El pueblo catalán al que Carlos III ha entregado la Medalla del Imperio Británico
El alcalde de Arbúcies, Pere Garriga, ha recibido una distinción de Carlos de Inglaterra por el trato dado a las víctimas británicas de un accidente de avión en 1970
Todo comenzó el 3 de julio de 1970, cuando un avión que cubría la ruta Manchester-Barcelona se estrelló en las montañas del Montseny. La aeronave cayó a unos 1.700 metros de altitud y los vecinos de Arbúcies, situada a unos 350 metros sobre el nivel del mar, no dudaron en subir hasta el lugar del siniestro para intentar ayudar a los pasajeros y miembros de la tripulación. No pudieron hacer nada. Todos habían fallecido.
Ahora, 56 años después, el rey Carlos III ha querido reconocer aquella respuesta solidaria y el compromiso que el municipio ha mantenido desde entonces con las víctimas y sus familias, convirtiendo una tragedia ocurrida en las montañas catalanas en una de las historias de memoria compartida más singulares entre España y el Reino Unido.
Momento en el que el alcalde de Arbucies recibe la medalla británica. (Cortesía)
Ese reconocimiento ha llegado en forma de British Empire Medal (BEM), la Medalla del Imperio Británico, concedida al alcalde de Arbúcies, Pere Garriga i Solà, en representación de varias generaciones de vecinos que durante más de medio siglo han cuidado las tumbas de las víctimas, han acompañado a sus familiares y han mantenido vivo el recuerdo de quienes perdieron la vida en aquel accidente aéreo.
En el cementerio local
Las víctimas fueron enterradas en el cementerio de Arbúcies, en una fosa común especial para ellos, donde todavía hoy descansan sus restos. Desde entonces, familiares procedentes del Reino Unido continúan viajando regularmente a la localidad para rendirles homenaje, tal como cuentan emocionados desde el Ayuntamiento a Vanitatis. Cada 3 de julio se celebra un acto de recuerdo que ha acabado convirtiéndose en una tradición que une a vecinos y familiares de ambos países.
La idea de reconocer oficialmente esa labor surgió con motivo del 50 aniversario de la tragedia. Fue entonces cuando la Embajada británica comenzó a estudiar la posibilidad de impulsar una distinción para Arbúcies. Sin embargo, la irrupción de la pandemia de la COVID obligó a paralizar el proyecto. Las gestiones quedaron aplazadas durante varios años hasta que fueron retomadas posteriormente. Finalmente, a principios de 2025, el Ayuntamiento recibió la comunicación oficial de que Carlos III había decidido conceder la Medalla del Imperio Británico.
El alcalde de Arbúcies, Pere Garriga, a la izquierda. (Cortesía)
Por tratarse de una condecoración personal, la distinción no podía otorgarse al Ayuntamiento como institución. Por ello fue concedida a Pere Garriga i Solà, aunque tanto las autoridades británicas como el propio consistorio han insistido en que el reconocimiento pertenece simbólicamente a todo el pueblo.
La entrega de la medalla tuvo además un acto especialmente emotivo el pasado 3 de julio en el Ayuntamiento de Arbúcies. La ceremonia contó con la presencia de representantes del Consulado Británico en Barcelona, miembros del Govern de la Generalitat, familiares de las víctimas y numerosos vecinos del municipio. Fue una jornada marcada por el recuerdo y también por el orgullo de ver reconocida una historia de solidaridad que ha perdurado durante más de medio siglo.
Este lunes no ha sido posible hablar directamente con el alcalde, que participaba en un pleno de la Diputación. Desde el Ayuntamiento han trasladado a Vanitatis su agradecimiento por el interés mostrado en esta historia y la satisfacción que existe en el municipio por una distinción que consideran colectiva. Un reconocimiento que, aseguran, pertenece a todos los vecinos que durante 56 años han mantenido vivo el recuerdo de las víctimas de aquel vuelo procedente de Manchester.
Todo comenzó el 3 de julio de 1970, cuando un avión que cubría la ruta Manchester-Barcelona se estrelló en las montañas del Montseny. La aeronave cayó a unos 1.700 metros de altitud y los vecinos de Arbúcies, situada a unos 350 metros sobre el nivel del mar, no dudaron en subir hasta el lugar del siniestro para intentar ayudar a los pasajeros y miembros de la tripulación. No pudieron hacer nada. Todos habían fallecido.