La psicología explica: las personas que levantan la voz no quieren imponerse, sino que buscan sentirse escuchadas
Subir el tono puede ser una reacción de frustración cuando alguien siente que no le prestan atención, aunque los expertos recuerdan que gritar no ayuda a resolver un conflicto
La forma de comunicarse puede verse influida por factores emocionales y contextuales. (iStock)
Levantar la voz suele interpretarse como una señal de autoridad o de enfado. Cuando alguien habla más alto en una discusión, es fácil pensar que quiere imponerse, ganar la conversación o dejar claro que tiene razón. Sin embargo, la psicología también contempla otra posibilidad: que esa persona no se sienta escuchada y recurra al volumen como una forma poco eficaz de reclamar atención.
La Asociación Americana de Psicología (APA) explica que la ira es una emoción normal que puede aparecer ante situaciones de frustración, amenaza o injusticia. En ese contexto, elevar el tono puede ser una reacción impulsiva cuando una persona percibe que lo que dice no está siendo tenido en cuenta. No siempre hay deseo de dominar; a veces hay malestar, falta de recursos comunicativos o dificultad para expresar una emoción de forma calmada.
Sentirse escuchado puede influir en la forma en que una persona expresa sus emociones durante una conversación. (Magnific / DC Studio)
La necesidad de sentirse escuchado también ha sido estudiada desde la psicología social. Una investigación publicada en 2023 en la revista científica 'PLOS ONE' analizó este concepto en las relaciones interpersonales y lo relacionó con elementos como tener voz, recibir atención, empatía y respeto. Cuando esos elementos fallan, algunas personas pueden sentir que necesitan insistir más para que su mensaje llegue.
El problema es que subir la voz suele producir el efecto contrario. En lugar de facilitar la escucha, puede hacer que la otra persona se sienta atacada, se cierre o responda con la misma intensidad. Por eso, entender el origen de ese comportamiento no significa justificarlo. Gritar puede expresar una necesidad, pero también puede deteriorar una conversación.
Elevar el tono puede ser una reacción de frustración cuando una persona siente que no está siendo escuchada. (Magnific / peoplecreations)
Ahí entra la diferencia entre comunicación agresiva y comunicación asertiva. La primera puede nacer del enfado o de la frustración, pero invade al otro. La segunda permite expresar una queja, una necesidad o un límite sin recurrir al volumen ni a la presión.
Por eso, cuando alguien levanta la voz, la pregunta no siempre debería ser solo qué intenta imponer, sino qué no está logrando comunicar de otra manera. A veces detrás de ese tono elevado hay una petición torpe de escucha; aun así, aprender a decirlo sin gritar sigue siendo imprescindible para que la conversación no se convierta en otro conflicto.
Levantar la voz suele interpretarse como una señal de autoridad o de enfado. Cuando alguien habla más alto en una discusión, es fácil pensar que quiere imponerse, ganar la conversación o dejar claro que tiene razón. Sin embargo, la psicología también contempla otra posibilidad: que esa persona no se sienta escuchada y recurra al volumen como una forma poco eficaz de reclamar atención.