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Georgina Rodríguez y Ariana Grande: la hipervigilancia sobre el cuerpo de las mujeres en la era de las redes sociales analizada por psicólogas
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El eterno debate sobre la figura femenina

Georgina Rodríguez y Ariana Grande: la hipervigilancia sobre el cuerpo de las mujeres en la era de las redes sociales analizada por psicólogas

La dictadura de las redes sociales dispara los juicios estéticos y la presión sobre el físico de las mujeres con graves consecuencias piscológicas. Además de Georgina o Ariana;Chiara Ferragni y Ashley Graham también se manifiestan al respecto 

Foto: Georgina Rodríguez en la alfombra roja del Festival de Cine de Cannes. (Gtres)
Georgina Rodríguez en la alfombra roja del Festival de Cine de Cannes. (Gtres)

A una se la señala por engordar, mientras a la otra por estar muy delgada, ese es el imposible juicio al que se somete al cuerpo de las mujeres. Los cánones de belleza no han desaparecido en el siglo XXI, sino que se agudizan y se convierten en imposibles de alcanzar.

La semana comenzaba con los representantes de Ariana Grande comunicando que la cantante se retiraría de los focos tras finalizar su gira musical el 1 de septiembre. A continuación era Georgina Rodríguez la que publicaba un post en Instagram en el que exponía los comentarios que recibía sobre su cuerpo. 

“Lo curioso es que esto pasa cada verano. Cada año mi cuerpo vuelve a ser noticia. Y entonces me pregunto… ¿dónde está el estándar? ¿Quién decide cuál es el cuerpo 'correcto'? ¿De verdad seguimos pensando que la felicidad tiene una talla?”, declaraba Georgina.

Iniciando una oleada de mujeres exitosas, empresarias que han levantado imperios, influencers o modelos que también han publicado sobre el constante juicio al que se ven expuestas en redes sociales. 

“He recibido comentarios como: ‘ay, estás subiendo de peso' o 'ya te estás haciendo mayor'. Y, la verdad, ya no me afectan porque hoy estoy en un momento de mucha paz conmigo misma. Me siento muy segura de quién soy, y me costó muchísimo trabajo llegar a ese lugar”, también mostraba la influencer italiana Chiara Ferragni hace unos días.

Pero es que, en la misma semana, la modelo Ashley Graham, portada de la edición española de Elle aborda a el mismo tema, el constante juicio de valor al cuerpo femenino, “habremos avanzado el día en que dejemos de definir a una mujer por su físico o su talla”, enunciaba. 

Georgina Rodríguez señala que todos los veranos es víctima de los mismos comentarios sobre su físico. Este verano, hace unas semanas, varios medios publicaban fotografías suyas en bikini abordo de su yate y los comentarios iban dirigidos al cambio en su peso, señalando que había engordado. Juicios sobre su cuerpo que le afectaron y le llevaron a hablar con su pareja Cristiano Ronaldo sobre su apariencia física.

“Me preocupa que ahora me estén llamando gorda, porque vivo de mi imagen”, le comentó al futbolista, a lo que él le respondió “tú no vives de tu imagen. Tú vives de lo que eres. Una mujer perfecta. Guapa, con un cuerpazo, madre, buena persona, exitosa y que vive la vida con amor. ¿Qué más quieres?”.

Este intercambio revela una paradoja que las expertas señalan a menudo en consulta. Aunque la respuesta del futbolista busca desviar la atención de la belleza superficial, acaba cayendo en una trampa sutil: recurrir de nuevo al atractivo físico ("guapa, con un cuerpazo") y a la exigencia de la "perfección" para validar el valor de su pareja. Al respecto, la psicología advierte que catalogar a una mujer como "perfecta" o condicionar su valía a mantener un físico estético -incluso en un contexto de elogio- mantiene la autoestima en un estado inestable y dependiente de la aprobación externa.

Este es precisamente uno de los puntos del debate: por qué nuestra sociedad somete el valor de la mujer a su aspecto. “Cuando una mujer destaca por cómo canta, cómo actúa, cómo escribe, cómo dirige una empresa o cómo desarrolla su carrera, es habitual que una parte del discurso público desplace el foco desde sus logros hacia su apariencia física. De repente, deja de hablarse de su trabajo para comentar si ha engordado, ha adelgazado, etc.”, señala Pilar Conde, psicóloga y Directora Técnica y Operaciones Clínicas Origen (unidad especializada en psicología de Dorsia). 

Pero esta pérdida de contacto con cómo nos sentimos, lo que Georgina apuntaba a que ella estaba cómoda con su cuerpo, pero comenzó a dudar cuando llegaron las críticas, no es algo nuevo, “la idea de que el cuerpo femenino es un objeto público que puede examinarse, puntuarse y corregirse, nunca desapareció”, señala la psicóloga Lara Ferreiro, autora del libro ‘¡Ni un capullo más!: El método definitivo para quererte y encontrar a tu pareja perfecta’, lo que explica, desemboca en que “la persona deja de ser valorada principalmente por sus capacidades y vuelve a ser evaluada por su aspecto”.

Casos en los que las mujeres consiguen superar todo este escrutinio y surfear toda la ola de machismo para intentar anularlas son Taylor Swift, Selena Gómez, Meryl Stree o, Anne Hathaway

¿Cómo puede afectar a nivel psicológico, pero también a nivel social, que las mujeres seamos evaluadas y según nuestro físico? "Desde la psicología social, la persona deja de ser valorada principalmente por sus capacidades y vuelve a ser evaluada por su aspecto. De este modo, la conversación sobre sus méritos queda relegada y la apariencia recupera un protagonismo que, en muchas ocasiones, eclipsa sus logros" pecisa Pilar Conde.

"Aquí entra el machismo estructural, en el que la mujer siempre acaba socialmente más evaluada por cómo luce, que por las capacidades y lo que consigue. No sucede así en el hombre, en el que el valor de sus capacidades no suele anularse ni infravalorar por estética. El nivel de presión estético puede llegar a ser tal que la persona puede olvidar su propia valía real. Casos en los que las mujeres consiguen superar todo este escrutinio y surfear toda la ola de machismo para intentar anularlas son Taylor Swift, Selena Gómez, Meryl Streep, Anne Hathaway. En España, un ejemplo que considero es Blanca Suárez" continúa.

En el otro lado, sin embargo, tenemos a Ariana Grande. La cantante de Boca Ratón publicaba el pasado fin de semana su último trabajo de estudio, 'Petal', acompañado de un videoclip.

Los comentarios sobre su físico, en este caso su extrema delgadez, de nuevo juicios de valor sobre su cuerpo, a los que la artista lleva años expuesta, han terminado por hacerla anunciar que dejará la vida pública.

La delgadez de Ariana Grande ha despertado la preocupación de muchos seguidores por problemas de salud y, a menudo, se ha relacionado su pérdida de peso como una consecuencia de su intento de control sobre su vida, lo que nos lleva a otro aspecto analizado por las psicólogas: la idea de perfección o la persecución de un canon de belleza inaccesible al que se somete a las mujeres.

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Controlar el cuerpo ofrece una ilusión de orden, "'no puedo controlar lo que ocurre fuera, pero sí lo que como o lo que peso'. El problema aparece cuando esa estrategia se vuelve rígida... El perfeccionismo corporal nunca obtiene una confirmación definitiva; cada logro modifica el umbral y aparece una nueva exigencia", explica Lara Ferreiro.

No existe un cuerpo correcto, porque el objetivo del sistema no es que la mujer llegue finalmente a una meta, sino que permanezca vigilándose

Pero, en realidad, no existe un canon de belleza al que aspirar, los cánones actuales no buscan la salud ni responder a una naturaleza biológica de las personas, sino imponer un estado permanente de insuficiencia. "No existe un cuerpo correcto, porque el objetivo del sistema no es que la mujer llegue finalmente a una meta, sino que permanezca vigilándose. A una mujer se le pide que sea delgada, pero no demasiado; curvilínea, pero con el abdomen plano; joven, pero natural... Es un estándar contradictorio porque su función no es orientar, sino mantener una sensación constante de insuficiencia", apunta la psicóloga Lara Ferreiro.

"La sociedad enseña a las mujeres a juzgarse constantemente y a perseguir una perfección que no existe. No tenemos por qué seguir esas normas", recalcaba Ashley Graham en Elle España.

Un estado de hipervigilancia al que la mujer vive sometida y que, según la psicóloga, es un compendio de industria, medios, clase social, racismo, edadismo, intereses comerciales y modas cambiantes, lo que "demuestra que no estamos hablando de una verdad médica o biológica, sino de una convención cultural cambiante que se presenta falsamente como natural".

Esta presión constante, no es casual, sino que responde a lo que la psicología define como la 'economía de la insatisfacción'. Las redes sociales y sus algoritmos no solo muestran un ideal inalcanzable, sino que monetizan la inseguridad: una mujer satisfecha con su cuerpo consume menos productos para 'corregirse'.

A través de esta constante exposición, se desencadena el fenómeno de la autoobjetificación: la mujer interioriza la mirada enjuiciadora del espectador y empieza a vigilarse a sí misma en todo momento. Deja de preguntarse 'cómo se siente' para preocuparse únicamente por 'cómo la ven', un estado de alerta que se vincula directamente con ansiedad, vergüenza corporal y un aumento preocupante en los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), cuyas hospitalizaciones por anorexia se han incrementado más de un 45% en los últimos años.

"Según datos del Ministerio de Sanidad recopilados por el Instituto de las Mujeres, las hospitalizaciones por anorexia aumentaron un 45,8% entre 2016 y 2022 y las de bulimia un 98,9%, con incrementos especialmente alarmantes entre adolescentes de 15 a 19 años e incluso en niñas menores de 14 años", precisa Lara Ferreiro.

Chiara Ferragni, la primera influencer, la italiana que creó un blog de moda en la universidad fotografiando sus looks para ir a clase y que hoy en día acumula más de 27 millones de seguidores en Instagram, tiene su propia marca de moda y cosmética, ha tenido su reality show y ha abierto el paso a miles de influencers en todo el mundo, también ha visto cómo los juicios sobre su físico, sobre todo sobre su delgadez, han llenado durante años los comentarios de sus fotos.

​“Cada vez que veo fotos de cuando estaba extremadamente delgada, recuerdo que nunca tuve un trastorno alimenticio, gracias a Dios. Pero sí hubo momentos en los que estaba muy triste y casi no comía, o estaba obsesionada con comer 'perfecto' y llevar una alimentación totalmente saludable. Y cada vez que vuelvo a esa versión de mí, recuerdo lo miserable que me sentía. Estaba muy triste”, confesaba en sus redes sociales a colación del post de Georgina Rodríguez.

La lección de la italiana era la misma que la de Georgina, se sentía cómoda en su cuerpo y solo tenía en cuenta sus propias apreciaciones, "me encanta mi cabello al natural, ya no le hago nada. Me gusta verme sin maquillaje. Y sí, si voy a salir, me pongo un poco. Pero estoy aprendiendo, por fin, a quererme tal como soy. Y creo que eso es muy importante. Me ha llevado muchísimo tiempo llegar hasta aquí y esta paz que siento hoy quiero protegerla con todo mi corazón”.

placeholder Ashley Graham en la gala MET. (EFE/EPA/SARAH YENESEL )
Ashley Graham en la gala MET. (EFE/EPA/SARAH YENESEL )

Ese cambio del cuerpo que Georgina apuntaba con la maternidad o Chiara con el paso del tiempo y que ambas abrazan es en realidad la forma sana de aceptarlo. "El problema de una autoestima dependiente de la apariencia es que resulta muy inestable. El cuerpo cambia inevitablemente (...) Si toda la identidad descansa sobre algo cambiante, cualquier modificación puede vivirse como una pérdida del propio valor", apunta Lara Ferreiro.

Pero, mientras esa lección lleva años (Georgina tiene 32 y Chiara 39), la sociedad continúa colocando al cuerpo femenino en el centro del debate y le otorga un valor por encima del personal o de los logros profesionales.

Lo decía Ashley Graham, una de las modelos más representadas del mundo de la moda, una de las primeras 'curvy' o 'plus size', una modelo que se subió a las principales pasarelas de moda con un cuerpo que no era el normativo, el canónico, el 90-60-90.

A pesar de ello, "habremos avanzado el día en que dejemos de definir a una mujer por su físico o su talla" titulaba la revista Elle en una entrevista en la que la top confiesa momentos en los que se ha sentido incómoda por cómo miraban su cuerpo.

"Nunca he sentido que fuera demasiado, pero sí me lo han hecho creer muchas veces: que me río demasiado alto, que mi cuerpo ocupa demasiado espacio o que tengo demasiadas ambiciones", un perfecto momento de un juicio ajeno que termina por minar la autoestima de una mujer en un ámbito como el profesional. En palabras de la psicóloga Pilar Conde, "desplazar el foco de la apariencia hacia el talento, los valores, las capacidades y las contribuciones de cada individuo nos permitiría construir una cultura más saludable y respetuosa".

Detrás de un comentario sobre la subida o la bajada de peso de una mujer, bien sea una famosa, una compañera de trabajo o una amiga, no solo está la impronta de una sociedad marcadamente machista que cosifica a una mujer y la evalúa por su físico, también se genera un daño en su autoestima y en su propia percepción. No se debe comentar sobre el cuerpo de los demás porque no sabemos lo que hay detrás.

"El cuerpo no revela de manera fiable la alimentación, la salud mental, la fertilidad, el ejercicio, una enfermedad o los hábitos de una persona. No sabemos si alguien ha adelgazado por una enfermedad, un duelo, depresión, ansiedad, un trastorno alimentario o una medicación", advierte Lara Ferreiro. Y con un halago o una advertencia podemos agravar un problema o iniciar una inseguridad.

"Sería esencial dejar de convertir el cuerpo y el envejecimiento de las personas en objeto de debate público, especialmente en las redes sociales. El problema no es que un cuerpo cambie, porque todos cambian, sino que sigamos considerando legítimo juzgar a alguien por ello", sentencia Pilar Conde, psicóloga y Directora Técnica y Operaciones Clínicas Origen.

Frente a este escenario, ambas psicólogas proponen ir un paso más allá de la 'positividad corporal' obligatoria que exige a las mujeres sentirse bellas todos los días para abrazar la neutralidad corporal. Esta perspectiva no busca obligar a nadie a amar cada centímetro de su aspecto, sino aprender a respetarlo, cuidarlo y permitirle habitar el mundo con dignidad, entendiendo que el cuerpo es el vehículo para vivir y no un examen permanente que deba ser aprobado por los demás.

A una se la señala por engordar, mientras a la otra por estar muy delgada, ese es el imposible juicio al que se somete al cuerpo de las mujeres. Los cánones de belleza no han desaparecido en el siglo XXI, sino que se agudizan y se convierten en imposibles de alcanzar.

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