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Javier Quintero, psiquiatra, sobre la madurez emocional: "Comparten estas 4 características. La primera es que no necesitan ganar todas las discusiones"

Alegrarse por los logros ajenos, dejar de intentar cambiar a los demás y admitir un fallo son algunas de las señales destacadas por el especialista

Foto: Frente a la rapidez de teclear, Javier Quintero señala que recuperar el boli y el papel puede ayudar a ejercitar la memoria y mantener la agilidad mental (Cortesía)
Frente a la rapidez de teclear, Javier Quintero señala que recuperar el boli y el papel puede ayudar a ejercitar la memoria y mantener la agilidad mental (Cortesía)

Discutir con alguien no tiene por qué convertirse siempre en una batalla que debemos ganar. Saber cuándo merece la pena abandonar esa necesidad de imponer nuestro punto de vista es, precisamente, una de las señales de madurez emocional que destaca el psiquiatra Javier Quintero. El especialista ha reunido cuatro características que permiten observar cómo gestionamos los conflictos, las expectativas y nuestras relaciones con otras personas.

Quintero propone incluso hacer una pequeña comprobación personal para descubrir cuáles de esos comportamientos tenemos incorporados y cuáles todavía se nos resisten. El primero aparece durante los desacuerdos: una persona emocionalmente madura no necesita imponerse siempre. “A veces eliges tener paz mental antes que tener razón”, explica el psiquiatra, poniendo el foco en la capacidad de priorizar la tranquilidad.

Aceptar que no podemos cambiar a todo el mundo

placeholder Javier Quintero en su vídeo de TikTok (@drjquintero)
Javier Quintero en su vídeo de TikTok (@drjquintero)

La segunda característica consiste en comprender los límites de nuestra influencia sobre los demás. Quintero sostiene que llega un momento en el que debemos asumir que no podemos transformar a alguien que no desea cambiar. Mantener continuamente ese empeño puede convertirse en una fuente de desgaste y frustración. La madurez pasa, desde esta perspectiva, por dejar de consumir energía intentando controlar decisiones ajenas.

El tercer comportamiento señalado por el especialista se manifiesta cuando las cosas les van bien a otras personas. Quintero considera importante poder celebrar sinceramente sus éxitos aunque nuestros propios objetivos todavía estén pendientes. La capacidad de contemplar los logros ajenos sin convertirlos automáticamente en una comparación permite afrontar de otra manera las diferentes velocidades con las que cada persona alcanza sus metas.

Saber decir "me he equivocado"

La cuarta característica puede ser, según Quintero, una de las más difíciles de desarrollar. Consiste simplemente en reconocer un error sin buscar inmediatamente una explicación para protegernos ni reaccionar a la defensiva. Ser capaz de pronunciar “me he equivocado” implica aceptar la responsabilidad por el fallo y abre además la posibilidad de aprender de aquello que no salió como esperábamos.

Estas cuatro señales dibujan una madurez emocional que se expresa mediante comportamientos muy concretos: renunciar a ganar cada discusión, aceptar que otras personas no cambiarán porque nosotros queramos, celebrar sus éxitos y reconocer nuestros propios errores. No se trata, además, de cualidades necesariamente cerradas o permanentes. Quintero insiste en que estas capacidades pueden trabajarse con el tiempo. Como recuerda el psiquiatra al terminar su reflexión, “la madurez emocional también se puede entrenar”, de modo que detectar cuál de estas cuatro características todavía cuesta puede convertirse en un primer punto sobre el que trabajar.

Discutir con alguien no tiene por qué convertirse siempre en una batalla que debemos ganar. Saber cuándo merece la pena abandonar esa necesidad de imponer nuestro punto de vista es, precisamente, una de las señales de madurez emocional que destaca el psiquiatra Javier Quintero. El especialista ha reunido cuatro características que permiten observar cómo gestionamos los conflictos, las expectativas y nuestras relaciones con otras personas.

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