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Un castillo de dragones y princesas

Los castillos de cuento de hadas existen de verdad y no sólo en Disneyland. En España tenemos algunos ejemplos como el Alcázar de Segovia, pero sin

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Un castillo de dragones y princesas
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    Los castillos de cuento de hadas existen de verdad y no sólo en Disneyland. En España tenemos algunos ejemplos como el Alcázar de Segovia, pero sin duda uno de los más admirados es el Castillo Neuschwanstein ubicado en la región de Fuessen, en Alemania cerca de la frontera con Austria. Neuschwanstein significa ‘Nuevo cisne de piedra' Y fue así nombrado en honor al Caballero de Cisne de la famosa ópera de Wagner. A pesar de las continúas referencias literarias y musicales, el castillo también ha inspirado a autores como Rubén Darío o Tschaikowsky, autor de El Lago de los Cisnes.

    Un ‘Quijote’ a lo alemán

    Edificado hace menos de dos siglos a instancias del rey Luis II de Baviera, apodado cariñosamente con el sobrenombre de Ludwing El Loco, el castillo se hizo con el propósito de reflejar el encanto de los cuentos de hadas que tanto apasionaban al monarca durante su juventud. De hecho, años después serviría de inspiración a Walt Disney para el castillo de La Bella Durmiente y que actualmente podemos contemplar en EuroDisney.

    Fue el 5 de septiembre de 1869, cuando se colocó la piedra fundacional aunque ya desde 1866 empezó a fraguarse la idea en la cabeza de Luis II. Aunque en un principio se dijo que el rey pagó la construcción del palacete con las arcas del reino, el tiempo ha demostrado que empleó su propio dinero. El diseño corrió a cargo del arquitecto Christian Jank quién tuvo que rendirse a las exigencias del soberano. Como curiosidad cabe mencionar que éste pidió que la materia prima fuera exclusivamente bávara y los obreros también de dicha procedencia.

    Pese a que, exteriormente, tiene el aspecto de los palacios de fantasía, sus habitaciones (o al menos las 14 de las 360 que están completamente terminadas) fueron dotadas de los avances tecnológicos de la época. Por ejemplo, la cocina aprovechaba el calor siguiendo reglas elaboradas por Leonardo da Vinci a finales del S.XV. Además, dispone de una completa red eléctrica y el primer teléfono móvil de la historia (con una cobertura de seis metros). El resto de habitaciones fueron lujosamente decoradas con cuadros y tapices inspirados en las óperas, del que el rey era un gran admirador, grandes lámparas de cristal y una importante del mobiliario bañado en oro.

    Distintos itinerarios

    Más de un millón de personas visitan anualmente el castillo y la recaudación es superior, incluso, al dinero que en su día recibieron los herederos de Ludwing tras venderlo al gobierno alemán. Existen diferentes rutas de acceso al castillo. El recorrido más sencillo, que conecta con el cercano palacio de Hoheschwangau, no dura más de 30 minutos y permite disfrutar de la subida con los otros miles de visitantes así como con los carruajes bávaros que los más pudientes alquilan para subir hasta el castillo.

    Si dispone de suficiente tiempo, la alternativa perfecta es un recorrido de más de tres horas. Parte de la estación superior del teleférico de Tegelbergbahn, a 1.720 metros de altitud. Durante el mismo podrá disfrutar de las impresionantes montañas y lagos que rodean al castillo, en medio de los Alpes bávaros. No olvide visitar el puente que el rey bautizó y reformó en honor a su madre, la princesa prusiana MarienbrücK.

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