María Luisa Delgado Losada, vicepresidenta de la Sociedad Española de Geriatría: "La vulnerabilidad frente al calor en los más mayores es resultado de muchos factores como el envejecimiento y las condiciones de vida"
La doctora advierte de que el peligro no depende solo de la edad, sino de una combinación de factores físicos, sociales y de salud que puede provocar un deterioro rápido en cuestión de horas
Con el paso de los años, el organismo pierde parte de su capacidad para regular la temperatura corporal, lo que aumenta el riesgo de deshidratación y de sufrir complicaciones durante los episodios de calor extremo. Sin embargo, la especialista insiste en que la edad, por sí sola, no explica esa vulnerabilidad.
La experta explica que las personas mayores suelen tolerar peor las altas temperaturas porque el cuerpo suda con menos eficacia y dispone de menos recursos para compensar el estrés térmico. A ello se suman enfermedades crónicas, determinados tratamientos y situaciones como la dependencia o la soledad, que dificultan aún más la adaptación al calor.
Uno de los aspectos que más preocupa a la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) es que las complicaciones no siempre se presentan como un golpe de calor clásico. En muchas ocasiones, los primeros síntomas son más sutiles. La doctora Delgado pide prestar atención a signos como mareos, debilidad intensa, dolor de cabeza, náuseas, vómitos, somnolencia, confusión, irritabilidad, dificultad para mantenerse en pie o una disminución importante de la cantidad de orina. También alerta de que una caída, un empeoramiento repentino de una enfermedad previa o que la persona esté mucho más apagada de lo habitual pueden ser señales de alarma.
En los casos más graves pueden aparecer fiebre alta, piel muy caliente, alteraciones del nivel de conciencia, dificultad para respirar, convulsiones o pérdida de conocimiento. Por ello, insiste en que, si una persona mayor está más confusa, bebe poco, orina menos o muestra un cambio importante respecto a su estado habitual, conviene actuar cuanto antes, refrescarla, hidratarla y consultar con un profesional sanitario si la situación lo requiere.
La especialista recuerda además que proteger a una persona mayor durante una ola de calor "no es sólo decirle que beba agua", sino comprobar que realmente puede hacerlo, que dispone de un entorno fresco y que alguien supervisa cómo evoluciona.
A su juicio, el riesgo también está condicionado por factores como vivir solo, tener deterioro cognitivo o no contar con una red de apoyo que detecte a tiempo cualquier problema.
Como medida práctica, la SEGG resume la prevención en tres acciones: hidratar, refrescar y vigilar. Ofrecer líquidos con frecuencia, mantener la vivienda lo más fresca posible, evitar salir durante las horas centrales del día y comprobar regularmente que la persona come, bebe y se encuentra bien son gestos sencillos que pueden marcar la diferencia.
La doctora Delgado recuerda que la prevención no debe recaer únicamente en la persona mayor, sino que familias, cuidadores, vecinos y servicios sociales desempeñan un papel clave para proteger a quienes tienen un mayor riesgo durante los episodios de calor extremo.
Con el paso de los años, el organismo pierde parte de su capacidad para regular la temperatura corporal, lo que aumenta el riesgo de deshidratación y de sufrir complicaciones durante los episodios de calor extremo. Sin embargo, la especialista insiste en que la edad, por sí sola, no explica esa vulnerabilidad.