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premio nacional de teatro y goya a mejor actriz

Muere Amparo Rivelles, actriz amante de las perlas y enemiga de los halagos

Era una de las actrices más importantes del cine español y cuenta, entre otros, con el Premio Nacional de Teatro y el Premio Goya a la mejor intérprete

Foto: Muere Amparo Rivelles, actriz amante de las perlas y enemiga de los halagos

No era una actriz al uso, de esas que quieren morir con las botas puestas. Solía decir que era una idiotez eso de aguantar subida a un escenario "cuando las piernas ya no te aguantan y el público sospecha que se te olvidan las frases porque las réplicas no vienen a cuento". Y por eso Amparo Rivelles, que falleció este jueves a los 89 años de edad, se retiró cuando lo consideró oportuno, en la misma ciudad donde debutó, Santander. Sin previo aviso a la prensa ni a ese "público que tanto quiero y que tantas veces nos hace sufrir a los actores" hizo su mutis por el foro. "Hasta aquí he llegado. Ahora, como comprenderán todos ustedes, quiero disfrutar de la vida. Empecé a los 14 años y ya es hora de despendolarme un poco".

Esta despedida se produjo cuando contaba 82 años y a partir de ahí cumplió su promesa. No volvió a pisar un teatro salvo para los estrenos de sus sobrinos, Amparo Larrañaga y Luis Merlo, o para los de su otra sobrina política, Maribel Verdú. En sus últimos años de vida, apenas se movía de casa. "Tengo que arreglarme y cada vez tardo más en acertar con el lápiz de ojos", decía esta dama de la escena a la que le horrorizaba precisamente ese calificativo. "Malo cuando la prensa y sobre todo los periodistas jóvenes te llaman así", aseguraba. Un concepto que también compartía con María Dolores Pradera, amigas y enemigas casi al cincuenta por ciento. Y no por cuestiones de celos profesionales, sino por temas de amores, porque ambas coincidieron en querencias por los mismos hombres.

Estuvo a punto de casarse a los 17 años con Alfredo Mayo, pero hizo caso a su madre y por eso “no me metí en la boca del lobo. Era guapísimo y yo lo habría pasado muy mal porque era muy celosa". Coqueta hasta la médula, no salía de su casa sin las perlas puestas. "Lo primero que hago al levantarme es colocarme los pendientes, después viene lo demás". Con su hermano Carlos Larrañaga discutía por la edad. Para fastidiarla le decía: "¡Amparito, que podías ser mi madre!". Y Amparito dejaba de hablarle durante un tiempo hasta que le mandaba un ramo de flores. Decía que por genética no podía ser nada más que actriz. Sus padres, Rafael Rivelles y María Fernanda Ladrón de Guevara, no pusieron pegas a que la niña fuera cómica y fue una de las primeras actrices en triunfar en México y Cuba. 

Después los premios y homenajes se sucedieron y uno de los que más la emociono fue hace dos años en el Instituto Cervantes, cuando una sala abarrotada le dedicó veinte minutos de aplausos ininterrumpidos a una grande que nos ha dicho adiós.

La gran dama del teatro

Amparo Rivelles ha sido una de las actrices más importantes del cine español y fue galardonada con el Premio Nacional de Teatro y el Premio Goya a la mejor actriz.

Mujer de gran belleza e inconfundible personalidad, Rivelles nació en Madrid el 11 de febrero de 1925 y perteneció a una vasta saga de actores. Debutó en Santander a la temprana edad de trece años en la compañía escénica de su madre, María Fernanda Ladrón de Guevara, con la comedia Siete Hermanas, de Leandro Navarro. Sólo dos años más tarde, con quince años, hizo su primera aparición en el cine, en la película Mari Juana, de Armando Vidal.

Alcanzó la fama rápidamente y consiguió un contrato en exclusiva con la productora Cifesa, para la que realizó alguno de sus mejores papeles en los años 40 y 50. Entre sus interpretaciones más elogiadas de su primera etapa están Eloísa está debajo del almendro (1943) y La fe (1947), películas dirigidas por Rafael Gil. De esta época son también sus filmes Los ladrones somos gente honrada (1941), Malvaloca (1942), Fuenteovejuna (1947), La duquesa de Benamejí (1949) y La Leona de Castilla (1951).

Además, trabajó con Orson Welles en Mister Arkadin (1954) y con Tulio Demicheli, en La herida luminosa (1957). Viajó a México en 1957 para interpretar la obra de teatro Un cuarto lleno de rosas y lo que en principio iba a ser una corta estancia se convirtió en un exilio voluntario de más de veinte años. En este país, donde nació su hija María Fernanda, siguió haciendo cine y teatro e irrumpió en la televisión como protagonista de grandes series, aunque al mismo tiempo siguió haciendo otros papeles en España.

Una vida plagada de premios

A su regreso a España, en 1979, reapareció en la escena con la comedia de Santiago Moncada Salvar a los delfines y después con Anillos para una dama, de Antonio Gala. Representó en 1982 El caso de la mujer asesinadita, de Miguel Mihura, con la que obtuvo el premio que lleva el nombre del autor. Junto a Lola Cardona protagonizó Hay que deshacer la casa (1986), de Sebastián Junyent, con la que fue galardonada con el Premio Lope de Vega y con un premio Goya a mejor actriz protagonista por la adaptación cinematográfica de José Luis García Sánchez.

Uno de sus papeles más recordados en televisión es el de Doña Mariana en la serie Los gozos y las sombras (1982), donde trabajó junto a su hermano, Carlos Larrañaga. Celebró sus bodas de oro en el teatro en 1988 con La Celestina, en una adaptación de Torrente Ballester dirigida por Adolfo Marsillach. Con la película Esquilache (1989), filme dirigido por Josefina Molina, fue nominada de nuevo a un premio Goya como actriz de reparto. Junto a Alberto Closas, protagonizó en 1993 El canto de los cisnes y dio vida a Paula Raíces en La Regenta, de Clarín, realizada para televisión bajo la dirección de Fernando Méndez Leite. Más tarde, en 1999 estrenó Los árboles mueren de pie, de Alejandro Casona, con la que recibió homenajes en Cádiz y Santander al coincidir la gira, en 2000, con su sesenta aniversario como actriz.

Interpretó también, de 2001 a 2003, Paseando a Miss Daisy, de Alfred Uhry, con la que alcanzó las 60 representaciones en gira por toda España. Con Nuria Espert representó, entre 2003 a 2004, La brisa de la vida, dirigida por Lluis Pascual. Su última actuación fue con La Duda en 2006 y, cuando se encontraba de gira con esta obra, la suspendió en Murcia, aunque fue en Santander, la ciudad que la vio debutar, donde anunció su adiós a los escenarios. Amparo Rivelles obtuvo los más prestigiosos reconocimientos como actriz: la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (1990), el Premio Nacional de Teatro (1996) y la Medalla de Oro al mérito Círculo de Escritores Cinematográficos (2006). 

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