Elegir parece fácil hasta que hay demasiadas alternativas sobre la mesa. La psicóloga Silvia Severino reflexiona sobre la llamada paradoja de la elección y recuerda que tener más opciones no siempre nos hace sentir más libres: a veces solo aumenta la duda.
La idea resulta familiar. Abrir una plataforma y no saber qué ver, mirar diez restaurantes y no reservar ninguno, comparar planes, compras, trabajos o estilos de vida hasta acabar agotados. Según Severino, “más opciones no significan más libertad”, porque el cerebro también se satura cuando tiene que valorar demasiadas posibilidades.
La psicóloga recupera un estudio clásico conocido como el experimento de las mermeladas. Cuando se ofrecían muchas variedades, la gente se acercaba más y curioseaba más, pero compraba menos. Con una selección más reducida, la decisión era más sencilla. La clave no estaba en tenerlo todo, sino en poder escoger sin quedar bloqueado.
Ese bloqueo tiene mucho que ver con la sensación de que siempre podría haber algo mejor. Cuantas más opciones aparecen, más fácil es que crezca la insatisfacción, incluso después de haber elegido. No porque la elección sea mala, sino porque la mente sigue comparando con lo que ha dejado fuera.
A esto se suman las redes sociales. Antes, la comparación se hacía con un entorno más cercano. Ahora, como apunta Severino, nos medimos con “miles de versiones editadas” de vidas ajenas. El resultado es una impresión constante de estar eligiendo tarde, mal o por debajo de lo que deberíamos.
Por eso, la psicóloga defiende que poner límites no tiene que ver con resignarse. Reducir alternativas, cerrar pestañas, acotar planes o decidir entre pocas opciones puede ser una forma sencilla de recuperar calma mental. La libertad real, en este caso, no consiste en tener todas las puertas abiertas a la vez, sino en poder elegir sin que la duda termine ocupándolo todo.
Elegir parece fácil hasta que hay demasiadas alternativas sobre la mesa. La psicóloga Silvia Severino reflexiona sobre la llamada paradoja de la elección y recuerda que tener más opciones no siempre nos hace sentir más libres: a veces solo aumenta la duda.