Álvaro Hernández, experto en productividad: "Si no tienes un porqué lo suficientemente grande como para que eso te valga la pena, nunca lo vas a conseguir"
Organizar mejor el tiempo puede ayudar, pero ninguna técnica funciona durante demasiado tiempo si detrás no existe una razón poderosa para mantener el esfuerzo
El experto habla sobre las ganas de ejecutar una cosa y no procrastinar (YouTube)
Septiembre, enero o la vuelta de vacaciones suelen venir acompañados de nuevos objetivos. Hacer más deporte, estudiar, mejorar profesionalmente o recuperar algún proyecto aparcado son propósitos habituales. Sin embargo, el entusiasmo de los primeros días no siempre consigue sobrevivir a la rutina.
Álvaro Hernández, ingeniero y experto en productividad, considera que una de las claves está mucho antes de elegir una agenda o un método de organización. "Si no tienes un porqué lo suficientemente grande como para que eso te valga la pena, nunca lo vas a conseguir", explica.
Encontrar una razón antes de ponerse manos a la obra
Para Hernández, saber qué queremos conseguir no basta. También necesitamos identificar por qué queremos hacerlo. Ese motivo puede ser mejorar la salud, ganar libertad económica, cambiar de trabajo, ayudar a nuestra familia o alcanzar cualquier otra meta que tenga verdadero valor personal.
A partir de ahí entra otro elemento fundamental: la disciplina. Hernández señala tres factores especialmente importantes para avanzar: foco, esfuerzo y constancia. Tener claro hacia dónde vamos permite concentrar los recursos, mientras que mantener el trabajo a lo largo del tiempo hace posible obtener resultados. "La pasión puede o no, pero la disciplina sí", sostiene.
Convertir grandes objetivos en tareas pequeñas
Otro consejo del especialista consiste en distinguir entre objetivos y tareas. Una tarea, explica, debería ser una acción concreta que podamos terminar durante el día. Si aquello que hemos apuntado requiere varias semanas, todavía necesita dividirse en pasos más pequeños.
Su propuesta aleja la productividad de esa sensación de tener que hacer constantemente más cosas. Hernández la relaciona, precisamente, con conseguir mejores resultados utilizando menos tiempo y energía.
Por eso, antes de llenar la agenda de nuevos hábitos, quizá convenga hacerse una pregunta mucho más sencilla: ¿por qué quiero realmente conseguirlo? Cuando la respuesta importa de verdad, mantener el esfuerzo deja de depender únicamente de las ganas del primer día.
Septiembre, enero o la vuelta de vacaciones suelen venir acompañados de nuevos objetivos. Hacer más deporte, estudiar, mejorar profesionalmente o recuperar algún proyecto aparcado son propósitos habituales. Sin embargo, el entusiasmo de los primeros días no siempre consigue sobrevivir a la rutina.