La psicología explica por qué vivir esperando las vacaciones puede ser una señal para revisar nuestra rutina
Cuando el descanso se convierte en el único momento del año que se espera con verdadera ilusión, conviene preguntarse qué está ocurriendo en el día a día
Tomarse momentos de pausa y bienestar en el día a día puede ayudar a construir una rutina más satisfactoria. (Magnific / garetsvisual)
La vuelta de vacaciones no siempre resulta sencilla. Después de varios días con menos horarios, obligaciones y rutinas, recuperar el ritmo habitual puede generar cansancio, desgana o cierta sensación de bajón. En principio, se trata de una adaptación normal, pero cuando esa incomodidad se repite de forma intensa o la vida cotidiana se vive únicamente pensando en el próximo descanso, puede ser útil prestar atención a lo que ocurre durante el resto del año.
La psicóloga sanitaria Laura González Martínez, en un artículo publicado en 'Psicología y Mente', explica que el regreso a la rutina puede requerir unos días de adaptación y que, en algunas personas, ese proceso puede sentirse con mayor intensidad. También plantea una cuestión importante: qué ocurre en nuestro día a día para que exista una necesidad tan fuerte de salir de él durante las vacaciones.
Retomar la rutina después de las vacaciones puede requerir unos días de adaptación. (Magnific)
Esperar con ganas unos días libres no tiene nada de extraño. El descanso permite cambiar de ritmo, disfrutar de experiencias diferentes y apartarse temporalmente de algunas obligaciones. Sin embargo, cuando las vacaciones se convierten en el único periodo asociado al bienestar, puede ser conveniente revisar qué aspectos de la rutina cotidiana resultan poco satisfactorios.
Incorporar pequeños momentos de descanso y disfrute puede ayudar a hacer más llevadera la rutina diaria. (Magnific / lookstudio)
Por eso, si la sensación habitual es la de pasar buena parte del año contando los días que faltan para las próximas vacaciones, puede ser útil preguntarse qué pequeños cambios podrían mejorar la vida cotidiana. No siempre hace falta una transformación radical: incorporar una actividad agradable, recuperar un hábito abandonado o marcarse un objetivo asumible puede ayudar a que el día a día resulte más satisfactorio.
La idea no es dejar de esperar las vacaciones con ilusión, sino evitar que se conviertan en el único horizonte agradable del calendario. Construir una rutina con espacios de descanso, disfrute y motivación también puede hacer que la vuelta resulte menos pesada y que el bienestar no dependa exclusivamente de unos pocos días al año.
La vuelta de vacaciones no siempre resulta sencilla. Después de varios días con menos horarios, obligaciones y rutinas, recuperar el ritmo habitual puede generar cansancio, desgana o cierta sensación de bajón. En principio, se trata de una adaptación normal, pero cuando esa incomodidad se repite de forma intensa o la vida cotidiana se vive únicamente pensando en el próximo descanso, puede ser útil prestar atención a lo que ocurre durante el resto del año.