Los monjes salvaron el vino en el Medievo
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Los monjes salvaron el vino en el Medievo

Los monjes se convirtieron en los grandes preservadores de la cultura del vino durante la Edad Media, según afirma un estudio del profesor Serafín Quero, docente de la

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Los monjes salvaron el vino en el Medievo

Los monjes se convirtieron en los grandes preservadores de la cultura del vino durante la Edad Media, según afirma un estudio del profesor Serafín Quero, docente de la Universidad de Dresde (Alemania) y coordinador del último número de la revista Litoral, dedicado a la presencia del vino en el arte y la literatura. La publicación hace un recorrido histórico "desde las primeras pepitas de uva, que se encontraron en el Cáucaso, en el monte Ararat, no lejos de donde llegó Noé con su arca y se emborrachó", protagonizando la primera borrachera de la historia de la que hay registros.

La uva pasó después por Mesopotamia, Egipto, Grecia y Roma y las legiones romanas "se encargaron de difundirla por toda Europa, donde triunfó", explicó Quero durante la presentación de Litoral en el Museo del Vino de Málaga. Sin embargo, a continuación llegaron los bárbaros "y da la impresión de que la uva, asustada ante tanto bárbaro, se refugió en los monasterios. Gracias a los monjes, la cultura del vino se preservó en la Edad Media".

Después se propagaría por toda América, Suráfrica, Nueva Zelanda y Australia, y hoy llega a lugares como la India, Japón o Tailandia, ha añadido.

La revista da cuenta asimismo de la afición por el vino que profesaban clásicos literarios españoles como Lope de Vega, Quevedo o Góngora, quienes "bebían mucho y se criticaban mutuamente por borrachos" en punzantes versos.

También dedica un apartado al champán, el único vino del mundo a juicio de la marquesa de Pompadour con el que una mujer seguía siendo bella aunque estuviera borracha, ha apuntado Quero, autor del "Diccionario cultural del vino en cinco idiomas", entre otras obras de esta temática.

El jerez no podía faltar en este "Litoral", según este experto, que ha citado en este sentido la historia "de un obispo de Sevilla que se bebía diariamente una botella de vino y, cuando estaba enfermo, se bebía dos, y quizá por ello duró 104 años".