En un momento en que el calzado técnico, las suelas gruesas y los diseños cada vez más estructurados dominan el mercado, su propuesta resulta casi contracultural: dejar que el pie trabaje. Según explica María Jesús, cuando se utiliza siempre calzado —especialmente si es estrecho o tiene una suela muy rígida o gruesa— el pie “se acostumbra a no trabajar”. El resultado, afirma, es una pérdida progresiva de fuerza y movilidad. El pie humano está compuesto por 26 huesos y decenas de músculos y ligamentos que actúan como base de sustentación del cuerpo. Si esa base se acomoda en exceso, puede volverse menos funcional. Caminar descalzo obliga a la musculatura plantar a activarse para adaptarse a las irregularidades del terreno, mejorar el equilibrio y estabilizar cada paso.
La podóloga subraya que la activación muscular del pie tiene “un reflejo directo con toda la postura del cuerpo”. Es decir, no se trata solo de fortalecer la planta o los dedos, sino de influir en la alineación global. Desde el punto de vista biomecánico, el cuerpo funciona en cadena. Una base más estable puede contribuir a una mejor posición de tobillos, rodillas y caderas, lo que a su vez repercute en la columna. Por eso, María Jesús sostiene que este hábito puede ayudar a prevenir molestias como dolores de espalda o de rodilla.
Además de caminar descalzo, la especialista recomienda alternar apoyos: andar de puntillas y también sobre los talones. Estos gestos sencillos activan distintos grupos musculares del pie y la pierna, favoreciendo el equilibrio y la fuerza. En su intervención menciona también la prevención de problemas frecuentes como juanetes o fascitis plantar, siempre entendidos dentro de un contexto global de cuidado del pie y sin sustituir la valoración individual de un profesional.
Se recomienda usar con los pies limpios. (Freepik / teksomolika)
Lejos de plantear cambios drásticos, la recomendación es accesible: caminar descalzo entre diez y quince minutos al día. Puede ser en casa, en un entorno seguro y limpio, o en superficies naturales adecuadas. El objetivo, explica, es que con el tiempo los pies “se sientan más libres y fuertes”. No se trata de abandonar el calzado por completo, sino de permitir que el pie recupere parte de la función que a menudo delega en la suela.
La idea de que el frío en los pies provoca resfriados forma parte del imaginario popular, pero los catarros están causados por virus, no por la ausencia de zapatillas. Con humor y un tono didáctico, María Jesús aprovecha ese mito para abrir un debate más amplio sobre la salud podológica.