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La crisis no llega a las Uggs

La crisis que empieza a hacer acto de presencia en los hogares de medio planteta no parece que haya afectado, de momento, a las marcas de

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La crisis no llega a las Uggs
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    La crisis que empieza a hacer acto de presencia en los hogares de medio planteta no parece que haya afectado, de momento, a las marcas de lujo más importantes en el mundo de la moda. Karl Lagarfeld vive su mejor momento, comercialmente hablando. Y es que no dejan de lloverle los encargos. Por su parte, Chanel, la firma de la que es director creativo, acaba de anunciar que va a incrementar en un 20% el precio de uno de sus bolsos más preciados. Por si fuera poco, la famosísima Tiffany abrió hace menos de un mes su primera tienda en la capital. Es más, como ya señalábamos hace unos cuantos días en menos de treinta días, en la Milla de Oro madrileña se han abierto más tiendas de lujo que en todo el año pasado (Ver noticia).

     

    Crecimiento espectacular

     

    No es de extrañar, por tanto, que la empresa australiana dedicada desde hace más de 10 años a la comercialización por todo el mundo de las famosas botas Uggs (realizadas con piel de oveja australiana) haya dado un paso hacia delante, abriendo su primera tienda en Europa, en concreto en la famosa calle londinense Westfield, situada al este de la ciudad y que es similar a la Milla de Oro madrileña.

     

    Sus datos económicos no podían ser mejores: cada año sus ventas aumentan en un 130%. Y, aunque su precio es elevado, entre 170 y 320 libras, la gente no tiene problemas a la hora de adquirirlas. Así lo explica Connie Rishwain, presidenta de la compañía, en declaraciones al periódico inglés Telegraph: “Aunque la gente no pueda remodelar su casa ni comprarse un nuevo coche, si pueden permitirse el lujo de adquirir  unas botas”, comenta. Sin duda, una buena noticia para la empresa.

     

    ¿Una moda pasajera?

     

    Aunque nacieron durante los años veinte no sería hasta la década de los setenta cuando los surfistas le sacaron todo su partido usándolas para proteger sus pies del frío. Sin embargo, serían las ‘gurusKate Moss y Sadie Frost, ex de Jude Law, las encargadas de mostrar sus encantos a las británicas. Y estas, a su vez, al resto de féminas. Unos años antes (2000) la famosa presentadora de televisión estadounidense Oprah Winfrey, gastó unos 50.000 dólares en comprar botas para sus 350 empleados.

     

    Y es que sus ventajas son innumerables aunque los expertos las pongan en duda. Según la Sociedad de Podólogos británicos su uso puede provocar dolor en los tendones así como cojera, debido principalmente, al hecho de que apenas tienen suela. Esta no es la primera vez que los podólogos, traumatólogos y ortopedistas se quejan. A su juicio los zapatos en punta pueden causar deformaciones tales como juanetes. Por su parte, las plataformas producen heridas en los ligamentos y, al no ser estables, es fácil que provoquen torceduras de tobillo. Una muestra más de que las modas no siempre siguen los dictados de la medicina y los buenos hábitos.

     

    Pero, al margen de las críticas, hay que reconocer que son un buen abrigo para las gélidas mañanas de invierno y, curiosamente, una especie de refrigerador en verano. Además combinan perfectamente con cualquier tipo de prenda, principalmente mini-vestidos tipo babydolls y vaqueros, aunque dudamos mucho de su hermanamiento con ropa deportiva.

     

    Y, por si fuera poco, no parece que hayan pasado de moda. No sólo famosas como Jennifer Aniston o Kate Hudson las llevan año tras año, también el común de las mortales. Nunca una moda había durado tanto.  Para rematar la faena muchas empresas han lanzado diferentes versiones de las botas a las que han incluido piel con pelillo y borlas. El futuro pasa por hacerse un hueco en el exigente mercado masculino.

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