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Bebidas vegetales: el boom que arrasa en los supermercados, pero que no siempre es tan saludable como crees
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Bebidas vegetales: el boom que arrasa en los supermercados, pero que no siempre es tan saludable como crees

La clave está en no dejarse llevar por la moda: son una opción válida dentro de una dieta equilibrada, siempre que se elija con criterio

Foto: La leche en sus formatos vegetales. (Pexels)
La leche en sus formatos vegetales. (Pexels)

Leche de avena en el café, de almendras en el desayuno y de coco en el smoothie de media tarde. Las bebidas vegetales han dejado de ser una rareza para veganos o intolerantes a la lactosa y se han convertido en protagonistas de estanterías, menús de cafeterías y hasta del carrito de la compra más tradicional. El problema es que, aunque todas compartan ese aspecto blanco tan reconocible, no todas ofrecen lo mismo ni deberían considerarse un equivalente a la leche de vaca.

De hecho, la confusión llega cuando pensamos que, por ser “vegetales”, son automáticamente saludables. La realidad es bastante más matizada. Mientras la leche animal aporta proteínas completas, calcio de fácil absorción y vitaminas clave como la B12, la mayoría de las versiones vegetales no alcanzan esos niveles, salvo la de soja, que es la que más se acerca nutricionalmente.

placeholder La leche entera es la que mejor calidad nutricional tiene. (Pexels)
La leche entera es la que mejor calidad nutricional tiene. (Pexels)

Eso no significa que haya que descartarlas, sino que conviene aprender a elegir bien. El primer filtro está en la etiqueta: lo ideal es que el listado de ingredientes sea breve, con agua y el cereal, fruto seco o legumbre en primer lugar. Y ojo con el porcentaje: algunas bebidas incluyen apenas un 2% de avena o almendra, lo que se traduce en agua con algo de sabor. Los expertos recomiendan buscar opciones con entre un 8% y un 12% de materia prima.

Otro aspecto crítico son los azúcares. Bajo nombres como jarabe de arroz o maltodextrina pueden esconderse añadidos innecesarios que disparan las calorías sin aportar nutrientes. Si la etiqueta indica “sin azúcares añadidos”, mejor. También es interesante que estén enriquecidas con calcio y vitaminas D y B12, sobre todo si se utilizan como sustituto diario de la leche.

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Cada variedad tiene sus matices: la soja, rica en proteínas, es la más completa; la avena destaca por su fibra soluble y efecto saciante; la almendra resulta ligera y aromática aunque pobre en proteínas; el arroz es muy digestivo pero casi todo hidratos; y el coco aporta cremosidad, pero con más grasa y menos nutrientes.

De este modo, el auge de estas bebidas responde a un cambio en el estilo de vida hacia lo vegano o flexitariano, pero también a un marketing que juega con etiquetas como “natural” o “digestivo”. La clave está en no dejarse llevar por la moda: son una opción válida dentro de una dieta equilibrada, siempre que se elija con criterio y sin esperar que hagan exactamente el mismo papel que la leche.

Leche de avena en el café, de almendras en el desayuno y de coco en el smoothie de media tarde. Las bebidas vegetales han dejado de ser una rareza para veganos o intolerantes a la lactosa y se han convertido en protagonistas de estanterías, menús de cafeterías y hasta del carrito de la compra más tradicional. El problema es que, aunque todas compartan ese aspecto blanco tan reconocible, no todas ofrecen lo mismo ni deberían considerarse un equivalente a la leche de vaca.

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