Yolanda Galiana, farmacéutica: "Tras el verano simplifica la rutina en tu piel: calma, hidrata y repara"
Tras semanas de sol, reaplicación constante de fotoprotector, baños en cloro o en agua salada y cambios bruscos de temperatura entre el calor y el aire
Tras semanas de sol, reaplicación constante de fotoprotector, baños en cloro o en agua salada y cambios bruscos de temperatura entre el calor y el aire acondicionado, muchas pieles llegan a septiembre con signos de saturación. El bronceado disimula al principio, pero el espejo acaba revelando la realidad: deshidratación, textura irregular, falta de luminosidad y, en los casos más sensibles, brotes y rojeces.
“Aunque mantengamos cierta constancia en el cuidado facial durante el verano, la piel puede saturarse por el cúmulo de factores externos. Uno de los más agresivos es el contraste térmico constante, que deshidrata y altera el equilibrio natural”, explica Yolanda Galiana, farmacéutica y especialista en el cuidado de la piel femenina en perimenopausia.
Nutrición y nutricosmética: belleza desde dentro
Galiana subraya que la recuperación no depende solo de lo que aplicamos sobre la piel. “La piel refleja lo que ocurre dentro. En esta etapa de transición hormonal, los complementos con colágeno hidrolizado, omega 3, antioxidantes o fitoestrógenos pueden ser grandes aliados. Y, por supuesto, una dieta rica en frutas, verduras, proteínas y grasas saludables, junto con una buena hidratación diaria”.
En perimenopausia, esta conexión interior-exterior se intensifica: la piel se vuelve más fina, menos tolerante y con menor capacidad de autorregulación, por lo que el impacto del verano se nota todavía más.
Señales de alarma: cuándo tu piel pide un reseteo
La experta señala indicadores claros de que la dermis necesita atención extra: “Pérdida de luminosidad, sensación de tirantez, deshidratación, brotes o rojeces. En perimenopausia, se suman sequedad acusada, sensibilidad y una regeneración mucho más lenta”.
El error más común es intentar compensar con rutinas agresivas: exfoliaciones intensivas, exceso de activos o cambios radicales en los productos. “Ese tipo de choques cosméticos generan más inflamación y empeoran el estado cutáneo”, advierte Galiana.
Reset consciente, no detox agresivo
Más que hablar de "detox", Galiana propone un enfoque sensato: “Prefiero hablar de reset consciente. Se trata de simplificar la rutina y volver a lo esencial: calmar, hidratar y reparar”.
Esto implica reducir pasos y optar por fórmulas limpias, con activos bien definidos y respetuosos con la barrera cutánea. Ingredientes como niacinamida, pantenol, centella asiática o prebióticos ayudan a calmar; mientras que el ácido hialurónico de diferentes pesos moleculares, las ceramidas, el escualano o los péptidos devuelven hidratación y elasticidad.
En este sentido, Galiana destaca la importancia de recurrir a rutinas sencillas, fáciles de seguir, como SkinRoutine by Paloma Sancho, que propone combinaciones minimalistas pero eficaces. “Un ejemplo perfecto es la Rutina Doble Limpieza —aceite desmaquillante y gel limpiador— (31,95 €), que permite eliminar impurezas sin alterar la barrera cutánea”, comenta la experta.
Cuidar la barrera: el gran objetivo
Tras el verano, la función barrera suele estar debilitada. “En mujeres en perimenopausia, esa pérdida de lípidos y agua se acentúa, por lo que reforzarla es prioritario. Solo así se consigue calmar la piel y mejorar la eficacia del tratamiento posterior”.
En esta línea, fórmulas de hidratación avanzada resultan esenciales. Productos como el Sérum Antioxidante de SkinRoutine (39,95 €) aportan un extra de protección frente al estrés oxidativo, al mismo tiempo que refuerzan la luminosidad perdida tras el verano.
La rutina de rescate
Durante las primeras semanas de septiembre, la farmacéutica propone una rutina sencilla y sensorial:
Por la mañana
- Bruma calmante o tónico hidratante.
- Sérum con ácido hialurónico y niacinamida.
- Crema ligera con ceramidas.
- Protector solar (sí, incluso en días nublados o en ciudad).
- Limpieza suave con textura cremosa.
Por la noche
- Doble limpieza: aceite o bálsamo + gel cremoso.
- Sérum regenerador con péptidos o bakuchiol.
- Crema nutritiva rica en lípidos.
Y, una o dos veces por semana, un peeling enzimático suave: “Permite eliminar células muertas, refinar la textura y devolver la luminosidad sin comprometer la barrera cutánea”.
La clave concluye Galiana, es no dejarse arrastrar por la urgencia del “reset exprés”, sino apostar por una estrategia pausada y coherente. “La piel necesita tiempo para recuperarse. Menos es más, y una rutina minimalista bien elegida puede hacer auténticos milagros tras el verano”.
Tras semanas de sol, reaplicación constante de fotoprotector, baños en cloro o en agua salada y cambios bruscos de temperatura entre el calor y el aire acondicionado, muchas pieles llegan a septiembre con signos de saturación. El bronceado disimula al principio, pero el espejo acaba revelando la realidad: deshidratación, textura irregular, falta de luminosidad y, en los casos más sensibles, brotes y rojeces.