Los Prados, el paraíso campestre para dar el 'sí, quiero' regentado por Marta y Elena González
Hablamos con las hermanas Marta y Elena González del legado de su padre, el afamado torero Dámaso González, y de Los Prados, la finca albaceteña que juntas han convertido en un espacio perfecto para bodas
Los diferentes ocres del campo manchego, el aroma de los pinares y las moreras, los claroscuros de los salones que se acentúan o desdibujan con la luz diferente de las horas, el silencio, los atardeceres de película.. Las hermanas Marta y Elena González, hijas del reconocido torero Damaso González, nos presentan cada uno de los rincones de Los Prados, la finca taurina, propiedad de la familia, que con tanto esfuerzo levantó su padre, donde ellas han crecido rodeadas de caballos y toros bravos y donde sigue viviendo su madre Feli Tarruella, a escasos cinco minutos de Albacete.
Hace diez años, Marta y Elena decidieron instalarse en el campo con la familia y darle un giro radical a sus vidas. ¿El objetivo? Cambiar radicalmente el rumbo de Los Prados, sustituyendo las capeas y las visitas guiadas a la ganadería para pequeños grupos por el universo de las bodas y las celebraciones. Desde entonces la finca familiar, situada en un entorno natural privilegiado, se ha consolidado como uno de los espacios más deseados para pronunciar el 'sí, quiero' en Castilla La Mancha, gracias a su esfuerzo y dedicación.
"Las bodas personalizadas y únicas son el secreto de este lugar. No repetimos fórmulas. Asesoramos a los novios en todos los detalles y hacemos un guion ad hoc para cada pareja. También nos encargamos de la decoración, supervisamos la disposición de las mesas y las barras de cócteles, preparamos sorpresas y regalos...". Eso sí, las instalaciones cierran durante los meses de invierno. "Aunque tenemos varios salones acondicionados, los jardines, con un encanto especial, son el punto fuerte. Por eso, solo celebramos bodas entre los meses de mayo a octubre", señalan.
Marta, licenciada en Periodismo y Ciencias Políticas -"en algún momento hasta me planteé dedicarme a la docencia"- y apasionada de los caballos, ha forjado su trayectoria profesional en el Parlamento Europeo, México, Londres, Madrid... entre entrevistas, reportajes y ocupaciones relacionadas con la hípica. Elena, por su parte, estudió Marketing y Publicidad y su proyecto final, centrado en la celebración de eventos en el campo, ya presagiaba su ocupación actual, pasando también por varias televisiones locales y departamentos de marketing. Tienen dos hermanos más, Sonia, también periodista, que se dedica a la producción de pistachos, y Dámaso, a los campeonatos de galgos.
¿Qué simboliza esta finca Los Prados para vosotras?
Elena y Marta: Aquí están nuestras raíces. Los Prados representan nuestra historia, la unión familiar y el amor por la tierra. Es un lugar con alma. Sabemos lo que a nuestro padre le costó ponerla en pie, por eso, nos enorgullece mucho cuidar su legado. Transformar una parte de la finca en un espacio para celebrar bodas es nuestra forma de compartir con otros la magia que sentimos aquí.
¿Algún recuerdo favorito de vuestra infancia?
Elena: Los tentaderos en la plaza de toros y las tertulias posteriores en casa con amigos, las tardes frente a la chimenea mientras veía nevar con los toros bravos campando en la dehesa, el cocido que preparaba mi madre los días de invierno… Todo aquello era un planazo para mí. No hay nada como la sensación de libertad que se siente aquí.
Marta: La celebración de la Navidad en familia, los días que salía a montar a caballo con mi padre y, sobre todo, mis fiestas de cumpleaños. A mí lo que me gustaba era organizar una capea e invitar a muchos amigos a merendar.
Por vuestra casa han desfilado toreros de primera fila como José Tomás, El Niño de la Capea, entre otros ¿Os imponía conocerles?
Elena: Mucho. Ya de niñas, nuestro padre nos hablaba de todos ellos con absoluta admiración, destacando su mérito, su trabajo. Con un respeto total. Para nosotros eran héroes. A mi hija, que también tiene un padre torero, le pasa lo mismo. Convive con el mundo taurino con total normalidad.
¿En qué momento decidisteis transformar Los Prados en un espacio para celebrar bodas?
Elena: Mi marido (el torero Paco Ureña) y yo vinimos a vivir aquí en 2020. Comenzamos organizando capeas y, poco a poco, ampliamos la oferta con eventos de empresa, Primeras Comuniones… Pero nuestro sueño era organizar bodas. Todo comenzó cuando vimos las posibilidades de la finca para organizar celebraciones más grandes sin perder su esencia rural, de modo que trabajamos durante años hasta que conseguimos acondicionar y ampliar las instalaciones. Queríamos ofrecer algo diferente, unir lo natural con un punto de elegancia y sofisticación. Bodas con magia.
Marta: Yo vivía en Madrid, pero, en plena pandemia, decidí cambiar radicalmente de vida y quedarme a vivir en el campo. Así que me uní a este proyecto. Al principio teníamos que hacerlo casi todo nosotras, apenas teníamos equipo, pero tiramos hacia adelante con mucha pasión.
¿Cómo os repartís las tareas?
Elena: Las decisiones importantes las tomamos juntas, pero en el día a día cada una tiene su área. Yo me ocupo del trato con los novios, los proveedores, la elaboración de los guiones y el timing de la celebración. Marta se dedica más a coordinar al equipo, temas de catering, la comunicación y la gestión de las redes sociales. Además de la creación de contenido de cada boda y compartirla con nuestra comunidad (@fincalosprados).
Trabajando juntas ¿Cuál es vuestra discusión más frecuente?
Elena: Nos complementamos desde niñas y no solemos discutir. Eso ayuda mucho. Si acaso, en las reuniones de equipo, 'chocamos' cuando yo propongo ideas demasiado novedosas o directamente imposibles de llevar a cabo. Marta me dice que, a veces, se acercan más a un parque de atracciones que a una boda. Ahí es donde tiene que frenarme (risas).
¿Qué es lo que os resulta más difícil de vuestro trabajo?
Marta: Conseguir que no haya vacíos durante la celebración, coordinar los tiempos para servir el menú, que todo esté en su punto, que cada miembro del equipo esté en su puesto para el momento exacto en el que tenga que participar... Y, sobre todo, cumplir el sueño de los novios. Que todo salga como ellos esperan.
¿Qué espacios encontraremos en Los Prados para celebrar una boda inolvidable?
Marta: El patio de Arcos, perfecto para disfrutar del cóctel en un entorno lleno de encanto y con dos zonas diferenciadas: una de olivos, maravillosa para organizar el aperitivo, y otra, con varias palmeras, destinada a las barras de vinos y cócteles por su ambiente chill out. Otro espacio es el Jardín de Paulonias -suele ser el lugar elegido por los novios para celebrar la ceremonia-, unos árboles superfrondosos que entre abril y mayo se llenan de preciosas flores color lila y llevan consigo el legado de nuestro padre. Él mismo se encargaba de regarlos cada tarde.
El rincón estrella de la finca es...
Elena: El jardín principal, cuajado de buganvillas, hierbabuena, romero y lavanda, y presidido por una preciosa fuente de piedra en cascada. Y, por supuesto, el ruedo, un espacio único. Toda la finca está construida alrededor de una antigua plaza de toros, cuya puerta data del año 1907. Algunos novios han querido celebrar su boda allí, en pleno albero, y ha resultado fantástico, muy especial.
¿Recordáis alguna boda que os supusiera un reto especial?
Elena: ¡La mía! Decidí casarme un mes antes de que terminara la temporada taurina, justo cuando me pidió matrimonio y, como no queríamos esperar al año siguiente, organizamos todo en cuatro semanas. Recuerdo que, vestida de novia, pasaba a la cocina a supervisarlo todo. Fue una auténtica locura, pero salió también que fue como un subidón de autoestima. Pensamos: 'Si hemos podido con esto, ya no se nos resiste nada' (risas).
Siempre decís que crecer con un padre torero marca en muchos sentidos.
Marta: Absolutamente, Sobre todo por los valores y la educación que te inculcan. Cuando, desde muy pequeña, ves a tu padre lo que es capaz de afrontar, todo lo demás te parece muy fácil. Además de querernos mucho, mi padre nos enseñó el valor del esfuerzo y la superación, a vivir con pasión y pensar que no hay retos imposibles. Algo que, cuando las cosas van mal, te sirve mucho en la vida.
Elena: Yo me quedo con su sensibilidad. Mi padre era fuerte pero muy humano, muy de verdad. No era de hablar mucho, pero lo expresaba todo con la mirada. ¿Qué si le hemos visto torear en la plaza? Sí, sobre todo en su última etapa. Nos impactaba mucho.
¿Cuál es el recuerdo favorito en esta finca con vuestro padre?
Elena: A mi me encantaba tomar el primer café de la mañana con él, en el porche, viendo amanecer. Es que en el campo se madruga mucho (risas).
Marta: Por suerte, tengo muchos recuerdos. Me encantaba, por ejemplo, acompañarle a ver la ganadería, aprendía mucho con él de todo lo relacionado con el campo, las siembras, los animales... Aunque, sin duda, salir juntos a caballo era mi momento favorito.
Puestos a soñar ¿La boda de qué celebrities os gustaría organizar?
Elena y Marta: Cualquiera, nos encanta celebrar bodas, así que sería un lujo para nosotras si algún día cualquier celebrities top quisiera casarse aquí.
Vuestra agenda os regala un día libre ¿Cómo os gusta llenarlo?
Elena: Con un paseo por el campo, yendo a ver las vacas en el quad, tomando una copa de vino con mi marido al final de la tarde…
Marta: Cualquier plan relacionado con los caballos es siempre el mejor para mí. Y últimamente, los domingos disfrutando de buenos asados argentinos con mi pareja, amigos y familia.
Los diferentes ocres del campo manchego, el aroma de los pinares y las moreras, los claroscuros de los salones que se acentúan o desdibujan con la luz diferente de las horas, el silencio, los atardeceres de película.. Las hermanas Marta y Elena González, hijas del reconocido torero Damaso González, nos presentan cada uno de los rincones de Los Prados, la finca taurina, propiedad de la familia, que con tanto esfuerzo levantó su padre, donde ellas han crecido rodeadas de caballos y toros bravos y donde sigue viviendo su madre Feli Tarruella, a escasos cinco minutos de Albacete.