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REFLEXIONES SOBRE LA VIDA

Pablo Neruda: "El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él"

Con estas palabras, Pablo Neruda recordaba que crecer no debería significar renunciar a la imaginación

Foto: El poeta chileno, Pablo Neruda. (Cortesía)
El poeta chileno, Pablo Neruda. (Cortesía)

Pablo Neruda, poeta chileno y Premio Nobel de Literatura, dejó en sus memorias una de las reflexiones más hermosas sobre la necesidad de conservar la curiosidad y el juego con el paso de los años: "El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta". La frase aparece en 'Confieso que he vivido' y revela hasta qué punto el juego formaba parte de su manera de entender la existencia.

La reflexión plantea así una pregunta incómoda para la vida adulta: ¿en qué momento empezamos a considerar inútil todo aquello que hacemos únicamente porque nos divierte? Las obligaciones, el trabajo y las responsabilidades pueden reducir progresivamente esos espacios gratuitos. Sin embargo, para Pablo Neruda, perderlos significaba desprenderse de una parte esencial de uno mismo.

placeholder El poeta, Pablo Neruda. (Cortesía US gov)
El poeta, Pablo Neruda. (Cortesía US gov)

Conservar esa dimensión lúdica no exige volver a comportarse como un niño. Puede traducirse en actividades tan sencillas como bailar, pintar, cocinar sin prisas, practicar un deporte, montar un puzle o recuperar una afición abandonada. El elemento fundamental es realizar algo por el placer de hacerlo, sin que exista necesariamente una recompensa posterior.

La frase de Neruda habla también del asombro. El niño observa el mundo como un lugar todavía por descubrir, mientras que el adulto corre el riesgo de acostumbrarse tanto a lo cotidiano que deja de mirarlo. Recuperar la curiosidad supone prestar atención a aquello que normalmente pasa inadvertido y permitir que algo vuelva a sorprendernos.

La reflexión de Pablo Neruda adquiere una lectura especialmente interesante desde el bienestar. Mantener aficiones y actividades placenteras puede ayudar a desconectar temporalmente de las preocupaciones, fortalecer vínculos sociales y proporcionar momentos de disfrute que no estén vinculados al rendimiento. La calidad de vida también se construye con espacios aparentemente improductivos.

Con esta reflexión, Pablo Neruda recordaba que crecer no debería significar renunciar por completo a la imaginación, la diversión o el asombro. La madurez aporta responsabilidades, pero conservar un lugar para el juego puede ser una manera sencilla de evitar que la vida pierda aquello que alguna vez la hizo emocionante. La clave está en conservar la capacidad para disfrutar sin convertir cada experiencia en una meta.

Pablo Neruda, poeta chileno y Premio Nobel de Literatura, dejó en sus memorias una de las reflexiones más hermosas sobre la necesidad de conservar la curiosidad y el juego con el paso de los años: "El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta". La frase aparece en 'Confieso que he vivido' y revela hasta qué punto el juego formaba parte de su manera de entender la existencia.

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