Sentirse triste forma parte de la vida. Hay días, etapas o situaciones que duelen y que pueden alterar el ánimo sin que eso signifique necesariamente que exista un trastorno. Sin embargo, cuando ese malestar se alarga, afecta a la rutina y empieza a desconectar a la persona de aquello que antes le importaba, conviene prestar atención.
Sobre esta diferencia habla el médico especialista en psiquiatría Javier Quintero, que recuerda que muchas veces se usa la palabra depresión de forma imprecisa. “Es habitual que la gente diga que está deprimida cuando en realidad está triste”, explica. El problema, señala, aparece también en el sentido contrario: cuando alguien cree que solo está triste, pero en realidad podría estar atravesando una depresión.
@drjquintero No todo lo que duele es depresión… pero tampoco siempre es "solo tristeza" que ya se pasará. La diferencia no siempre es evidente, pero hay señales que pueden ayudarte a entender mejor lo que te está pasando. Cuando la tristeza se mantiene en el tiempo, afecta a varias áreas de tu vida y empieza a desconectarte de lo que antes te importaba… conviene prestarle atención. Entenderlo es el primer paso para mejorar. La depresión no es solo estar triste, es algo más. Pedir ayuda no es exagerar lo que te pasa, es empezar a entenderlo… y a salir de ahí. #SaludMental#Depresión#Psicología#drjquintero#psiquiatria#psicología♬ sonido original - Javier Quintero
La tristeza, según el especialista, es una emoción normal. Puede durar un rato, mejorar con una distracción o prolongarse en el tiempo cuando aparece tras una pérdida importante. No siempre requiere tratamiento, porque forma parte de la respuesta emocional humana ante determinadas experiencias.
La depresión, en cambio, es algo diferente. Quintero insiste en que no se reduce únicamente a estar triste, sino que puede ir acompañada de lo que define como la “triple A”: anhedonia, apatía y abulia. Tres señales que ayudan a entender cuándo el malestar empieza a ir más allá de una emoción pasajera.
La abulia aparece cuando falta la energía para tomar decisiones o funcionar con normalidad en el día a día. La apatía tiene que ver con la pérdida de motivación para hacer cosas que antes se realizaban sin esfuerzo. Y la anhedonia se manifiesta cuando la persona deja de disfrutar de aquello que antes le resultaba agradable.
A estas señales se puede sumar una sensación de desconexión con los demás, incluso con personas cercanas. No se trata solo de tener un mal día, sino de notar que algo se ha instalado y empieza a afectar a varias áreas de la vida: el trabajo, los estudios, la familia, la pareja, las amistades o el autocuidado.
El tiempo también es un criterio importante. Quintero subraya que estos síntomas deben mantenerse durante al menos dos semanas y repercutir en el funcionamiento cotidiano. Ahí está una de las claves para diferenciar una tristeza comprensible de un cuadro que necesita atención profesional.
El mensaje del psiquiatra es claro: si alguien se reconoce en estas señales, no debería ignorarlo. Pedir ayuda no significa exagerar lo que ocurre, sino empezar a comprenderlo. Porque no todo dolor emocional es depresión, pero tampoco todo puede reducirse a una tristeza que simplemente “ya pasará”.
Sentirse triste forma parte de la vida. Hay días, etapas o situaciones que duelen y que pueden alterar el ánimo sin que eso signifique necesariamente que exista un trastorno. Sin embargo, cuando ese malestar se alarga, afecta a la rutina y empieza a desconectar a la persona de aquello que antes le importaba, conviene prestar atención.