Guardar las frutas juntas no siempre es una cuestión de espacio. Algunas continúan madurando después de haber sido recolectadas y liberan sustancias capaces de influir en los alimentos que tienen alrededor. Una característica que puede aprovecharse para acelerar el proceso, pero que también puede hacer que determinadas piezas se estropeen antes de tiempo.
Jordi Cruz ha explicado en uno de sus vídeos de redes sociales el papel que desempeñan las manzanas en este proceso. “Las manzanas, especialmente las variedades más comunes, son auténticas fábricas de etileno. Lo liberan de manera constante”, explica el chef en su publicación. Para demostrarlo, compara unos tomates que han madurado junto a varias manzanas con otros que todavía permanecen verdes.
El responsable es el etileno, un gas que producen de manera natural algunos frutos y que interviene en su proceso de maduración. “La manzana suelta un gas que se llama etileno”, resume Cruz en el vídeo. Según explica, este compuesto actúa sobre otros alimentos cercanos y hace que empiecen a madurar con mayor rapidez.
El cocinero utiliza los tomates como ejemplo. Aunque se consuman habitualmente como una hortaliza, desde el punto de vista botánico son frutos y responden a la presencia de etileno. En las imágenes se aprecia la diferencia entre los tomates que han permanecido junto a las manzanas, ya maduros, y aquellos que todavía conservan un tono verde.
Jordi Cruz muestra cómo el etileno que desprenden las manzanas puede acelerar la maduración de los tomates y otras frutas. (Instagram / @jordicruzoficial)
Para aprovechar este efecto, Cruz recomienda introducir una manzana junto al alimento que se quiera madurar dentro de una bolsa de papel y cerrarla. De esta forma, el etileno queda concentrado alrededor de las piezas y puede acelerar el proceso. Conviene, no obstante, revisar su estado con frecuencia para evitar que maduren demasiado o comiencen a deteriorarse.
El mismo fenómeno que ayuda a madurar antes un tomate también explica por qué no siempre es recomendable guardar todas las frutas juntas. Cuando no se busca acelerar el proceso, separar las piezas que producen más etileno puede ayudar a conservar durante más tiempo aquellas que son especialmente sensibles a este gas.
Guardar las frutas juntas no siempre es una cuestión de espacio. Algunas continúan madurando después de haber sido recolectadas y liberan sustancias capaces de influir en los alimentos que tienen alrededor. Una característica que puede aprovecharse para acelerar el proceso, pero que también puede hacer que determinadas piezas se estropeen antes de tiempo.