando Jaime de los Santos y Ana Milán permiten a este medio entrar en uno de los rituales que mantienen como amigos: largos desayunos en los que golpean, amasan y deforman la actualidad —cada uno tirando hacia un lado— hasta conseguir sabrosos desencuentros. Al que se celebra hoy en casa de De los Santos, un piso frente en el centro de Madrid lleno de obras de arte, han invitado a Vanitatis, que atiende en silencio la conversación mientras esconde en el bolsillo trasero el guion que había preparado. No va a hacer falta. El diputado del Partido Popular y la actriz son ferozmente amigos, y las cosas las tienen ya muy habladas. La versión que ofrecen hoy es un resumen ignífugo de esa relación, al calor de la nueva novela de De los Santos, 'El evangelio según Caravaggio' (Contraluz Editorial).

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