La psicología se ha instalado con fuerza en las redes sociales, pero no siempre de la mejor manera. Cada vez es más habitual ver cómo se utilizan términos clínicos o conceptos relacionados con la salud mental para etiquetar de forma rápida conductas, conflictos o relaciones enteras. Frente a esa tendencia, la psicóloga Silvia Severino lanza una crítica clara: se está perdiendo la complejidad de los vínculos y, con ello, también una parte importante de la autoconciencia.
Su reflexión parte de una idea incómoda, pero muy reconocible. En internet, dice, hay mucha facilidad para señalar al otro y muy poca disposición a mirarse a uno mismo. Se habla con rapidez de narcisismo, toxicidad o abuso, pero mucho menos de responsabilidad emocional, de heridas propias o de las dinámicas que cada persona activa dentro de una relación.
Para Severino, uno de los problemas está en que se ha instalado una forma muy simplificada de leer los vínculos. "Estamos infantilizando los vínculos", advierte. Con esa frase se refiere a una tendencia a reducir las relaciones a esquemas demasiado básicos, donde uno hace de víctima perfecta y el otro queda convertido de inmediato en villano absoluto, sin espacio para entender qué hay detrás de ciertas reacciones.
La psicóloga insiste en que comprender el origen de una conducta no equivale a justificarla. Ese matiz, que para ella es fundamental, suele desaparecer con facilidad en el debate digital. Analizar por qué alguien reacciona desde el ataque, la defensa o la distancia no significa aplaudir ese comportamiento, sino intentar entenderlo para poder modificarlo.
Ahí es donde introduce otra de sus ideas centrales: las relaciones reales no se mueven siempre en terrenos nítidos, sino en una zona gris. No porque todo sea aceptable, sino porque muchos conflictos nacen de miedos, inseguridades o heridas previas que se activan dentro del vínculo. "Todos, en algún momento, hemos reaccionado desde el miedo, la inseguridad o nuestras heridas de infancia", recuerda.
También cuestiona esa especie de superioridad moral con la que a veces se debaten temas de salud mental en redes. Según plantea, hay personas que se acercan a estos contenidos no tanto para entender mejor los vínculos como para confirmar que tienen razón y que el problema siempre está en otro lado. Desde su punto de vista, eso vacía de sentido el trabajo psicológico.
Todos actuamos en algún momento desde el miedo o la inseguridad (Pexels)
La reflexión de Silvia Severino no niega que existan relaciones dañinas ni conductas graves que deban nombrarse con claridad. Lo que cuestiona es el uso automático y superficial de ciertos términos cuando lo que hay delante es un conflicto humano que exige más análisis y menos simplificación.
Porque, al final, entender cómo reaccionamos en el amor, por qué a veces atacamos cuando nos sentimos heridos o por qué nos defendemos mal no sirve para excusar el daño, sino para dejar de repetirlo. Y ahí, según su planteamiento, empieza una forma mucho más sana de vincularse.
La psicología se ha instalado con fuerza en las redes sociales, pero no siempre de la mejor manera. Cada vez es más habitual ver cómo se utilizan términos clínicos o conceptos relacionados con la salud mental para etiquetar de forma rápida conductas, conflictos o relaciones enteras. Frente a esa tendencia, la psicóloga Silvia Severino lanza una crítica clara: se está perdiendo la complejidad de los vínculos y, con ello, también una parte importante de la autoconciencia.