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FAMILIA REAL BRITÁNICA

La debacle del príncipe Andrés: de ojito derecho de Isabel II a hándicap para Carlos

El niño de los ojos de su madre ha puesto a la institución que él representará en una situación complicada, y eso Carlos no lo perdona

Foto: El príncipe Carlos con el príncipe Andrés. (Getty)
El príncipe Carlos con el príncipe Andrés. (Getty)

El príncipe Carlos y el príncipe Andrés se llevan 12 años. Aunque entremedias se encuentra la princesa Ana, la diferencia de edad es mucha. Isabel tuvo a Carlos y Ana siendo aún princesa, mientras que Andrés y Eduardo vinieron al mundo cuando era ya reina y tenía su papel institucional bien definido. Dos etapas distintas que influyeron mucho en cómo la soberana ejerció de madre. Mientras que a los mayores los dejó más al cargo de niñeras por encontrarse ella inmersa en su nuevo papel como reina, a Andrés y Eduardo los mimó y estuvo más con ellos.

Y de los cuatro hijos, por el que siempre ha sentido especial debilidad la reina ha sido por Andrés. Quizás porque fue el que le devolvió la alegría de ser madre, un papel en el que entonces no había puesto mucho empeño. Desde bien pequeño, el príncipe se convirtió en su ojito derecho, y mientras él recibía todo el cariño, su hermano mayor, Carlos, tan solo se llevaba los reproches de Isabel, quien dicen que desde que este era pequeño lo vio como la representación de su propia muerte, ya que será él quien la suceda. Quizás por este motivo, la relación de Andrés y Carlos nunca ha sido la esperada entre dos hermanos.

La reina con Carlos, Andrés y Eduardo de pequeños. (Getty)
La reina con Carlos, Andrés y Eduardo de pequeños. (Getty)

Antes de que estallara el caso Epstein, ya se vio que hay dos grupos muy diferenciados en la familia real y están directamente relacionados con su nacimiento y crecimiento. Carlos se crió junto a Ana, con la que se lleva apenas un año y medio, y siempre ha encontrado en ella a un gran apoyo; por su parte, Andrés y Eduardo, de otra generación, ven al príncipe de Gales como a un hermano lejano con el que poco tienen que ver. Incluso se ha comentado algún que otro episodio peliagudo entre los tres. Por eso, a nadie extrañó que el duque de York y el conde de Wessex no se presentaran a la celebración del 50 aniversario de Carlos como príncipe de Gales, mientras Ana sí que lo hizo.

Es tal la nula relación que existe entre ellos que Carlos ya ha manifestado en más de una ocasión que su intención cuando sea rey es la de cortar por lo sano. Es decir, deshacerse de sus hermanos, de los primos Kent y Gloucester y quedarse solo con su mujer, sus hijos, sus nueras y sus nietos. Ellos formarían el núcleo duro de la familia real. Aunque su relación con Ana es extraordinaria, al príncipe de Gales no le temblaría el pulso al tener que sacrificarla para así no hacer ningún agravio comparativo con sus hermanos varones y se confirme públicamente lo que siempre se ha dicho: que se llevan mal. Pero puede ser que eso ya no le importe.

La reina con Carlos y Ana. (Reuters)
La reina con Carlos y Ana. (Reuters)

Y más después de lo sucedido esta semana. El niño de los ojos de su madre ha puesto a la institución que él representará en una situación complicada, y eso Carlos no lo perdona. Él es consciente de que en su momento, con su divorcio con Lady Di y su relación extramatrimonial con Camilla, también hizo daño a la Corona, pero el tiempo ha curado todas esas heridas, y ahora, que podrían encontrarse en un momento tranquilo, sale Andrés en una entrevista a hablar de su relación con Epstein -de la que dice que no se arrepiente- y de si mantuvo, o no, relaciones sexuales con una menor.

Carlos se encontraba en esos momentos de tour por Australia con Camilla, pero él ha sido el principal artífice de la decisión de Andrés de retirarse de la vida pública. Un problema menos para cuando él sea rey. Y es que a pesar de que su madre no ha muerto, Andrés ya tenía planes que incluían a sus dos hijas para cuando su hermano se convirtiera en monarca, unos proyectos a los que el príncipe de Gales ya dijo que no, causando el enfado de su hermano, al que ahora no le queda más remedio que callarse por su bien y por el de todos.

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