El álbum de la gran boda de Adela en un palacio asturiano del siglo XVI: del vestido con capa a una enredadera de flores hecha obra de arte
Vestida con un diseño de dos piezas de Helena Mareque, Adela entonó el 'sí, quiero' en un enlace de cuento celebrado en Asturias en el que los colores vibrantes marcaron la decoración
Cuando Adela cambió su Asturias natal por Palma de Mallorca, en busca de un futuro profesional mejor, su camino se cruzó con el de Miguel Ángel. "Me mudé allí persiguiendo mi sueño de ser cirujana plástica tras la elección de plaza del MIR y desde que nos conocimos se me hizo mucho más fácil establecer mi vida en Mallorca", confiesa la médica.
Después de cinco años de relación, llegó la petición de mano, "Miguel Ángel me sorprendió con el anillo mientras disfrutábamos de la puesta de sol en una cala de la Sierra de la Tramontana. Fue el sí más fácil de mi vida y un momento muy emotivo", recuerda. Ambos, de 32 años, estaban comprometidos y dispuestos a entonar el 'sí, quiero' rodeados de sus familiares y amigos.
Asturias fue el lugar elegido. "Fijamos la fecha para el 30 de agosto en el Palacio de Cutre, ubicado en Piloña". Allí, en ese palacio del siglo XVI, tuvo lugar tanto la ceremonia civil "bajo el roble centenario que tienen en el jardín", como la celebración. Su situación privilegiada, a medio camino entre el mar y la montaña, lo convirtieron en el enclave perfecto para Adela y Miguel.
La organización del enlace corrió a cargo del equipo de wedding planners de The Dreams Factory. "Han montado muchísimas bodas y nos habían hablado genial de ellas. Estuvieron superpendientes en todo momento, tanto antes como el día de la boda. Además, la propuesta decorativa se ajustó perfectamente a lo que queríamos, algo que valoramos mucho. Sin duda las recomendamos y las volveríamos a escoger".
Buscando qué diseñadora crearía su vestido de novia, Adela sintió un flechazo al conocer a Helena Mareque. "Supo verme y crear una idea que encajaba a la perfección conmigo, con mi estilo y con el lugar de la boda, y desde que salí del atelier no pude sacarme su propuesta de la cabeza. Los viajes a Madrid para visitar a Helena, normalmente con mi madre y mi hermana, fueron de los días más especiales y mágicos durante todo el proceso".
Adela confiesa que, aunque tenía las ideas claras, la diseñadora gallega le ayudó a darles forma. "Quería que el vestido fuera único, tuviera algo diferencial, y un toque romántico; por eso cuando después de escoger las telas, todas auténticas joyas artesanales, a Helena se le ocurrió que hiciéramos una capa con capucha para rematar el vestido. Entre las dos fuimos poco a poco fluyendo y creando el vestido de tal manera que acabó siendo lo que siempre había soñado". Con algodón bordado a mano y un encaje antiguo grisáceo, también bordado a mano, Mareque construyó el traje nupcial de Adela.
Partiendo de un diseño base de corte imperio, "el vestido de Adela refleja su personalidad: romántica, delicada y llena de encanto", nos explica Helena Mareque. "Está elaborado con tejidos bordados de gran riqueza, que se entrelazan creando sinergias y una imagen mágica. Algodones finos, tules ligeros y bordados sutiles se combinan, con caídas naturales que aportan movimiento y ligereza, haciendo que cada detalle cuente su propia historia".
Con el look de novia en marcha, la médica se lanzó a las calles en busca de sus zapatos soñados. "Me recorrí con mi hermana todo Madrid hasta que encontramos las sandalias color champán de Jimmy Choo. Son un clásico de la marca y supercómodas".
En cuanto a las joyas, Adela cumplió con tres de los requisitos tradicionales que se esperan en toda novia. "Llevé mi anillo de pedida, un anillo de diamantes y zafiro central de Mumit (mi algo azul), un anillo Cartier de mi bisabuela (mi algo prestado) y los pendientes hechos a medida por Marucca Sevilla, regalo de mi amiga Sofía (mi algo nuevo). Además, mi tía me regaló un choker hecho a medida también por Marucca para sustituir a la capa una vez finalizado el cocktail y mis amigas de la infancia, un abanico bordado por Laura de Bambam Studio".
El toque de color lo puso el ramo. "Desde que descubrí que el amaranto significaba 'flor que no se marchita', me obsesioné con tenerlo presente en la boda por su símil con el amor que queríamos reflejar ese día. Los anturios fueron mi segunda petición, así que en Leymar me prepararon un precioso ramo rojo burdeos con esas dos flores y con un par de hortensias, muy típicas de Asturias".
"Me maquilló Reyes Tabarés y me peinó Bárbara de Barbareando, ambas de Oviedo, y como hacía muy buen día lo pudimos hacer todo en los exteriores del palacio. Ambas captaron a la perfección mis peticiones e hicieron que fuera todo supersencillo. Durante los preparativos estaban mi madre, mi hermana, mi amiga Diana y mis dos amigas que fueron maestras de ceremonia".
Esperando en aquel roble centenario estaba Miguel Ángel, que llevó un traje a medida creado en la Sastrería Carvajales de Mallorca. "Para la ceremonia, Leymar creó una enredadera de flores sobre el roble que fue una auténtica obra de arte".
Acompañados de sus 170 invitados, la pareja cambió de estado civil: de solteros a casados. "La ceremonia la oficiaron mi amiga de la infancia, Sofía, de Asturias, y nuestra amiga de Mallorca, también Sofía. Fue una ceremonia preciosa en la que familiares y amigos muy cercanos nos dedicaron unas palabras muy emotivas. El momento de los votos fue sin duda mi favorito, ya que a pesar de tener cada uno nuestro estilo, nos dijimos prácticamente las mismas cosas".
La decoración estuvo marcada por los colores vivos, "para hacerle honor a Mallorca desde la distancia". Además, siguiendo con la paleta de colores y la temática mediterránea, "diseñé toda la papelería y la pinté con acuarela, descubriendo un nuevo hobby. Mi parte favorita fueron las minutas, cada una tenía una frase en el reverso. La decoración del comedor recibía a los invitados con unos candelabros con amaranto y el salón se dividía en una mesa imperial central y mesas redondas como satélites, para que todos los invitados nos pudieran ver durante la cena".
"Habíamos imaginado nuestra boda como el mejor día de nuestras vidas, y así fue. Asturias nos regaló un atardecer dorado con toda la gente que queremos y lo disfrutamos un montón", rememora. "Me quedo con la alegría de la gente, pero sobre todo, los abrazos y el amor que recibimos por parte de todos los invitados".
En cuanto al menú, Adela nos cuenta que "hubo un cóctel con 10 aperitivos variados, donde las cazuelas de fabada y el steak tartar fueron de los favoritos de los invitados. También, tres rincones, uno de sidra, otro de arroz meloso y uno de tortos asturianos. Para cenar se sirvió salpicón de bogavante y solomillo de novillo con parmentier de trufa. De postre, coulant de chocolate y la tarta nupcial".
Los recién casados abrieron el baile con 'Con te partiro' de Andrea Bocelli. "Es una canción muy especial porque nos trasladaba al viaje que hicimos a Venecia el año antes de la pedida, donde Miguel Ángel me dijo que tenía claro que era la mujer de su vida. Habíamos preparado un baile sencillo con pasos de vals que les encantó a nuestros invitados".
Cerramos el álbum de boda de Adela con sus recomendaciones para futuras novias. "Que intenten ser conscientes de cada instante del día para exprimirlo al máximo, después de tantas ganas, tantos nervios y tanta preparación, pasa rapidísimo. Además, tener la oportunidad de celebrar una preboda o postboda da más tiempo para estar con los invitados y poder disfrutar más tiempo de todos ellos, así que siempre recomendaría intentar organizar alguna de las dos opciones. Las bodas deberían durar como mínimo 3 días".
Cuando Adela cambió su Asturias natal por Palma de Mallorca, en busca de un futuro profesional mejor, su camino se cruzó con el de Miguel Ángel. "Me mudé allí persiguiendo mi sueño de ser cirujana plástica tras la elección de plaza del MIR y desde que nos conocimos se me hizo mucho más fácil establecer mi vida en Mallorca", confiesa la médica.