Ni madrugar a las 5 ni trabajar sin parar: estos son los hábitos que comparten las personas productivas, según los expertos
La productividad no depende de madrugar ni de jornadas interminables. Los expertos aseguran que son los pequeños hábitos diarios los que marcan la diferencia
Los hábitos pueden influir en nuestra productividad. (Freepik / pressfoto)
Durante años se ha asociado la productividad con madrugar a las cinco de la mañana o con trabajar sin descanso durante jornadas interminables. Sin embargo, cada vez más estudios cuestionan esa idea y apuntan a que el verdadero secreto está en cómo se organiza el día y qué hábitos se repiten de forma constante.
Hay rutinas concretas que nos ayudan a la productividad. (Freepik / Drazen Zigic)
El estudio identificó patrones generales claros. La experiencia y la edad influyen: los profesionales más veteranos alcanzaron puntuaciones más altas en productividad que los más jóvenes, lo que refleja que con los años se aprende a trabajar con mayor inteligencia. También se observaron matices de género. Mientras las mujeres sobresalieron en la eficacia de las reuniones y la preparación de sus calendarios, los hombres destacaron en la gestión de grandes volúmenes de mensajes y en reservar espacios libres en sus agendas.
La geografía también marcó diferencias. "Europa, Asia y Australia lograron los índices de productividad más elevados, con hábitos sólidos como no revisar los mensajes constantemente o preparar el trabajo con antelación. Norteamérica se situó en un nivel intermedio, pese a las largas jornadas laborales, mientras que Sudamérica y África, con menor representación en la muestra, obtuvieron puntuaciones más bajas", explica este informe.
La productividad en el trabajo se relaciona con distintas rutinas. (Freepik)
Más allá de las comparaciones, los investigadores subrayan que los profesionales más productivos comparten rutinas muy concretas: revisar la agenda la noche anterior, enviar los objetivos de cada reunión, dividir los grandes proyectos en partes manejables, delegar tareas secundarias y responder con rapidez a los mensajes clave. "La productividad no es innata ni fruto del sacrificio desmedido, sino de una serie de hábitos específicos que cualquiera puede aprender", concluye el informe.
Durante años se ha asociado la productividad con madrugar a las cinco de la mañana o con trabajar sin descanso durante jornadas interminables. Sin embargo, cada vez más estudios cuestionan esa idea y apuntan a que el verdadero secreto está en cómo se organiza el día y qué hábitos se repiten de forma constante.